SALTO | LUIS PEREZ
"Frustrado totalmente", el director Nacional de Aduanas
Víctor Lissidini se retiró ayer del bagashopping de esta
ciudad luego de fracasar en su intento de
allanamiento. Los 30 policías que escoltaban al
jerarca se frenaron ante los más de cien comerciantes
del lugar, que formaron una barricada, incendiaron
algunas mercaderías, y reclamaron que los dejaran
trabajar tranquilos, en virtud de que ellos ya habían
pagado las "cometas" de rigor a la Aduana y a la
Policía. Mientras eso sucedía, otros comerciantes
vaciaban sus locales y retiraban sus artículos por la
puerta de atrás.
El fracaso de ayer dejó abierta una controversia, en
virtud de que el respaldo que la Policía de Salto brindó
a la acción de Lissidini no fue el suficiente. "La policía
evidentemente era poca y para evitar males mayores"
se desistió del intento de allanamiento, argumentó el
titular de Aduanas en rueda de prensa. El propio
subjefe de Policía del departamento, Luis Moreira,
admitió luego que las condiciones para continuar el
operativo "no estaban dadas", si bien remarcó que la
retirada fue por "decisión del doctor Lissidini".
EMBLEMA. Sobre las 8 horas de ayer, Lissidini se
presentó en la sede judicial salteña y solicitó una
orden de allanamiento a los puestos del
bagashopping, a efectos de detectar la existencia de
mercadería de contrabando. Rato después del
frustrado intento, el jerarca calificaría al centro
comercial informal como un "emblema de la
ilegalidad".
En un clima de tensión, corridas, empujones y quema
de algunos productos, comenzó a media mañana el
operativo de allanamiento al bagashopping, que está
integrado por más de 200 estructuras precarias.
Lissidini llegó junto a unos 30 policías comandados
por Moreira, y algunos aduaneros. Además, estaban
en el lugar dos autobombas del Cuerpo de Bomberos,
dada la amenaza de los comerciantes de incendiar las
estructuras y la mercadería.
Mientras el escándalo se producía por la entrada, otras
personas se llevaban toda la mercadería por los
fondos.
Si bien el fuego consumió algunas mercaderías, eso
sólo fue para distraer la atención de las autoridades,
que eran presionadas por un grupo de unas 100
personas que impedían acercarse a los funcionarios
aduaneros y a la vez eran acordonados por la policía,
que se vio superada.
Aunque Lissidini advirtió —entre permanentes insultos
y amenazas—que iba a hacer cumplir sus propósitos y
que se iba a hacer lo que se debía contra "un
emblema de la ilegalidad", debió retirarse. Cuando se
iba, se manifestó "frustrado totalmente", y dejó entrever
que planteará su malestar a nivel del gobierno
nacional.
Esta pulseada que ganaron los vendedores instalados
en el "bagashopping", y que no es la primera, remueve
la tensión que en otras oportunidades se instaló entre
la Policía y la Aduana. En este caso, Lissidini avisó a la
Justicia y a la Policía al menos con dos horas de
anticipación.
"Esto es lamentable. Así no se puede trabajar", se
lamentó el titular de Aduanas cuando se retiraba del
bagashopping.
Lissidini aceptó dialogar con los comerciantes que le
hablaban de buenos modales. En un caso mantuvo un
contrapunto con una mujer, quien le dijo: "No sea malo
doctor, usted sabe que no tenemos trabajo; no nos
haga esto". Y el jerarca le contestó: "No sea mala
usted señora, comprenda que si no hacemos esto y
seguimos evadiendo impuestos no habrá más
remedios en los hospitales, cerrarán más empresas y
habrá mucho menos posibilidades de trabajo para
todos los uruguayos. Estamos cumpliendo con lo que
nos marca la ley por el bien de todos; yo no soy malo
señora".
DAÑO. Consultado por El País sobre la eventual
vinculación del allanamiento con los destrozos de los
que fue objeto el automóvil de un jerarca aduanero
salteño en la madrugada del 31 de diciembre, Lissidini
afirmó que son hechos independientes. "Para nada, ya
lo teníamos planificado desde hacía varios días", acotó
mientras señalaba a los fondos del bagashopping,
donde decenas de personas, entre ellos niños,
retiraban miles de artículos de los locales que
esperaba inspeccionar.
En esa línea, sostuvo que el procedimiento contra el
bagashopping había sido planificado a partir de los
permanentes reclamos que formuló el Centro
Comercial e Industrial de Salto, con el objetivo de que
se frene el ingreso de mercadería de contrabando al
departamento.
"Esto va a dar la oportunidad a que realmente la gente
entienda el brutal daño que se hacen ellos mismos y a
los uruguayos. Acá tendrían que estar todas las
familias que han perdido su trabajo por culpa del
contrabando, que las contamos en miles, porque la
gente me habla que tienen tres, cuatro o cinco hijos
que mantener y yo le pregunto qué pasa en la propia
ciudad de Salto, donde han cerrado comercios e
industrias y no tienen posibilidades de progresar,
porque tienen el flagelo del contrabando que mina
cualquier otro tipo de actividad. Ellos mismos se están
coartando la posibilidad de conseguir un trabajo en
serio", subrayó Lissidini.
"La coima ya se pagó"
Lissidini no sólo fue objeto de insultos y agravios
durante el intento de allanamiento del bagashopping.
También recibió denuncias por cobro de coimas en la
aduana salteña. Entonces, el jerarca tomó nota y de
manera inmediata inició investigaciones en la interna
del organismo que dirige.
"Nos viene a sacar la mercadería de aquí adentro
cuando ya pagamos la cometa en el puente y en los
controles policiales; que la ley sea pareja para todos",
gritó un comerciante.
"Lissidini, corte usted primero", acotó la misma
persona. Frases de ese tenor se repitieron durante
toda la mañana, en medio de un griterío ensordecedor
de insultos y reclamos, y de los ladridos de los perros
policiales.
Frente a la sucesión de denuncias contra aduaneros,
el jerarca resolvió ayer mismo intervenir el centro de
control aduanero en el paso de fronteras de Salto
Grande.