SALUD

¿Por qué la obesidad es un factor de riesgo importante ante el coronavirus?

El sobrepeso y la obesidad hacen al paciente más vulnerable ante los efectos del coronavirus.

Obesidad. Foto: archivo
Obesidad. Foto: archivo

La respuesta es “afirmativa y categórica”. Eso dijeron profesionales de la salud consultados por El País acerca de si la obesidad es considerada un factor de riesgo ante la pandemia del coronavirus.

Junto a las enfermedades respiratorias previas que pueda tener el paciente como, por ejemplo, asma, enfisema, la enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), bronquiectasias, así como las enfermedades inmunosupresoras, la obesidad es un factor de riesgo “muy importante”. De hecho, “el paciente obeso es, en general, un paciente con bajas defensas”, explicó Héctor Geninazzi, presidente de la Sociedad Uruguaya de Cirugía Bariátrica y Metabólica (SUCBM).

El endocrinólogo especializado en obesidad, Ernesto Irrazábal, agregó que, en el transcurso de esta pandemia, los médicos han venido aprendiendo el comportamiento del coronavirus en distintos grupos de riesgo y que “la obesidad es una enfermedad crónica que ha demostrado ser especialmente vulnerable a los efectos de este agente patógeno”. Y añadió: “Distintos estudios de observación clínica vienen evidenciando que las personas con obesidad y especialmente aquellos con obesidad severa tienen mayor riesgo de presentar complicaciones al contraer la infección por COVID-19”.

Geninazzi opinó que en la población uruguaya, en la que dos de cada tres personas padece sobrepeso u obesidad, una de cada cuatro presenta obesidad y una de cada 10 sufre obesidad mórbida, esta prevalencia debería ser considerada el principal factor potencial para padecer y correr riesgo de vida si se contagia con coronavirus. Tres de los cuatro pacientes que al momento de hacer esta entrevista habían muerto en Uruguay por el virus eran obesos, informó el profesional.

¿Por qué es un factor tan importante?

En primer lugar, la obesidad influye en ese riesgo potencial a través de las enfermedades asociadas, es decir, aquellas que son provocadas por la obesidad. Geninazzi puso como ejemplo a la Diabetes Mellitus de Tipo 2, “que favorece todo tipo de infección”; una vez instalada será un cuadro difícil de tratar y de revertir por lo que el médico consideró “el mal terreno, que favorece su diseminación y la sepsis, que es la principal causa de muerte”.

También hay otros aspectos que juegan en contra. Muchos pacientes obesos sufren una alteración respiratoria durante el sueño (apnea obstructiva del sueño) que consiste en pausas respiratorias más o menos prolongadas en el periodo de sueño. A juicio de Irrazábal, “estos pacientes tienen una menor oxigenación de todos los órganos del cuerpo y estas pausas pueden pasar inadvertidas o con escasos síntomas pero en situaciones como la infección por COVID-19 puede afectar en forma muy grave la evolución del individuo obeso”.

Como agravante en el marco de una situación de contagio, Geninazzi nombró también la cardiopatía isquémica e hipertensiva, que es provocada por la hipertensión arterial que padecen la mayoría de los obesos mórbidos, lo que sumado a la dislipemia (alteraciones del colesterol), favorecen la arterioesclerosis que provoca la coronariopatía que está en la base de la cardiopatía isquémica, que lleva a la insuficiencia cardíaca y al infarto de miocardio.

Otra situación que detalló el especialista es que hay razones mecánicas que complican algunas situaciones. “La obesidad abdominal, que es la de mayor riesgo cardio metabólico, provoca hipertensión abdominal, que eleva el principal músculo respiratorio, el diafragma (que separa el tórax del abdomen), y de esa manera restringe la ventilación pulmonar, o sea que provoca una insuficiencia respiratoria restrictiva, por hipoventilación pulmonar. Esto favorece que se produzcan atelectasias, o sea que se cierren los alvéolos, lo que sumado a la inflamación por el coronavirus, favorece la producción de la neumonía que es, en definitiva, la causa de muerte de la mayoría de los pacientes con COVID-19”. Y añadió que otro factor importante a considerar es que los pacientes que pesan más de 150 kilos no entran en el tomógrafo para ser correctamente estudiados y hasta las radiografías de tórax son a veces difíciles de leer o interpretar.

Por último, Irrazábal añadió algunos otros inconvenientes que aparecen cuando una persona con obesidad debe ser internada. “En ocasiones el volumen corporal puede generar dificultades a la hora de su traslado o movilización por parte del personal de enfermería; de su alojamiento, ya sea en sala de cuidados comunes o intermedios y aún más en CTI. Las camas deben ser necesariamente más anchas. En ocasiones monitorear la presión arterial puede resultar dificultosa, se requieren instrumentos especiales que puedan abarcar la circunferencia del antebrazo”, concluyó.

Complicaciones a la hora de estar internados.

Geninazzi explicó que un elemento que complica la situación de una persona con obesidad es que, “en general, si necesitan Asistencia Respiratoria Mecánica (ARM) y necesitan ser intubados para conectarlos al respirador, la maniobra de intubación suele resultar muy laboriosa, porque tienen cuello corto, rigidez o hiperlordosis de la columna cervical y no flexionan el cuello lo suficiente, o poca apertura bucal, etc; lo que torna imprescindible contar con un endoscopista para poder ser intubados bajo visión directa con una fibrobroncoscopía. Muchas veces estos pacientes terminan con una traqueostomía para ser correctamente ventilados”, detalló Geninazzi.

Por último, explicó que la mejor posición para ventilar a los pacientes con neumonía por coronavirus “se ha demostrado que es en posición prona (o sea boca abajo), lo que en pacientes obesos es dificultoso y a veces imposible, dado que la compresión abdominal eleva el diafragma, reduce la capacidad ventilatoria y torna ineficaz una maniobra que en otros pacientes permite ventilarlos mejor y lograr salvar sus vidas”.

Tiempo para ejercitarse y pensar en la alimentación.

En momentos en que la recomendación en todo el mundo es el aislamiento o distanciamiento social con la consigna casi unánime de “quédate en casa”, estamos expuestos a sobreconsumo calórico y al sedentarismo.

Irrazábal dijo que debemos “ser ingeniosos a la hora de realizar actividad muscular con los elementos y el espacio que disponemos”.

El profesional agregó que es necesario programar alguna actividad física diaria que podamos hacer dentro del hogar y que es muy importante ser ordenado en la distribución de las comidas a lo largo del día, “evitando el picoteo y el caer en la tentación de gratificarnos exclusivamente con comida”.

Los riesgos del coronavirus para la obesidad nos deben hacer meditar al respecto de la alimentación”, señaló Geninazzi.

El doctor sostuvo que estos días de estar más en casa son “una buena oportunidad para cocinar alimentos sanos y naturales aconsejados por nutricionistas”. Agregó que se puede hacer ejercicio “y ahora no podemos aducir falta de tiempo para realizarlo”. Sostuvo que “actualmente hay un montón de programas en televisión o YouTube que enseñan ejercicios para hacer en casa, con o sin bicicletas y/o caminadores como los que tenemos en el club”.

Y estos días en el hogar también son un buen momento “para desintoxicarnos y leer material que tengamos atrasado, para descansar un poco de tanto celular”, concluyó.

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