Ubicada en Punta Ballena, con una de las vistas más impactantes del Este, Posada Cardón es una posada boutique rodeada de verde, con piscina, parque y acceso a pocos pasos de la playa.
Más que un lugar para hospedarse, propone una experiencia atravesada por la historia, el paisaje y la memoria del territorio.
Su dueño, Sebastián Mutti, es argentino y mantiene desde muy joven un vínculo afectivo con esta zona de Uruguay, a la que regresó durante muchos veranos. Amante de la historia y las antigüedades —asiste hasta dos veces por semana a remates—, trasladó esa pasión a la posada, donde cada objeto tiene un relato.
Antiguos carteles, libros de estancias de Uruguay y Argentina, piezas del mundo rural, baldosas que alguna vez formaron parte de la Catedral de la Plaza Matriz, espadas, sombreros y muebles antiguos invitan a la conversación y a la curiosidad de los visitantes.
Entre los objetos que más llaman la atención se destaca un auto que perteneció a Carlos Páez Vilaró, ubicado en la entrada, y una silla que fue de Antonio Lussich, figura central en la historia de Punta Ballena y una referencia ineludible para Mutti.
“Cuando vi este lugar, me puse a investigar, a leer la historia de este señor que hizo tanto por Punta Ballena”, cuenta.
Su admiración por Lussich conecta con una forma de habitar el paisaje y de entender el tiempo, marcada por el vínculo con la tierra y el silencio.
Con esta colección, Mutti busca mantener viva la forma de vivir del hombre de campo y tender un puente cultural entre las dos orillas del Río Uruguay. Al caer la tarde, cuando el sol se despide sobre el mar y las piedras de Punta Ballena, Posada Cardón confirma que hay lugares donde el descanso también es una forma de viajar en el tiempo.