CIENCIA

Un “milagro” que resulta dañino: qué es el dióxido de cloro y por qué no cura la COVID-19

Toxicólogos advierten sobre sustancia química que dice curar el coronavirus, entre otras enfermedades

DIÓXIDO DE CLORO
La llamada Solución Mineral Milagrosa ha sido promocionada como cura para diversas enfermedades, entre ellas, el cáncer, la malaria y hasta el Sida.

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Primero: colocar tres gotas de clorito de sodio en un vaso. Segundo paso: mezclar con tres gotas de ácido cítrico o ácido clorhídrico. Luego agregar agua. Finalmente, beber. Y, más tarde, repetir. La receta corresponde a la Solución Mineral Milagrosa (MMS, por sus siglas en inglés), o dióxido de cloro, una sustancia química que puede prepararse en casa y que tiene por base un desinfectante industrial y que ahora se promueve como cura para la COVID-19 a pesar de que no es recomendada por los expertos sanitarios.

En el mercado local se vende; basta buscar “dióxido de cloro” en Facebook. Se encuentran fácilmente varios grupos de cientos e incluso de miles de personas que intercambian historias sobre su consumo y se pasan datos sobre dónde comprar los insumos (alrededor de $ 800 el kit que, según posteos, alcanza para hacer “litros”). Allí se ven videos que hablan sobre lo que se define como una “maravilla” que logrará mejores resultados para combatir la COVID-19 que, por ejemplo, los “respiradores”.

También se encuentra un link que lleva a un video de nueve minutos en YouTube que se llama “Bióloga explica la relación entre la Pandemia, el 5G y la cura con dióxido de cloro”. Una “bióloga” española de la que no se dice el nombre ni su lugar de formación o trabajo habla sobre cómo actúa el coronavirus sobre el organismo y cómo “las moléculas de oxígeno” son “distorsionadas” por las redes de telefonía móvil de última generación.

En los grupos en Facebook también se ven videos de uno de los promotores mundial de esta sustancia, Andreas Kalcker, en los que explica cómo hacer MMS con ácido cítrico y con ácido clorhídrico. En un instructivo de casi media hora, da la receta básica: una dosis normal de tres gotas de clorito de sodio y tres del activador de preferencia más agua. El líquido adquiere un color “dorado oscuro” y “su sabor es perfectamente soportable”, dice mientras lo prueba. Y añade que es mejor el ácido clorhídrico porque el otro “puede causar diarrea”.

Hay muchos más videos. Uno de Josep Pámies, otro de sus precursores, afirma en una grabación: “¿Qué cuesta probar algo que puede ser curativo en cuestión de horas como puede ser el MMS o el dióxido de cloro? (…) Ya estamos tratando personas que no han entrado a hospitales con el diagnóstico de positivo de coronavirus y en dos o tres días ha desaparecido”. Y menciona que hay un hospital, cuyo nombre no menciona, que inyecta esta sustancia a los pacientes graves.

Pero expertos en toxicología recomiendan no adquirir ni consumir productos relacionados al dióxido de cloro y/o clorito de sodio para prevenir, aliviar o curar la COVID-19 –ni ninguna otra enfermedad, dado que se lo ha promocionado para tratar desde el cáncer, el asma, el Sida y hasta el acné en los últimos años– porque los compuestos no están aprobados por las autoridades sanitarias ni por agencias internacionales como la FDA.

Es más, este organismo estadounidense advirtió que se habían reportado problemas de salud tras el uso de la MMS o de productos derivados del cloro para tratar alguna enfermedad ya desde 2010 y aseguró no tener “conocimiento de ninguna investigación que demuestre que estos productos sean seguros o eficaces para tratar enfermedad alguna”. Recientemente, insistió sobre lo mismo: “La MMS es lo mismo que beber lejía”. En Canadá no está permitida su comercialización desde 2018 y en España desde hace una década.

Con todo, Amalia Laborde, directora del Centro de Información y Asistencia Toxicológica de la Universidad de la República (CIAT) y del Departamento de Toxicología de la Universidad de la República, indicó: “No hay un beneficio claro; por lo tanto, la balanza cae sobre el riesgo. De esta solución no hay ningún ensayo clínico ni producto registrado y evaluado por la metodología que se le exige a un tratamiento (médico). No tenemos un verdadero análisis de su mecanismo de acción y de su efectividad. El riesgo –entonces– pasa a ser un poco más alto”.

dióxido de cloro
Varios países han prohibido su venta; en Uruguay puede conseguirse por Facebook.

Cuáles son los riesgos.

Hasta la fecha, el CIAT no ha atendido ningún caso de intoxicación por dióxido de cloro y/o clorito de sodio, puesto que, en dosis muy pequeñas, el cuerpo humano resiste el ataque químico; pero sí ha recibido consultas al respecto al teléfono 1722 sobre su uso, origen y efectos desde que se comenzó a promocionar en redes sociales su consumo para combatir el coronavirus. “Es comprensible que las personas busquen alternativas terapéuticas en una situación que genera tanta preocupación”, señaló Laborde.

De acuerdo con un documento suscrito por distintas sociedades de toxicología de la región, entre ellas el CIAT, la ingesta de estos preparados de dióxido de cloro y/o clorito de sodio pueden provocar cuadros digestivos irritativos severos, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas, además de graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales, entre otros. Su inhalación, a través de nebulizaciones, por ejemplo, también implicaría riesgos de broncoespasmo, neumonitis química y edema de glotis.

“La preparación doméstica o artesanal, no controlada en su calidad, hace que las concentraciones sean mayores así como también los cuadros de intoxicación”, advirtió Laborde. 

Un problema respiratorio está incluido en uno de los peores escenarios de intoxicación. “El manejo del clorito de sodio y la elaboración de esta sustancia es una reacción química que genera gases”, dijo la experta. Y añadió: “Tener un problema respiratorio asociado en este momento de pandemia por un virus que afecta el sistema respiratorio es poner a la persona en una situación de vulnerabilidad muy alta”.

Estos productos químicos están autorizados como blanqueadores durante la fabricación de papel, fibras textiles y para la desinfección de edificios, así como agentes antimicrobianos en soluciones acuosas para lavar frutas y verduras, en el agua de procesamiento de aves de corral y en la potabilización de agua en cantidades que Laborde señaló como “ínfimas”. Las concentraciones permitidas de dióxido de cloro para usos relacionados con el agua potable o procesamiento de alimentos son “miles de veces menores” a las recomendadas como profilácticas de la COVID-19 para lo que se promueve una mezcla de clorito de sodio al 28%. Esta cantidad fue analizada por Laborde como de una “toxicidad sistémica muy importante”, mucho más que la del hipoclorito de sodio.

“No es que sea un tóxico que no lo vamos a encontrar en ningún lado; lo vamos a encontrar en residuos en muchos lugares. Pero lo que aquí se promueve es que esa solución, aunque sea en concentraciones bajas, se use para consumo humano (…) Si fuera una ingesta accidental no sería una intoxicación grave; pero al plantearla como tratamiento se toma de forma repetida. Ahí hay un escenario de riesgo”, comentó la directora del CIAT.

A esto se suma que las soluciones son preparadas artesanalmente en los hogares por lo que pueden alcanzar concentraciones mayores, siendo por lo tanto mucho más tóxicas. Ni se puede garantizar que la reacción química se realice en un ambiente adecuadamente ventilado.

Y añadió: “El dióxido de cloro es muy buen desinfectante pero no tenemos ninguna evidencia de que un desinfectante ingerido sea un buen antiviral en el organismo humano”.

Para Laborde, la conclusión es clara: “Nuestra intención no es demonizar esta sustancia pero sí que la población comprenda que el balance riesgo-beneficio cae fuertemente sobre el riesgo y no nos da ninguna información sobre los beneficios. Hay mucha oscuridad en todos estos datos”.

Desde la Galaxia Andrómeda a la Tierra.

El inicio del MMS fue un libro publicado por Jim Humble en 2006, The Miracle Mineral Solution of the 21st Century. Humble afirmaba que había sido enviado desde la galaxia Andrómeda para salvar a la humanidad con su solución milagrosa. Fundó una iglesia, la Genesis II Church of Health and Healing, que tiene la sede en República Dominicana y que está presente en cuatro continentes.
En su sitio web, se defiende el producto como “sagrado” y “santo”.
La justicia estadounidense suspendió el viernes pasado la venta de este supuesto medicamento milagroso contra el nuevo coronavirus, que está hecho a base de cloro y que el grupo religioso ha promocionado desde hace años. Un tribunal de Florida dictó una prohibición temporal para la venta del producto que se vendía como Solución Mineral Milagrosa que, según el sitio de sus promotores, “cura el 95% de la enfermedades”, como cáncer, Sida, cólera y ahora la COVID-19.
En Francia, las autoridades sanitarias habían alertado en 2010 sobre el riesgo de intoxicación relacionada al MMS, el cual ha sido promocionado para curar el autismo. Varios vendedores han sido condenados por la justicia, pero la “Iglesia del Génesis” nunca lo retiró de la venta.

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