EDUCACIÓN
Instituto salesiano de Sarandí del Yí cumplió 50 años; brinda cobijo y capacitación para evitar emigración

El instituto salesiano Benigno Paiva Irisarri acaba de cumplir 50 años. Situado en las afueras de Sarandí del Yí, alberga un hogar estudiantil en régimen de internado para 60 varones de entre 12 y 16 años de edad provenientes de familias rurales de bajos recursos, en general, hijos de peones.
Debido a que cada año la demanda supera las posibilidades locativas se realiza una selección entre los aspirantes, dijo el Padre Ruben Avellaneda, director del centro y de la obra social Caqueiro, en Rivera. “El objetivo es atender a los jóvenes de la campaña más profunda. Por razones socioeconómicas y geográficas se les dificulta seriamente cursar secundaria”, señaló Avellaneda.
Los estudiantes provienen de zonas remotas de la campaña duraznense como Capilla de Farruco, Chileno, Las Palmas, La Mazamorra, Ramírez; Las Chilcas, Blanquillo, La Paloma, San Jorge y Villa del Carmen; incluso llegan desde Soriano y de Florida.
La institución les brinda alojamiento, comida, ropa, útiles escolares y traslado propio. Los residentes visitan a sus familias cada 15 días los fines de semana. El plantel educativo y de autoridades mantiene con padres y/o tutores reuniones cuatro veces al año y periódicamente se visitan a las familias para fomentar la interacción.
Con un total de 1.800 hectáreas, el lugar posee cocina y comedor, dormitorios, galpones, área de mantenimiento, aulas de capacitación, capilla, gimnasio cerrado, espacios de recreación y de deporte al aire libre y predios de producción hortícola, ganadera, granja y lechería; el instituto cuenta, además, con asistente social y psicóloga.
Los jóvenes mantienen la casa y desarrollan habilidades en carpintería, campo, huerta y granja, quesería y conservas. Cada área es acompañada por los religiosos y personal de la casa. “Todos vivimos aquí, todo el año con ellos”, resaltó Avellaneda.
El funcionamiento general, comidas, salarios y mantenimiento se solventan de distintas maneras. “Poco más del 60% surge por la producción vacuna y lanar del lugar con el trabajo de un capataz y dos peones; los insumos salen de la producción propia de carne, leche, huevos y productos hortícolas y del convenio con el Instituto Nacional del Menor (INAU) que nos paga por 20 cupos, nos ayuda con el combustible de los ómnibus, con el pan y gastos de energía eléctrica”, explicó el director a El País.

El proyecto se propone mejorar las posibilidades de desarrollo de los jóvenes para que se queden en su medio y no emigren hacia la ciudad. Estos reciben cursos de esquila dirigidos por el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) y jornadas formativas para trabajadores rurales organizadas por el Plan Agropecuario, al tiempo que otras gremiales agrícolas dictan distintos cursos, además de disponer de una sala de extracción de miel que actualmente sirve a 17 productores apícolas de la zona de Sarandí del Yí.
Avaro Heguys, de 17 años, de la localidad de San Jorge, señaló que la obra salesiana le ha aportado “mucho” en valores y formación. “Tres primos habían pasado por acá. Vine a conocer, me gustó, me entusiasmó mucho. Por suerte pude entrar y el año que viene me retiro de la institución”, relató.
Luis Enrique Altesor, de 59 años, fue alumno desde 1973 al 1978. “Me ha dejado todo en la vida; tuve la oportunidad de llegar a esta casa, de estudiar, luego de trabajar. Acá fue mi casa, donde aprendimos todo. Por aquellos tiempos éramos poco más de 20”, rememoró.
El Instituto Paiva Irisarri y el Plan Agropecuario tienen vigente un convenio para la capacitación de los egresados con el objetivo de incorporar nuevas competencias y así encontrar un trabajo en el medio.
Clima fraterno para jóvenes
La Institución Benigno Paiva Irisarri fue fundada en marzo de 1968. Está ubicada en Durazno, a 13 kilómetros de Sarandí del Yí (110 kilómetros de la ciudad de Durazno por ruta 14). Es una obra de los Padres Salesianos, destinada a los adolescentes y jóvenes con escasos recursos socioeconómicos, que viven en el Uruguay rural profundo.
Actualmente son 60 los adolescentes que residen en el lugar, provenientes de las más remotas zonas rurales del departamento de Durazno.
“Funciona como una casa en un clima fraterno de familia, con espacio suficiente, para el aprendizaje de variados trabajos, la recreación, el estudio y la búsqueda de Dios en un camino de formación Cristiana y catequesis”, dijo el Padre Ruben Avellaneda, director del centro.