ATANDO CABOS

Michel Compagnon: el chileno que limpia el plástico de la Patagonia

Experto en reciclaje de plástico explica cómo transforma los residuos de los pescadores

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Un cabo es una cuerda que está hecha para no dejarse cortar. Está fabricado a partir de polipropileno (PP) y polietileno (PE)

"Otros”. Eso es lo que dice la descripción del símbolo de reciclaje correspondiente al número 7. Son los plásticos que no se pueden clasificar en las otras categorías y que se considera que son “irreciclables”. Usted los tiene en su casa, por ejemplo, en el sachet de la mayonesa o de la salsa de tomate o en el envase de alimentos para mascotas.

“Son productos que pueden estar fuera del refrigerador y no les pasa nada porque tienen distintos plásticos con distintas funciones: uno hace de barrera de oxígeno; otro, de humedad; otro, de rayos UV”, explicó Michel Compagnon, un chileno que lidera un proyecto de reciclaje de cabos, redes y boyas usadas en la pesca y los transforma en pallets que son la materia prima para diversos productos como cajas o contenedores de basura.

Pero Compagnon afirmó: “Reciclamos lo irreciclable. Es lo que más nos gusta”. Su empresa, Comberplast, logró “hace unos meses” transformar este material en una solución que puede reutilizarse con otros fines y que llegará al mercado en nuevos objetos. “Desarrollamos aditivos y procesos para producir productos con plástico número 7”, afirmó.

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Atando Cabos llegará ahora a Europa y América del Norte. En la región, su primera parada será en Perú y Ecuador.

Compagnon ya tiene experiencia en lo “irreciclable”. Primero fue el polipropileno de las bolsas de los snacks. Luego creó Atando Cabos, un proyecto que hoy transforma unas 2.000 toneladas al año de residuos de la industria pesquera salmonera de Chile y Argentina y que pretende alcanzar las 4.000. El objetivo es ambicioso, según contó a El País: “Limpiar la Patagonia de plástico”.

Un cabo es una cuerda que está hecha para no dejarse cortar. Está fabricado a partir de polipropileno (PP) y polietileno (PE). Las redes de pesca –además del nylon– tienen productos químicos para que no se peguen las algas. Y las boyas contienen polietileno expandido. En definitiva, son unos contaminantes perfectos para los océanos.

Un estudio publicado por Scientific Reports concluyó que el 46% del plástico en el Gran Parche de Basura del Pacífico corresponde a redes de pesca.
Para Atando Cabos, la empresa se ha asociado con sindicatos de pescadores y con la propia industria para la recolección en las playas de los residuos, basándose en los principios de la economía circular. Primero se enviaron los desechos a un laboratorio holandés para averiguar si era posible reciclar sus componentes (para determinar porcentajes de contaminación, mezcla de otros polímeros, entre otros aspectos). Una vez hecho el estudio, se procedió a definir el proceso de triturado y lavado y su transformación en una masa.

Atando Cabos llegará ahora a Europa y América del Norte. En la región, su primera parada será en Perú y Ecuador. “La costa atlántica es muy interesante” para más adelante, dijo Compagnon, quien volverá a Uruguay para evaluar la posibilidad de expansión. La semana pasada participó del evento anual de Deres sobre Desarrollo Sostenible “Imaginando el Futuro Juntos”.

“La basura en los mares está en todas partes. Hay que insistir con esto”, afirmó. Se estima que para el año que viene la producción de plástico habrá aumentado un 900% en relación a 1980. Y para 2050 habrá más residuos que peces en el planeta.

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Se estima que para el año que viene la producción de plástico habrá aumentado un 900% en relación a 1980. Y para 2050 habrá más residuos que peces en el planeta.

Economía circular.

El concepto de la economía circular se basa en una cadena en que los residuos se reutilizan y vuelven a entrar a la economía y donde lo primordial es la colaboración de las partes.

En el caso del plástico, Compagnon dice que se trata de uno de los mejores materiales que existen, porque es liviano, barato, moldeable y tiene la virtud de que puede volver a usarse.

“No hacemos ningún plástico de un solo uso. Ninguno que sea tomar, usar y botar. Los transformamos en bienes durables: cajas cosecheras, pellets, cajas para la industria pesquera. Si se rompen, los hacemos de nuevo”, señaló Compagnon.

Según este, los desafíos técnicos y logísticos fueron complejos, pero lo más difícil fue demostrar al mercado que con estos materiales se pueden fabricar productos de buena calidad.

“Estamos inventando cosas nuevas para hacernos cargo de toda la contaminación. No lo va a solucionar un gobierno ni una empresa sino todos. Todos tenemos que estar concientizados”, apuntó.

En una entrevista con EFE, Compagnon había dicho a principios de este año: “Como industria del plástico tenemos que hacer un ‘mea culpa’, respecto a que nunca enseñamos al usuario a cómo sacar el mejor beneficio del plástico. Las personas nos tienen que ayudar a reutilizar el plástico que tiene en la casa y, cuando no se pueda, a reciclarlo”.

El reciclaje de materiales plásticos genera menores emisiones de dióxido de carbono y supone un ahorro de agua y energía, además de crear empleos.

Televisores rotos por decepción futbolística

Comberplast recicla seis mil toneladas de plástico al año y fabrica miles de productos 100%. “Reciclamos cabos, redes de pesca, bolsas de papas fritas, parachoques en volúmenes muy importantes”, dijo Michel Compagnon, gerente general de la empresa. Solo en parachoques, llegan 10 toneladas al mes. “Podemos hacernos cargo prácticamente de todo”, dijo. Y, en este sentido, relató la siguiente anécdota: “Reciclamos televisores, celulares y computadoras, entre otros dispositivos electrónicos. Cuando Chile quedó descalificado del Mundial de Fútbol, nos llegó un volumen de televisores rotos tres veces más alto que el normal. Ahí me di cuenta de lo enojados que estábamos”.

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