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Una huerta en una residencia diplomática verde y solidaria

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El embajador francés en su residencia de Montevideo. Foto: Francisco Flores

RESIDENCIA DEL EMBAJADOR FRANCÉS

En la residencia del embajador de Francia en Montevideo funciona una huerta orgánica y parte de lo que se cosecha está siendo donado para una organización que da de comer a los más necesitados.

Los carteles están en español y en francés: remolacha/betterave, perejil/persil, lechuga/laitue, romero/romarin, entre muchos otros. La huerta de la residencia del embajador francés en Montevideo es 100% orgánica y está rodeada de árboles frutales como, por ejemplo, manzanos, naranjos, ciruelos, una higuera, durazneros, mandarinos y un níspero, el más novedoso para este diplomático que ya hace más de dos años está en Uruguay. “El níspero es una total novedad para mí”, dice a El País el embajador Hugues Moret, con quien recorrimos el lugar.

La casona está ubicada en Carrasco y está rodeada de verde. Además del canto de los pájaros también está el de Maurice, el gallo de la residencia. Lo bautizaron así en honor a aquel gallo que hace un par de años se hizo famoso en el suroeste francés tras ser llevado a la justicia acusado de cantar demasiado temprano por sus vecinos.

El embajador, Maurice y las gallinas. Foto: Francisco Flores
El embajador, Maurice y las gallinas. Foto: Francisco Flores

El Maurice uruguayo vive algo más tranquilo que el francés (aunque son casi las 10 de la mañana y sigue cantando con todo el fervor), rodeado por las gallinas. De esta forma, en este espacio también se recogen huevos. Pero siguiendo con la lista de lo que aquí se cosecha, mientras los morrones, las frutillas y los zapallos están entonando su retirada ante la proximidad del invierno, en la huerta hay canteros que vienen con fuerza porque se trata de plantaciones ideales para el frío: varios tipos de lechuga, remolacha que tímidamente está creciendo, coliflor, rúcula, puerro, cebolla, berenjenas.

Quedan los últimos tomates y apenas unas hojas de albahaca. De las calabazas restan un par de flores y se asoma un calabacín algo verde. Hay perejil, cilantro, romero y una gran diversidad de hierbas aromáticas que rodea el lugar, junto con algunas flores.

“Es todo orgánico. No usamos ningún producto ni pesticida, por eso hay algunos problemitas con las hormigas, a las que les gusta comer los morrones”, dijo entre risas Moret.

El espacio de la huerta ya existía desde hace tiempo en la residencia, contó Moret, pero no tenía ningún mantenimiento. Desde hace poco más de dos meses comenzaron a trabajarlo: “Empezamos a renovar todo con un nuevo jardinero a quien le gusta mucho hacer estas cosas, Fabián. La idea inicial fue utilizar al jardín, ya que tenemos tanto espacio, para crear una residencia verde, orgánica. Esa fue la idea, porque tenemos la meta de tener un plan verde tanto para la embajada como para la residencia. Entonces quisimos renovar este huerto orgánico y poder medir el crecimiento de este espacio a lo largo de los meses”.

Fabián es quien se encarga del mantenimiento del jardín. Foto: Francisco Flores
Fabián es quien se encarga del mantenimiento del jardín. Foto: Francisco Flores

En segundo lugar, explica el embajador, una vez funcionando la huerta no querían tenerla “simplemente por el placer de tenerla”. Así fue que, en un principio, lo que cosechaban iba a la cocina para las preparaciones que se servían en los almuerzos, cenas o recepciones de la residencia. Pero a las pocas semanas, llegó la pandemia del coronavirus a Uruguay: “Naturalmente, desde el inicio de la crisis sanitaria cerramos la residencia, no tenemos más almuerzos ni recepciones, entonces pensamos… ‘¿Cómo se puede utilizar este huerto para el bien común’?”, contó el diplomático.

Fue así que llegaron a la organización El fuego está prendido, una alianza de cocineros, productores y trabajadores del rubro gastronómico y hotelero de Uruguay que se unió con el fin de ayudar a la población más necesitada, en el marco de la crisis desatada por la pandemia del coronavirus, y que trabaja para dar de comer a personas en situación de calle.

Desde hace tres semanas, realizan donaciones de los productos que cosechan en la huerta y huevos. Además, por parte del embajador, también donan carne y otros productos como, por ejemplo, quesos.

“Cada lunes les llevamos lo que crece y producimos en nuestra huerta”, detalló el embajador francés. Las comidas que se hicieron estos lunes pasados, entre las que estuvieron buñuelos de lechuga y guiso de lentejas con lo cosechado en la huerta, entre otras preparaciones, se donaron a la ONG Ni todo está perdido, un grupo que trabaja para llevar un plato de comida caliente a personas necesitadas.

Una comida que alimenta, un plato que dignifica.

nDesde hace tres semanas el embajador francés hace llegar parte de lo que se cosecha en su huerta a El fuego está prendido, movimiento que busca llevar un plato de comida a los más necesitados.

En este grupo de voluntarios trabajan chefs como Laurent Lainé o Gabriel Freire, que dirigen cada lunes la cocina. De allí salen unos 280 porciones, contó Titina Núñez, una de las integrantes. Nuñez, que es periodista, forma parte de este equipo junto a cocineros aficionados y profesionales, fotógrafos, otros periodistas, productores, empleados públicos, etc.

Reciben donaciones de diferentes personas y empresas. Núñez destacó que la Embajada de Francia está “muy involucrada, el embajador trae personalmente las cosas, a veces se queda a cocinar”.

La voluntaria agregó que de la residencia les llevaron hierbas frescas “que son un lujo, las usamos, por ejemplo, en un guiso que hicimos la semana pasada. También trajeron apio, perejil, zapallos. Todo eso le da un toque de frescura y belleza a la comida, que dignifica lo que uno está ofreciendo”.

Para contactarse con El fuego está presndido pueden hacerlo a través de sus redes sociales en Instagram (@elfuegoestaprendidomvd).

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