CIENCIA

Investigadores uruguayos encuentran cómo los microplásticos llegan hasta la Antártida

Estudio en dos lagos de la isla Rey Jorge, cerca de la Base Artigas, encuentra por primera vez evidencia de microplásticos en el Glaciar Collins

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Superficie del glaciar alrededor del lago Uruguay (cercano a la Base Artigas) que forma parte de la zona de ablación del glaciar Collins. Foto: Evelyn Krojmal

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En el hielo ártico, en el Everest, en el océano Atlántico… y ahora en playas, cañadas y borde de glaciares de la Antártida. La llegada de los microplásticos a lugares remotos del planeta nunca es una buena noticia.
Ese es el primer mensaje que da a El País Franco Teixeira de Mello, investigador del Departamento de Ecología y Gestión Ambiental del Centro Universitario Regional del Este (CURE) al hablar del principal hallazgo de un estudio que lideró junto a Juan Pablo Lozoya, integrante del Centro Interdisciplinario de Manejo Costero Integrado del Cono Sur, y que deja en evidencia el avance que tiene un peligro ambiental que es invisible.

Hasta ahora se habían encontrado plásticos (desde botellas arrojadas por turistas, por ejemplo, hasta restos de microplásticos en la cadena alimentaria de pingüinos) pero no había registros de su presencia en glaciares antárticos. El proyecto, en carácter de piloto y enmarcado en la iniciativa AntarPlast, investigó la presencia de plástico en dos superficies de hielo: alrededor del lago Uruguay, fuente de agua potable de la dotación uruguaya en el continente; y alrededor del lago Ionosférico (un poco más alejado); ambos constituyen la zona de ablación del glaciar Collins ubicado la Isla Rey Jorge. Por zona de ablación se entiende el área donde se pierde el hielo y la nieve.

“Este problema abre la puerta a hacer estudios más grandes porque vimos fragmentos de plástico en varios bordes del glaciar incluso alejados de las zonas con presencia continua de personas”, señaló Teixeira de Mello.

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Fotografía de los plásticos recogidos en la superficie del glaciar. Se encontraron tres tipos: poliestireno expandido, poliéster y poliuretano. Foto: Evelyn Krojmal

Amenaza ambiental.

La investigación encontró microplásticos y mesoplásticos. Los primeros se definen como trozos de menos de cinco milímetros de cualquier derivado de plásticos. Su composición química puede ser muy variada dependiendo de su origen. En particular, muchos provienen de polímeros que se utilizan en un sinfín de aplicaciones de uso masivo: todo aquello fabricado con polietileno (PE), polipropileno (PP), poliestireno (PS), polietilenterftalato (PET) o poliuretano (PU); es decir, desde una bolsa del supermercado a una botella de refresco, pero también en cremas exfoliantes, pasta dental o jabones. La diferencia con los mesoplásticos es solo el tamaño: alrededor de 25 milímetros.

En el lugar se encontraron tres tipos: PE –lo que se conoce popularmente como espuma plast–, poliéster –asociado a fragmentos de pintura– y PU –“en criollo, la espuma amarilla que se usa para rellenar paredes–. El PE estaba presente en todos los puntos de muestreo; mientras que el poliéster solo fue hallado en la superficie del hielo alrededor del lago Uruguay.

“El trabajo consistía en ir todos los días cada 12 horas a evaluar la llegada de nuevas partículas de plástico”, apuntó Teixeira de Mello, quien también es investigador de Pedeciba Geociencias.

El lago Uruguay y el lago Ionosférico están cerca de la Base Científica Antártica Artigas pero, de todas formas, son considerados lugares “remotos” y, por lo tanto, “la llegada de plástico llama la atención”.

¿Pero cómo llega hasta ahí? Una vía obvia es por las corrientes marinas pero el factor que se analizó aquí es el efecto del viento. “Los microplásticos circulan dependiendo del movimiento de los vientos. Si logran levantar el plástico y elevarlo, lo puede transportar por muchísimos kilómetros. Por ejemplo, una pequeña fibra que se desprende de la ropa puede ser transportada y llegar a lugares donde no necesariamente te lo habías imaginado”, dijo el experto.

Y añadió: “Lo que vimos (en la Antártida) es que hay todo un ‘circuito’: microplásticos que podrían estar llegando por corrientes marinas, que podrían estar entrando en la zona terrestre a través de los vientos y (desde el glaciar) ser otra vez devuelto al mar a través de las cañadas de deshielo".

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Investigadores en la Antártida. Foto: Evelyn Krojmal

Esto último es lo que se continúa estudiando en la zona, así como la presencia de microplásticos en las playas y la interacción con aves y zooplancton.El estudio publicado en la revista especializada The Cryosphere y que, además contó con la participación de Miguel González Pleiter de la Universidad Autónoma de Madrid, apunta que estos hallazgos destacan una “amenaza potencial para el frágil ecosistema antártico, ya que se ha demostrado que la presencia de estos plásticos afecta la biota antártica”.

Desde los primeros informes de contaminación por basura en el lecho marino en la Antártida (en la década de 1970) y, posteriormente, en las playas y aves marinas (a partir de la década de 1990), el manejo de residuos fue contemplado en el Tratado Antártico. Este exige la eliminación de todo el plástico del continente blanco con la excepción de aquellos que pueden incinerarse sin producir emisiones nocivas. Sin embargo, una vez que los plásticos se descomponen en fracciones más pequeñas (mesoplásticos, microplásticos o nanoplásticos) y se dispersan por toda la región y las aguas cercanas, las medidas de gestión se vuelven muy difíciles de abordar pero estas son esenciales para preservar el ambiente limpio.

“Estamos expuestos a los microplásticos todo el tiempo”, advirtió Teixeira de Mello. Estos, a su vez, absorben contaminantes. Existe una estimación que dice que ingerimos a través del agua y del consumo de alimentos el peso de una “tarjeta de crédito” por año, es decir, unos siete gramos, sin saber todavía los efectos que puede tener en la salud humana.

Pandemia: sin efecto sobre el plástico.

La pandemia por coronavirus ha traído algunas buenas noticias para la Antártida o, por lo menos, para las poblaciones de pingüinos. La menor presencia de barcos y de turistas permite analizar si estas aves mejoran sus viajes de alimentación. ¿Estas condiciones también son favorables para reducir la presencia de plásticos en ese ambiente? “Lamentablemente tendería a pensar que esta reducción no va a tener efecto”, dijo Franco Teixeira de Mello a El País. Y explicó: “El plástico que ya está presente en la isla Rey Jorge ya es suficiente para que esté el circuito de movimiento y es un proceso que lleva años”.

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