Teletón recibió 280 cuentos de niños sobre la empatía y la inclusión

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PREMIOS

Segunda edición del Concurso de Cuentos de Teletón tuvo la participación de 75 centros educativos de todo el país.

Con motivo del mes del Día del Libro, en mayo Teletón lanzó la segunda edición de su Concurso de Cuentos. La convocatoria se realizó a niñas y niños de 4°, 5° y 6° de escuela, de instituciones públicas y privadas.
El resultado fue excelente: participaron 75 centros educativos de todo el país, que presentaron 280 cuentos en total.

La consigna fue trabajar en el aula valores como la empatía, la inclusión y la diversidad para después proponer a los niños elaborar un cuento en el que se transmitieran algunos de esos valores.

Los cuentos fueron compartidos en clase y luego el propio grupo de compañeros seleccionó el que más los representaba para concursar.
Luego de una difícil tarea, el jurado del concurso, integrado por el escritor Daniel Baldi, la psicóloga Claudia Castello y la maestra especializada Victoria Varela, por Teletón, seleccionaron los cuentos ganadores. Ellos son: “Vieja juventud”, de Santiago Bonilla, alumno de 5° año de la Escuela Nº 344 de Montevideo; “Dulces diferencias”, del Grupo de alumnos de 6° año del Colegio Joaquín Torres García de Piriápolis; y “La Búsqueda de Homero”, del Grupo de alumnos de 4° año del Colegio Van Gogh de Montevideo.

También se otorgaron dos menciones especiales: “La llegada de Win”, del Grupo de alumnos de 4° año del Colegio Van Gogh; “Alejo y un nuevo comienzo”, del Grupo de alumnos de 4° año, del Colegio St. Joseph Marry College de Punta del Este.

Los cuentos ganadores son publicados en El País con ilustraciones de María Paz Sartori, reconocida ilustradora.

Primer premio: Vieja juventud, de Santiago Bonilla.

—¡ABUELITA! – gritó el nieto y de repente llegó la abuela de hacer las compras.

— ¿Qué pasó? – dijo la abuela preocupada. El nieto suspiró mientras bajaba la mirada con signos de tristeza y expresó:

—Mis compañeros no entienden, no saben lo que se siente

—Sería bueno que les expliques, para que sean más empáticos- replicó la abuela.

—¿Más qué?

—Empáticos, que te comprendan, que entiendan lo que sentís y de alguna manera se pongan en tu lugar.

La abuela sacó un álbum de fotos y le mostró las fotos de cuando ella iba al liceo de joven, Marcelo vio algunas fotos, pero le llamó la atención dos de ellas, que a pesar de ser en blanco y negro y estar viejitas, eran fotos del grupo de liceo, entonces preguntó:

—Abu, ¿y esta joven que está separada y no sonríe?

—Esa soy yo – contestó la abuela

—No podés ser vos, si vos estás siempre contenta y alegre. esa gurisa tiene una cara de tristeza tremenda.

La abuela se acomodó los lentes y observando con atención aquellas fotos, se tomó un instante para contestar.

—A mis 14 años, mi alegría no era la misma. Era difícil para mí estar en el liceo y poder prestar atención en clase aunque daba mi mayor esfuerzo, no entendía los juegos ni las charlas que se daban entre mis compañeros. Algunos de ellos me molestaban o creían que era un bicho raro. Eso me hizo sentir muy mal, no querer ir más a clases e incluso mentir que me dolía la panza para no tener que ir a sufrir esas horas en un lugar que me costaba comprender y adaptarme.

—Debe haber sido muy difícil abu – interrumpió el nieto, mientras se sienta en el posa brazo del sillón y apoya su mano en el hombro de su abuela

—¿Ves? estás entendiendo. Estás sintiendo empatía por lo que pasé y eso te provoca una sensación que te impulsa a querer ayudarme o contenerme. Ya pasaron muchísimos años, ¡claro que fue difícil! pero al expresar lo que sentimos con personas que nos quieren ayudar podemos liberarnos de esa tristeza y rodearnos de personas que nos llenan de alegría y nos brindan su amistad.

Mientras la abuela expresaba su experiencia, su nieto, sentía que eso iba a ser muy difícil, poder expresar lo que siente le daba miedo y no sabía cómo podía impactar en sus compañeros. Su abuela, al percibir esto, lo anima diciendo:

—Nunca sabrás que sucederá o cómo van a reaccionar los demás, pero debes estar orgulloso de quien eres, abrir tu corazón y expresar tus emociones y pensamientos con valentía. Estoy segura que tus palabras ayudarán a otros a aprender que sin importar las diferencias todos somos merecedores de respeto, compañerismo y por qué no, amistad.

Marcelo, el nieto, escuchó y aceptó el consejo de su abuela, entendió que el problema era más complejo de lo que pensaba y que a pesar de sus miedos, para sentirse parte de algo hay que tomar acción con coraje, rodeado de aquellos que nos aman.

No sabemos qué sucedió al día siguiente, pero sí sabemos que Marcelo dio un paso importante en su vida. Y como él hay muchos, así cómo también aquellos que no comprenden la situación de Marcelo y es necesario poder hablar y conocernos más para generar una sociedad que escuche más de lo que juzga.

Santiago Bonilla, 5° año de la Escuela Nº 344, Montevideo.

Segundo premio: Dulces diferencias, Grupo de alumnos de 6° año del Colegio Joaquín Torres García.

Dulces diferencias cuentos teleton
Dulces diferencias, ilustrado por María Paz Sartori

En una ciudad pequeña, vivía un caramelo llamado Felipe, a quien le gustaba escuchar y aprender de los demás.

Había algo que lo caracterizaba, era diferente como todo el resto. Felipe daba y recibía respeto, alegría y era muy compañero.

Iba a una escuela en la cual se sentía muy bien, era muy feliz a pesar de su timidez. Tenía amigos de todas las clases y tipos de caramelos.

El jueves, su mamá llegó a su casa y como todos los días lo saludó y se sentaros juntos a merendar. En ese mismo momento ella le cuenta que se deberán mudar a otra ciudad la próxima semana. Felipe se quedó paralizado ya que esto le traería muchos cambios en su vida.

Estaba emocionado, pero a la vez estaba un poco triste ya que dejaría de ver tan seguido a sus amigos y vecinos que tanto quería.

Llegó el lunes y Felipe ya se encontraba en su nueva y gran escuela. Su primera impresión fue extraña, ya que recibía muchas miradas. Intentó socializar, hacer amigos, pero no logró establecer una amistad como con sus anteriores compañeros.

Caminado por los pasillos se dio cuenta de que su envoltorio no era igual al de los demás. Ese día terminó y Felipe se fue pensado en qué era lo que estaba sucediendo.

Las semanas pasaban, y la situación no cambiaba. Un día la maestra decide hacer un trabajo en equipo. El trabajo era sobre ciencias y Felipe era muy bueno en ello.

Todos comienzan a formar sus grupos, y en un momento se le acerca un caramelo relleno de almendras, con un envoltorio super colorido y lo invita a su grupo. Con muchos nervios él acepta.

Comienzan a trabajar y todos quedan sorprendidos, era genial en las ciencias. Todos comenzaron a acercarse a él y empezaron a conversar. Comenzaron a descubrir que tenían muchas cosas en común, les gustaban los mismos juegos.

Los días siguieron pasando, y las relaciones se comenzaban a estrechar y pasaron a ser un grupo super unido. Felipe ayudaba a sus compañeros en las ciencias, y ellos lo ayudaban a él.

Luego que su amistad ya estaba establecida y se habían dado la oportunidad de conocerse, comprendieron que no pueden juzgar o medir a un caramelo por su envoltorio. No importa si no es igual al de los demás, si es mas grande o mas pequeño. Siempre tenemos fortalezas y debilidades, pero todos juntos podemos formar un gran equipo y resaltar así nuestras virtudes.

Felipe llegó a esa escuela con un objetivo y sin saberlo, fomentó la inclusión, encontrarle el lado bueno a las diferencias, el respeto y el amor.

Así valoró el poder de las diferencias y de los nuevos amigos.

Colegio Joaquín Torres García.
Maldonado, Piriápolis.
Maestras Josefina y Romina.
Clase 6° año.

Tercer premio: La Búsqueda de Homero, del Grupo de alumnos de 4° año del Colegio Van Gogh de Montevideo.

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La búsqueda de Homero, ilustrado por María Paz Sartori

Homero era un hornero que vivía en el monte uruguayo, en un lugar lleno de árboles.

Un día los árboles fueron desapareciendo porque los hombres los talaban para construir muebles y otros objetos.

Homero no tenía ningún lugar alto para construir su nido, se sentía muy triste y solo.

Comenzó a volar, en busca de un lugar seguro donde vivir.

Preocupado y cansado, llega hasta una laguna. Allí se encontró con varios animales reunidos: Una flamenca llamada Perica, una rana llamada Nara y un pato llamado Paco.

Homero bajó a contarles lo que le sucedía y todos ellos no dudaron en escucharlo y ayudarlo.

Enseguida comenzaron a pensar donde Homero podía construir su casa, sabían que lo mejor sería encontrar un lugar alto, lejos de los depredadores, pero allí no había ninguno.

De pronto a Perica se le ocurrió una idea.

—¿Y si te quedas a vivir con nosotros en la laguna? Podremos protegernos entre todos. Dijo Perica muy alegre.

Homero escuchaba atentamente, nunca pensó que iba a tener que cambiar su hábitat. Pero encontrar amigos con quienes contar en ese momento, le pareció maravilloso.

Entre todos comenzaron a traer elementos para construir el nuevo nido. Paco trajo unos palitos, Nara un poco de barro y perica algunas hojitas y estiércol. De pronto Homero tenía un lugar, los materiales y nuevos amigos que lo ayudaron a solucionar su problema. Estaba feliz y tranquilo.

Moraleja: Debemos ser empáticos con los demás e intentar ayudar con todo lo que esté a nuestro alcance. Nuestro apoyo y comprensión, puede hacer la diferencia en la vida de alguien.

(Basado en una noticia, que contaba el extraño hallazgo de un nido de hornero, en una laguna de Salto).

Cuarto A/Colegio Van Gogh

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