ECOLOGÍA

Mucho más que plantas: una visita a la huerta comunitaria del Parque Rivera

La huerta es una manera de mostrar que es posible la soberanía alimentaria, pero también y sobre todo es “una excusa” para que la gente de reconecte con la tierra y con su comunidad.

Soledad Aguirre, Diego Ruete, Emiliano Rodríguez, Irma Scheck y Camilo Abreu. Foto: M. Bonjour
Soledad Aguirre, Diego Ruete, Emiliano Rodríguez, Irma Scheck y Camilo Abreu. Foto: M. Bonjour

Entre el 31 de octubre y el 3 de noviembre más de 5.000 personas disfrutaron de la feria De Flores & Jardines y la mitad de lo recaudado por concepto de entradas fue donado al emprendimiento Huertas Comunitarias del Parque Rivera, que funciona en el vivero del Centro de Desarrollo Económico Local (CEDEL).

Este programa forma parte de la Red de Huertas Comunitarias del Uruguay y en su espacio crecen tomates, acelgas, cebollas, remolachas y lechugas. Estas se mezclan con flores y plantas aromáticas entre muchas otras cosas que pueden ir directo al plato.

Pero no es lo único ni lo más importante que nace en estos suelos: los voluntarios que allí trabajan hacen que con cada semilla y con cada cosecha aumente la esperanza de hacer del mundo un mejor lugar. Así lo viven, como una militancia que lleva la bandera de la agroecología como la solución a muchos de los problemas del planeta.

Soledad Aguirre, Diego Ruete, Emiliano Rodríguez, Irma Scheck y Camilo Abreu. Foto: M. Bonjour
Soledad Aguirre, Diego Ruete, Emiliano Rodríguez, Irma Scheck y Camilo Abreu. Foto: M. Bonjour

La huerta es una manera de mostrar que es posible la soberanía alimentaria, pero sobre todo es “una excusa”, según dicen quienes la llevan adelante. Es una excusa para que la gente se reconecte con la tierra y con la comunidad, es una excusa para socializar, para desconectarse de la rutina y es una poderosa herramienta educativa.

Los voluntarios trabajan tanto en la huerta como fuera de ella: organizan charlas con escolares, talleres de compostaje y guían a quienes quieren comenzar su propio proyecto, por lo que la donación del evento realizado en la Sociedad Criolla Elías Regules permitirá que el proyecto llegue a más personas.

Parque Rivera: por qué es un lugar ideal.

Las primeras siembras de la huerta del Parque Rivera se realizaron en 2014. Los integrantes del grupo supieron aprovechar ese lugar tan especial que en el pasado había sido un vivero municipal, pero que había estado abandonado durante años.

Para la recuperación del vivero se trabajó en equipo. Participaron diferentes actores de la comunidad. Verónica De Gregorio, funcionaria del CEDEL, explicó a El País que trabajaron jóvenes de liceos y escuelas públicas y privadas, voluntarios, vecinos y alumnos del CEDEL. “Eso hizo que hoy ese espacio sea muy querido y cuidado”, sostuvo.
En el predio, junto con la huerta del vivero, que es financiado por el CEDEL, hoy conviven varios emprendimientos en los que participan escuelas, liceos, se hacen capacitaciones.

Emiliano Rodríguez
, uno de los voluntarios de la huerta, dijo que era el sitio ideal para plasmar el proyecto porque perduraron en el tiempo unas estructuras de cemento que en su momento tenían árboles, pero hoy son almacigueras para todo tipo de plantaciones.

Huerta comunitaria del Parque Rivera. Foto: Huertas Comunitarias de Montevideo
Huerta comunitaria del Parque Rivera. Foto: Huertas Comunitarias de Montevideo

Camilo Abreu, otro de los voluntarios, agregó que el lugar es perfecto porque la idea siempre fue “compartirlo con vecinos o con cualquier persona que se quiera arrimar”, por lo que al tratarse de adultos mayores o de niños, que las estructuras tengan altura para no trabajar la tierra a nivel del sueño fue muy positivo.

“Es bien accesible. Si llueve no se hace un barrial. Podemos rodear el chasis con niños y estar más cómodos; es ideal. Además, estamos rodeados de un bosquecito que siempre da materiales para la huerta, como hojas para el compostaje que hacemos con los residuos de nuestros hogares”, añadió.

Biodiversidad = plantaciones sin químicos.

En la huerta del Parque Rivera hay de todo. Camilo contó que “además de plantar lo que comemos, asociamos plantas aromáticas y flores para crear biodiversidad, ya que actúan como repelente de plagas y distraen a los bichitos que al toparse con ellos no llegan al contacto directo y rápido con la lechuga, por ejemplo”.

Huerta comunitaria del Parque Rivera. Foto: Marcelo Bonjour
Huerta comunitaria del Parque Rivera. Foto: Marcelo Bonjour

Emiliano explicó que al ser una huerta comunitaria y orgánica no hay un solo cultivo. “No utilizamos productos químicos, lo que nos permite tener variedad porque es como si cada una de las plantas fuese una casa de bichitos. Aunque estos a veces se consideran plagas, si vos tenés muchos bichitos, entre ellos empieza a generarse un sistema de control biológico interno y entonces no se necesitan los productos químicos”.

Una oportunidad para socializar.

Al espacio se puede acercar cualquier persona que quiera aprender y colaborar. Actualmente las jornadas de puertas abiertas en la huerta del Parque Rivera se realizan los sábados a partir de las 14 horas. Camilo contó que comparten las tareas y cada encuentro se convierte en un taller, porque al hacer, se aprende. Emiliano agregó que tienen un pizarrón en que se escriben y se reparten las tareas. “La gente que viene hace más tiempo comparte la experiencia y, en función de guías que se van dando de forma espontánea, se van planteando actividades”, dijo.

Diego Ruete, cocinero y educador preescolar, es uno de los creadores (junto a Inés Velazco) de Huertas Comunitarias de Montevideo. Resaltó que estos espacios son “una oportunidad de socializar, de volver a conocer gente” con la huerta “como una excusa y no un fin en sí mismo”.

“La huerta es una excusa para compartir y conversar a partir del trabajo, porque además de cosechar tomates, acelgas y otras cosas se comparte todo eso. Estos espacios vuelven a traer al vecino a un momento de reconexión, no solo con la tierra sino entre la comunidad”, concluyó Ruete.

Sobre ese "mito" de que lo orgánico es más caro.

Camilo contó que lo máximo que le enseñaron a hacer en la escuela sobre el tema fue un germinador con un poroto. Emiliano Rodríguez, otro de los voluntarios, se preguntó cómo en toda su formación de jardín, escuela, liceo y universidad nunca nadie le enseñó a cultivar su propia comida, “cuando el hambre en el mundo es una pandemia”.

Ruete, por su parte, lamentó que, en general, no se aproveche “ni la huerta ni la cocina como herramientas educativas”. Agregó que hay un mito en eso de que lo orgánico “es caro”, y reflexionó: “Lo caro es comerte el pesticida, tener problemas cardíacos u obesidad por llevar una mala alimentación”.

El cocinero dijo que la huerta no solo aporta en relación a la salud física, sino que también hace lo suyo respecto a la salud social, vincular y mental. “La huerta es una terapia, es volver a algo que es tan subvaluado como es alimentarse”, señaló.

Huerta comunitaria del Parque Rivera. Foto: Huertas Comunitarias de Montevideo
Huerta comunitaria del Parque Rivera. Foto: Huertas Comunitarias de Montevideo

Emiliano añadió que a través de la red de huertas comunitarias intentan trabajar en este sentido porque “a veces faltan políticas públicas y de apoyo y la gente no es muy consciente. En los talleres, por ejemplo, a los niños le mostrás una lechuga y le preguntás de dónde viene y te dicen que de la feria o del supermercado”.

Destacó que sea cuál sea el motivo por el que la persona llega a la huerta, lo positivo es que llevará a que se cuestione cosas en las que tal vez antes no había pensado: “Acá aprendés la importancia que tienen los alimentos, porque somos lo que comemos y estamos comiendo cualquier cosa”.

Pensando en mejorar la huerta y seguir con los talleres

La donación que se hizo con la mitad de lo recaudado con las entradas de la feria De Flores y Jardines será destinado a seguir creciendo: “Lo estamos evaluando entre todos, pero hay dos líneas de trabajo”, explicó Camilo. Sostuvo que “una tiene que ver con las necesidades que hay para seguir fortaleciendo el colectivo y el trabajo en la huerta en sí, y otra tiene que ver con el afuera, para ver de qué manera podemos incidir a través de la Red de Huertas Comunitarias del Uruguay”.

Emiliano dijo que la huerta es una herramienta de educación ambiental que llega en un momento en el que la mayor parte de la población no cocina ni sabe de dónde vienen los alimentos. “Reivindicamos que el consumo es un hecho político porque determina estructuras sociales y económicas. Uno a veces no es consciente de que forma parte de eso y que a partir de uno se están generando cosas”, señaló.

Añadió que la huerta es presentada entonces como una alternativa: “Y ni que hablar de la parte de la salud, porque hoy en día uno no come un snack, pero come frutas y verduras que tal vez están llenas de plaguicidas o productos químicos”, señaló.

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