Brasilia - El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cumplió hoy en su primer día en el gobierno una agenda de fuerte contenido internacional, que comenzó con el jefe de Estado venezolano, Hugo Chávez, y termina con el cubano Fidel Castro.
Chávez, Castro y Lula fueron acusados por sectores de la derecha estadounidense de configurar un polémico eje del mal en América Latina, al que ahora algunos analistas de la misma tendencia también han sumado al presidente electo de Ecuador, Lucio Gutiérrez.
Lula desayunó hoy con Chávez y tenía previsto almorzar con Castro, pero alteraciones de última hora en su agenda pasaron su encuentro con el líder cubano para la cena.
Tras su reunión con el venezolano, Lula recibió al primer ministro de Suecia, Goran Persson, y al príncipe de Asturias, Felipe de Borbón.
El heredero de la corona española, que representó a su país en la investidura de Lula, le manifestó al presidente brasileño el deseo "de la Casa Real y del pueblo español de que visite España", según dijeron fuentes diplomáticas.
Lula también recibió al presidente de Portugal, Jorge Sampaio, y a representantes de Guayana, las Naciones Unidas, Canadá y Alemania.
De todos sus encuentros, el de contenido más político fue el que tuvo con el venezolano Chávez, que asistió a la investidura pese al serio conflicto que existe en Venezuela tras un mes de paro general, con la industria petrolera semiparalizada y una oposición que exige su renuncia inmediata o elecciones anticipadas.
En una rueda de prensa tras su reunión con Lula, la primera del jefe de Estado brasileño en su estreno en el cargo, Chávez negó la existencia del alegado eje del mal y sostuvo que en ciertos sectores de opinión existe interés por satanizar a los presidentes que impulsan reformas sociales en América Latina.
"Quienes le cierran el camino a las revoluciones pacíficas, sólo fomentan las revoluciones violentas", apuntó Chávez.
Recurriendo a una cita de John F. Kennedy, que fue presidente de Estados Unidos, y en una suerte de vaticinio sobre lo que puede pasar en América Latina si esos modelos no se "humanizan", advirtió que "hay una revolución en América del Sur y no es comunista. Es el hambre".
"Lula ha usado la palabra clave: cambio, es lo que necesitamos", agregó.
Chávez explicó que coincidió con Lula en que la integración debe tener un contenido más político en América Latina. "Nos venden un modelo falso. Los jefes de Estado tenemos cumbres por todos lados y esto no avanza nada", aseguró.
En lo bilateral, valoró la "operación comercial" acordada hace diez días con el ahora ex presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso, que le permitió a Venezuela acceder a 520.000 litros de combustible y dijo que Lula se ha mostrado dispuesto a colaborar con más combustible y también con ayuda técnica.
"Claro que eso representa un apoyo al gobierno venezolano, pero es también una operación comercial", precisó Chávez, quien insistió en la necesidad de que en América Latina se cambien no sólo los modelos económicos, sino también los modelos de integración.
Lula, según fuentes del Partido de los Trabajadores (PT), le recomendó a Chávez que fomente el diálogo para intentar sacar del atolladero a su país y se comprometió a ayudar a Venezuela "cuando sea necesario".
En su discurso de investidura, Lula había anunciado su decisión de contribuir en la medida de las posibilidades de Brasil "a la búsqueda de soluciones pacíficas, democráticas y dentro de las normas constitucionales de cada país".
Más allá de las crisis, las relaciones entre Venezuela y Brasil tuvieron un impulso extra en el primer día de Gobierno de Lula.
Su ministra de Minas y Energía, Dilma Rousseff, dijo que el flamante presidente tiene la intención de retomar el proyecto de asociación entre las empresas estatales Petróleos Brasileños y Petróleos de Venezuela y ampliarlo, a fin de incorporar a la idea a otras industrias energéticas de suramericanas. EFE