EL CAMINO DE MARÍA JESÚS FABINI

La odisea de una madre uruguaya para que un reconocido cirujano operara a su hijo

Esta es la historia de la madre que se propuso y consiguió que Peña atendiera no solo a su hijo, sino también a otro niño con la misma malformación. Para lograrlo, recurrió a figuras como José Mujica, Roberto Canessa, Eduardo Strauch, la familia de Zitarrosa y muchos más.

María Jesús Fabini juega feliz junto a su hijo León. Foto: Gerardo Pérez
Fabini tuvo su premio cuando León regresó a casa y se puso a jugar con sus hermanos como si nada fuera de lo común hubiese ocurrido. Foto: Gerardo Pérez

Todo estaba bien hasta que, apenas había nacido, todos en la sala de parto quedaron mudos”, recuerda María Jesús “Jujy” Fabini. “Luego me dijeron, varias veces y para tranquilizarme, que ‘esto es reversible’. Yo no tenía idea de qué me estaban hablando, no sabía qué era ‘esto’”, cuenta.

Así empezó una odisea que terminó juntando a un cirujano de renombre mundial con el expresidente José Mujica, a varios de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes con familia de Alfredo Zitarrosa y al mago Daniel K, entre otros. Todos para ayudar a León, el tercer hijo de Fabini, productora de televisión, quien había nacido con una malformación congénita -ano imperforado-, que no se detecta en ecografías y que puede tocarle a cualquiera.

A León le hicieron más de una intervención, pero esa malformación seguía causando problemas. Fabini, entonces, se acordó de algo que una amiga le había dicho días después del parto: en Estados Unidos había un cirujano pediátrico, un mexicano llamado Alberto Peña, que hace 10 años había estado en Uruguay para operar a una niña que había nacido con el mismo problema que su hijo.

Peña se reunió con el expresidente José Mujica. Foto: Gentileza familia Fabini
Peña se reunió con el expresidente José Mujica. Foto: Gentileza familia Fabini

Fabini, entonces, emprendió una tarea que la calificaría para trabajar en una agencia de detectives: de un contacto a otro, de un mail a otro, de un vínculo a otro, terminó escribiéndole a Ricardo, hijo de Peña, quien -además- era amigo de uno de los sobrevivientes de Los Andes, Eduardo Strauch. Esa amistad nació porque Ricardo, que es montañista, encontró 30 años después de la tragedia la campera de Strauch.

“Al otro día de escribirle a Ricardo, tenía un mail de Alberto Peña en mi casilla. Nunca me voy a olvidar de sus palabras: ‘Estimada, me enteré de su problema a través de mi hijo. Haré todo lo que esté a mi alcance para tratar de ayudarla’, decía el correo. De esa manera me estaba hablando el principal referente mundial en ese tipo de operaciones. Me pidió mucha información y terminó su correo con: ‘Me estoy yendo a Japón. Le dejo mi teléfono. Estoy a su disposición’. Así. No podía creerlo”.

A partir de ese momento, cuenta la mamá de León (de ahora 21 meses y operado con éxito de esa malformación), Peña casi que se convirtió en su médico de cabecera. Cualquier duda que ella tuviera, por mínima que fuera, era aclarada por el mexicano a través de WhatsApp o por correo. Se generó un vínculo, añade Fabini, que le daba tranquilidad y confianza.

La alegría de la familia de León luego de la exitosa operación de Peña. Foto: Gentileza familia Fabini
La alegría de la familia de León luego de la exitosa operación de Peña. Foto: Gentileza familia Fabini

Pero una cosa era poder comunicarse y otra que Peña pudiera atender a León. En ese torbellino de gestiones y contactos, una amiga de Fabini le contó el problema de León a Roberto Canessa. “Y Canessa le dijo a mi amiga, como si fuera lo más natural del mundo: ‘Hay que traer a Peña’”, recuerda Fabini con voz de asombro.

El mismo día que su amiga le transmitió el comentario de Canessa, de madrugada, Fabini le mandó un mensaje a Peña por WhatsApp, preguntándole si, en caso de que la situación de León se complicara, fuera posible que él viniera a Uruguay. “En menos de 48 me contestó que si le conseguía una invitación formal de una institución médica y si le cubría los gastos de viaje y estadía para él y su esposa -porque trabajan juntos- vendría a Uruguay a operar a León, sin cobrar honorarios”.

Le respondí: “Permítame invitarlo a usted, a su esposa y a su hijo Ricardo a una semana inolvidable. Les prometo un asado con los sobrevivientes de Los Andes, un encuentro con la familia de Zitarrosa -porque sabía que él había sido amigo de Alfredo- y, si quiere, una reunión con José Mujica en la chacra de este”.

-¿Y ya habías apalabrado a toda esa gente?

-¡No tenía ni a uno! (se ríe). Mi marido me decía: ‘¿Cómo vas a comprometer a tanta gente?’. Pero yo sabía que podía conseguirlo. A mi marido le dije: ‘Si llegué hasta acá, puedo seguir. Vos dejame’”.

Puso manos a la obra y a medida que su historia empezó a circular entre amigos y conocidos, se fue sumando cada vez más gente. El mago Daniel K, por ejemplo, se enteró y prometió ir a hacer una función gratuita para los invitados. Canessa puso su casa a disposición. El músico Guzmán Mendaro comprometió a Julio Cobelli, exintegrante del Cuarteto Zitarrosa, para ir a tocar. Otros amigos le consiguieron otras cosas, como abrir un restaurante solo para el cirujano y su esposa. Faltaba José Mujica.

María Jesús Fabini juega feliz junto a su hijo León. Foto: Gerardo Pérez
María Jesús Fabini juega feliz junto a su hijo León. Foto: Gerardo Pérez

Fabini consiguió el contacto de un amigo del expresidente al que le explicó la situación. “No te preocupes. El Viejo los va a recibir”. Efectivamente, Mujica dio el visto bueno. “Logré comunicarme con él y me dijo ‘Sí, claro. Hacemos un asado. ¿Cuándo quieren venir? ¿Al mediodía o de noche? ¿Qué preferís? Y que le enseñe a los cirujanos de acá’. Mujica hizo hincapié en eso: que Peña transmitiera sus conocimientos a los médicos de acá. Yo no sabía si Peña era admirador de Mujica, pero sí sabía que era una persona culta, curiosa, leída. Además, ¿a quién no le interesaría conocer a un expresidente, además de las características de Mujica?”.

De alguna manera, Fabini construyó y activó una red de solidaridad que, además de lograr que Peña operara exitosamente a su hijo en el Hospital Británico -donde además se realizó una masterclass para cirujanos uruguayos y extranjeros- consiguió que operara a otro niño, paciente de ASSE, con la misma malformación.

“No hubo una persona a la que le contara sobre lo que estaba haciendo que no me dijera: ‘¿Cómo ayudo?’, recuerda Fabini, quien tuvo su premio cuando León regresó a casa y se puso a jugar con sus hermanos, como si nada fuera de lo común hubiese ocurrido.

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