TECNOLOGÍA

Cómo ser un líder de la NASA

Un argentino en las misiones más importantes de la agencia.

Miguel San Martín es hoy uno de los ingenieros más exitosos de América Latina y de la NASA. Foto: El País
Miguel San Martín es hoy uno de los ingenieros más exitosos de América Latina y de la NASA. Foto: El País

Líder de las misiones más importantes de la NASA en las últimas tres décadas, el ingeniero argentino Miguel San Martín (60) es uno de los ingenieros más respetados en la agencia aeroespacial estadounidense. En su visita al festival de innovación y creatividad Campus Party en Uruguay, contó cómo se hizo un lugar en el centro de investigación icónico de EE.UU.

De pequeño, Miguel tenía mucha curiosidad por la máquina de coser de su mamá. La analizaba y buscaba entender cómo funcionaba. Lo mismo le sucedió con la radio y la televisión. Este hambre por el conocimiento, incentivado por su padre ingeniero civil, le generaba preguntas todo el tiempo sobre el funcionamiento de los objetos. “Mi familia tomaban turnos para respondérmelas”, recordó entre risas. Y si recibía juguetes sin pilas, los rechazaba. No le gustaban.

Miguel, a veces con dificultad para expresar palabras en español tras mimetizarse con la cultura estadounidense, empezó a maravillarse con el espacio cuando tenía ocho años. Recuerda que siguió la misión Apolo en un noticiero de la TV junto a su padre. “Recuerdo ser niño y ver un cohete despegar. ‘Me tenés que llevar a ver un lanzamiento’, le pedí a mi padre. Y él me contestó: ‘¿Ves esa banderita? (La que colocó Neil Armstrong en la Luna). Es de Estados Unidos’. Siendo tan niño, no sabía que podía ser de otro país”. Fue la primera semilla que sembró su interés en la NASA, su lugar de trabajo.

Lo que verdaderamente selló su pasión por la astronomía fue el Programa Viking, la primera misión que logró que una sonda llegara a Marte. Miguel buscaba revistas especializadas que hablaran sobre este tema. Cuando llegó, el 20 de agosto de 1975, el argentino estaba en la chacra de sus padres, en la provincia de Río Negro, y escuchaba en la radio que la sonda estaba próximo a llegar. A la mañana siguiente, fue a comprar el diario y vio una foto que mostraba que había arribado. “Ahí dije: esto es lo que me gusta. Y esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida”, comentó.

De adolescente ya sabía que para vivir de eso tenía que emigrar a Estados Unidos. Estudió en un colegio industrial y sus notas fueron excelentes. Un día tocó partir.

En EE.UU. el primer objetivo era aprender inglés. Si bien sabía, tenía que perfeccionarlo. “El problema es que en Argentina no te enseñan a hablar, te enseñan la gramática. Me hablaban en inglés y no entendía”, recordó. Hizo un curso y el siguiente cometido fue ingresar en una universidad. La elegida: Universidad de Cornell, situada en el noreste del país. Aplicó a ella, pero no lo aceptaron. Se bajoneó. Estuvo a punto de armar las valijas y volver a Argentina.

Pero su sueño era más fuerte que esa batalla perdida. Entonces miró en el mapa dónde quedaba la universidad más cercana y se tomó un ómnibus para probar suerte otra vez. A la semana lo aceptaron en la Universidad de Syracuse. Aprendió a vivir solo y a empezar a hacer más visible su sueño final.

Miguel San Martín. Foto: Ricardo Figueredo
Miguel San Martín. Foto: Ricardo Figueredo

En este centro de estudios sabía que tenía que sacar buenas notas para poder ingresar en mejores universidades. Luego de muchas horas de estudio, lo logró. Y se postuló en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), el lugar por donde habían pasado sus “héroes”. Aquellos que crearon el sistema de guiado y navegación de las naves Apolo.

Las grandes empresas y laboratorios de Estados Unidos van a este tipo de universidades a buscar a los mejores estudiantes. En esa época, encontraron a un argentino deseoso de cumplir un sueño. Tuvo varias entrevistas en la que buscaron asegurarse de que era la persona correcta. Y lo aseguraron.

Misiones del corazón

Llegar a este lugar fue un trabajo enorme. “Hice mucho sacrificio. Me maté estudiando, realmente”, contó. El más grande fue abandonar su país, su cultura, sus amigos, sus familiares. “Tenía una muy buena vida en Argentina. La pasaba bien (...) Desafié mi zona de confort”, comentó. Pero su sueño estaba en Estados Unidos y en un laboratorio de la NASA empezó a hacer realidad sus objetivos.

Participó en todo tipo de misiones. Mars Pathfinder, de 1996, tiene un lugar importante en su corazón. Fue la primera que se hacía a Marte desde Viking, aquella que siguió por radio de adolescente. “Pensaba que cuando llegara a la NASA ya habrían ido varias veces. Resultó que no fue así. Casi que pareció que el programa de Marte estuviera esperándome a mí”, agregó.

Fue de las misiones más acotadas en presupuesto que tuvo que participar (solo 250 millones de dólares; en general, suelen ser de más de 2.000 millones). “Nos decían que con ese dinero no podíamos poner nada arriba del cohete”, recordó. Pero fue un éxito total. Uno de sus superiores lo nombró como jefe encargado en el sistema de guiado y control de la nave. Era joven y era la primera vez que lideraba un equipo.

Claro, eran todos ingenieros de primer nivel a los que ahora estaba dirigiendo. Como si un jugador de fútbol pasara a ser técnico de la noche a la mañana. “Al principio chocaba por la característica individualista que hay en Estados Unidos”, contó. Pero rápidamente empezó a ser valorado y respetado.

También estuvo en Cassini, cuyo objetivo era estudiar Saturno. Esta misión le ayudó a saber cómo se hacían las naves espaciales. También lideró en 2004 Spirit y Opportunity, otras dos misiones que le permitieron llevar robots a Marte.

Curiosity y el futuro

La más reciente, y tal vez más significativa, fue la de Curiosity, que llevaba dispositivos más sofisticados para examinar la superficie de Marte y buscaba una forma de aterrizaje inédita en el planeta rojo.

La idea era lograr que el rover descendiera de forma “más elegante”. Y lo lograron: el robot, que mandó fotografías como nunca antes se habían visto en la historia, halló pruebas de que allí albergó agua gracias a unos sedimentos. También comprobaron que fue “habitable”.

Ahora, está ingresando de a poco en uno de los planes más ambiciosos de los últimos años: poner astronautas en la Luna para 2028. El jefe de la agencia espacial estadunidense, Jim Bridenstine, dijo en febrero sobre este desafío: “Esta vez, cuando volvamos a la Luna, nos quedaremos ahí. No dejaremos banderas y huellas, entraremos en casa y no volveremos durante 50 años”. Y, otra vez, San Martín aportará su grano de arena para seguir haciendo historia.

“Trabajar en la NASA es muy relajado”

El argentino trabaja en el Jet Propulsion Laboratory (Laboratorio de Propulsión a Reacción), encargado de la construcción y operación de naves espaciales no tripuladas. Su cargo técnico es ingeniero jefe de la Sección de Orientación y Control.

El laboratorio tiene un convenio con una universidad de Los Ángeles lo que otorga un ambiente “más académico”. “Trabajar en la NASA es muy flexible y muy relajado. Muchos van en ojotas”, contó sobre cómo es el ambiente en este lugar.

Es un sitio donde se respeta la opinión de los demás. “Si llegaste ahí es porque algo bueno tenés. No importa si sos joven o lo que seas. Vos podés intervenir en cualquier conversación, dar tu opinión y siempre te van a escuchar”, agregó.

Pasantes italianos que pasaron por el laboratorio apreciaron esa forma de trabajo. “Decían que se podían dirigir a personas 30 años mayor sin sentir inferioridad”, dijo.

¿Cuándo llegarán los humanos a Marte?

Miguel San Martín opinó que “hay que tener cuidado” con los pronósticos que se hacen respecto a la llegada de seres humanos a Marte en el futuro.

Según la versión de quienes integran la corriente de la industria espacial más antigua los humanos podrían arribar a fines de la década del 2030 “con suerte”.

Sin embargo, Elon Musk, fundador de PayPal, Tesla Motors y SpaceX, pretende llevar 100 astronautas en la década que viene. “Y yo con Elon Musk no apuesto. Él nos ha sorprendido”, comentó San Martín.

El ingeniero comentó que si el costo de los cohetes “bajan considerablemente” es posible que se acelere todo el proceso y puedan verse antes de lo previsto.

El argentino se refirió a las dificultades que pueden significar llevar personas al planeta rojo. “Una misión a Marte lleva casi tres años en el cual el ser humano estaría expuesto a la radiación espacial. Y es un problema muy serio ese que no tenés cuando vas a la Luna”, agregó.

Dijo que se podría ir y volver, aunque no “fácilmente”. “Tenés que aterrizar un montón de carga. Marte tiene una gravedad mucho más grande que la Luna. Para despegar y volver, necesitás aterrizar un vehículo más grande, con más combustible”, comentó.

MÁS

Las misiones en las que participó San Martín

Mars Pathfinder, la misión que “esperó” al ingeniero argentino:

En 1996, la NASA envió una nave espacial a Marte. Fue la primera desde 1976. “Sentí que me estaban esperando para lanzarla”, dijo San Martín a El País. Aterrizó en 1997 y pudo conocer productos químicos contenidos en las rocas y el suelo de Marte, según informó el portal Astromía.com.

Spirit y opportunity, robots para seguir conociendo Marte

Spirit es el primero de los dos robots que forman parte del Programa de Exploración de Marte de la NASA aterrizado el 3 enero de 2004. 23 días más tarde llegó Opportunity. Este robot pudo tolerar varias tormentas de arena que hubo en el planeta rojo. Recorrió 45 kilómetros. Desde agosto no contesta señales.

Misión que intentó conocer el planeta Saturno

La sonda espacial Cassini-Huygens fue lanzada con el objetivo de estudiar Saturno y sus satélites. Entre algunos descubrimientos, se pudo obtener las primeras imágenes de los anillos del planeta y de su luna más grande. Además se descubrió que tiene actividad volcánica. La misión empezó en 1997 y finalizó en 2005.

Curiosity, el último éxito de San Martín


El rover Curiosity, que llegó a Marte en 2012, es uno de los grandes hitos de la NASA por su revolucionario método de aterrizaje. Durante su estancia, ha hallado pruebas claras de que albergó agua en el pasado y que pudo ser “habitable”, indicó la agencia aeroespacial.

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