PATRIMONIO

Obsesionados por la hora exacta: relojero y tornero reparan las máquinas "imposibles"

Antes de retirarse, Dardo Sánchez y Heber Galván quieren reparar las grandes relojes detenidos de iglesias y edificios públicos en el país

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La máquina en cuestión es de origen alemán y tiene, al menos, 160 años. Hace 60 que no movía ninguno de sus engranjes. Foto: Francisco Flores

Dos colmos se hacen reales si se visita el taller que comparten Dardo Sánchez y Heber Galván a una cuadra de la rambla del Cerro en la calle Austria. El primero es que tienen un reloj de pared Quartz detenido a las 6:14. El segundo es que, según el primero, allí no se rigen “por el tiempo”. Dos hechos curiosos para un relojero y un tornero que se han propuesto devolverle el ritmo del tic-tac al reloj de la Parroquia Sagrada Familia de la localidad de Sauce.

La máquina en cuestión es de origen alemán y tiene, al menos, 160 años. Hace 60 que no movía ninguno de sus engranajes. “Era chatarra”, resumió Galván. Una chatarra que, además, estaba cubierta por una capa de “hasta cuatro centímetros de caca de palomas”.

El reloj se desprendió de la torre en un derrumbe por grietas y fisuras del edificio; luego fue víctima de saqueos. Engranajes, levas, rueda de escape, el péndulo… en el mejor de los casos las partes estaban quebradas o retorcidas; el resto estaba desaparecido.

El diagnóstico que hizo otro técnico fue que estaba desahuciado. Pero, “cuando lo vimos, dijimos: ‘99,9% que lo reparamos’. Y lo hicimos. Somos Gardel y Lepera. Nadie nos supera”, bromeó Sánchez.

El reloj ahora funciona. Todavía no está terminado –le falta la manivela para darle cuerda, colocarle la esfera y pintarlo, entre otros retoques– pero volvió a la vida. “Resucitó”, comentó Galván en un guiño al lugar de donde provino y adónde volverá en las próximas semanas: la iglesia que fue erigida junto a lo que fue el casco de estancia de la familia de José Gervasio Artigas, frente a la plaza principal de la localidad de Sauce.

El objetivo es que vuelvan a sonar las campanadas en la celebración de Navidad. El mecanismo que lo permite ya está en funcionamiento aunque, claro, se hace provisionalmente con un cable atado del techo.

Repararlo no fue fácil “pero no imposible”. Es más, Sánchez se encargó de repetir que esa palabra está prohibida en el taller. Lo más difícil fue reconstruir la pieza que se conoce como cremallera que es necesaria para que el reloj toque las campanas a la hora justa.

Salieron a buscar ejemplos por Montevideo: el reloj de la Catedral no dio ninguna pista al igual que el del Mercado del Puerto por tratarse de maquinarias diferentes –ambos son mantenidos por Sánchez quien les da cuerda todos los lunes–; tampoco el de la Parroquia Inmaculada Concepción de Pando que está en una situación de abandono similar y que será próximamente reparado –“con una seguridad del 100%”, a juicio de Galván–.

La respuesta fue hallada en Google: un reloj igual al del Sauce en España. Las imágenes les sirvieron para ver la forma de la cremallera. Galván logró hacer el fragmento preciso tras cinco intentos (cada uno le llevaba entre tres y cuatro días de trabajo). “No podía estar ni dos décimas para acá ni dos décimas para allá ni más arriba ni más abajo. Una vez que logramos eso, logramos que sonora el reloj”, contó.

Cada piñón debe ajustar con cada rueda de forma exacta. En definitiva, la gracia de un reloj, por dentro y por fuera, es la precisión. El tornero remató: “No hay misterio. Lo es para el que no sabe. El que vino antes dijo que no se podía arreglar pero era porque querían arreglar una caries con un herrero”.

Mientras que en la parroquia de Sauce terminan de acondicionar el lugar donde irá el reloj y las campanas, los Gardel y Lepera de los relojes históricos se ocupan de los últimos detalles como, por ejemplo, la fabricación de las agujas. Una vez terminado se colocará en el lugar.

De forma ideal, tendría que estar a 24 metros de altura, pero no estará tan arriba. La iglesia no tiene las torres desde la década de 1940. La sugerencia del dúo de artesanos del tiempo es que se arme “una especie de altar” para elevarlo hasta la altura de las campanas, con un techo liviano a dos aguas y con imitación de tejas. Esto dará una profundidad de 2,90 metros lo que significa 24 horas de cuerda. De esta actividad diaria quedará encargado el párroco Renzo.

“Una señora de más de 80 años le dijo al párroco que recuerda que la madre le decía que era la hora de comer cuando sonaban las campanadas de la iglesia. Se va a emocionar al volver a sentirlas”, relató Galván.

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El objetivo es que vuelvan a sonar las campanadas en la celebración de Navidad

Los próximos desafíos.

En una parte del taller hay unos trozos de metal que si no fuera porque Sánchez aclara que es el reloj de la iglesia de Pando nadie podría saberlo.
Esta máquina se detuvo hace unos 10 años. El arreglo general, a diferencia del caso de Sauce, se hará en el lugar.

La intención del relojero y del tornero, de 77 y 70 años, respectivamente, es despedirse de varias décadas de oficio con la reactivación de “cuatro o cinco relojes que sean ‘imposibles’ (para los demás) de reparar”.

Con todo, tienen una lista de obsesiones: el reloj original de la cárcel de Punta Carretas del que no se sabe su paradero, el de la Compañía del Gas en el Dique Mauá –de origen inglés y que Sánchez ya ha reparado una vez–, el del Frigorífico Anglo en Fray Bentos y otros en iglesias de Paysandú, San José, Canelones y más. “Nos jugamos a reconstruir todos los relojes que estén enterrados para cumplir con la patria. Nosotros ya estamos en el ocaso y queremos demostrar que se puede hacer esto en Uruguay.

Desafiamos a que nos traigan cualquier reloj”, apuntó Sánchez, quien es relojero desde los 13 años y sabe que lo que pasa por sus manos no es otra cosa que piezas de historia.

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Sánchez reparó el reloj de Dique Mauá hace unos años.

Una vida entre horas, minutos y segundos.

“Cuando vamos a ver un reloj o dar un presupuesto decimos que, si alguien tiene nuestro currículo, se lo hacemos gratis”, bromeó Dardo Sánchez, relojero desde los 13 años. Ahora, a los 77 años, quiere dedicarse solo a devolverle la vida a piezas históricas que signifiquen un reto.

A los 64 años logró reparar el reloj de origen inglés del Dique Mauá que de nuevo está paralizado y que le gustaría volver a trabajar en él; también arregló el reloj de la antigua embajada de Argentina, el de la Catedral de Florida, el de la catedral Basílica de Melo, el de la iglesia del Rosario en Colonia, el de la Catedral de Canelones y el de la Parroquia de la Santísima Trinidad en Flores.

Otro trabajo destacado fue la reparación del reloj del Mercado del Puerto al que le da cuerda todos los lunes. Se trata de un reloj inglés de tres esferas que había dejado de funcionar en 1986 cuando se rompió una de sus cuerdas de acero. Estuvo parado 10 años hasta que Sánchez entró a escena.

En ese entonces, dijo: “A pesar de ser muy sencillo con respecto a los otros de su categoría, como el de la Compañía del Gas, el reloj del Mercado es de una increíble nobleza en sus materiales y en su constitución, ya que ha resistido mutilaciones de todo tipo. El daño principal se le ocasionó cuando se rellenó con material la columna que lo sostiene”.

El service de cuerda de los lunes también incluye el reloj de la Catedral de Montevideo que este año estuvo parado cuatro meses por la pandemia por coronavirus. También atendía el reloj del Banco Hipotecario del Uruguay pero el servicio fue suspendido por falta de presupuesto.

La obsesión que comparte con su compañero Heber Galván es encontrar el viejo reloj de la cárcel de Punta Carretas.

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