CIENCIA

Henry Cohen: Se retira de la docencia uno de los mejores gastroenterólogos del mundo

El profesional uruguayo se jubila como profesor titular de la Facultad de Medicina, pero sigue con sus otras actividades dentro de la profesión. 

Henry Cohen
El 19 de noviembre cumple 65 años y debe jubilarse como docente de la Facultad de Medicina.

Henry Cohen se acuerda muy bien del momento en que decidió ser gastroenterólogo. Estaba en cuarto o quinto año de la carrera de Medicina y debía cursar la materia semiología gastroenterológica. Eran grupos chicos y en los primeros días se peleó con el docente. “Soy medio de decir lo que pienso, entonces me fui al grupo de mi compañero de estudio, Carlos Arburuas, hoy un prestigiosísimo cardiólogo”, recuerda. Eso lo llevó a toparse con el profesor Elbio Zeballos y la materia le encantó. “Era un docente de esos que nacen con la capacidad de enseñar”, cuenta de a quien años después reemplazaría en el cargo de profesor por su prematuro fallecimiento.

Se recibió de médico en 1981, se tomó el verano y el 15 de febrero de 1982 estaba en la cátedra de gastroenterología del Hospital de Clínicas preguntando qué había para hacer. El posgrado empezaba en abril, pero él no podía esperar. Lo aceptaron y, desde entonces, primero en forma honoraria y luego con cargo, ese fue uno de sus muchos lugares en una carrera llena de logros y reconocimientos. “Me di cuenta de que ese era mi presente y mi futuro”, apunta.

Esa forma de ser de tomar la iniciativa también lo llevó a terminar sus estudios en el exterior. “Cuando me estoy por recibir, unos amigos franceses que creían que me debían unos favores, me preguntan qué podían hacer por mí. Yo les digo ‘mirá, yo voy a estudiar gastroenterología, fui al Liceo Francés y soy medio francófilo, así que me encantaría estudiar allá’”. La suerte quiso que el cuñado de uno de ellos fuera profesor de esa especialidad, por lo que consiguió que le ofrecieran cursar el posgrado en Francia. Pero, al mismo tiempo, surgió la posibilidad de ganar una beca para estudiar en Japón, en este caso de cuatro meses.

“Tuve que tomar una decisión que fue difícil y que consulté con mi señora”, relata. Era toda una apuesta porque la propuesta de Francia era segura, mientras que la beca a Japón la tenía que ganar. Cohen se quería quedar en Uruguay, una idea que ha mantenido con el correr de los años si bien ha tenido propuestas concretas para irse a trabajar al exterior.

“Decirle no a los franceses fue complicado, como también fue complicado decirle sí a los japoneses cuando gané la beca porque estaba por nacer mi primer hijo. Un profesor argentino me llamó por teléfono y me dijo: ‘Tu hijo y tu señora un día te van a entender’ y me fui a Japón con mi hijo con 17 días y volví cuando tenía cinco meses”, dice sobre la decisión de la que jamás se arrepintió.

“La ida a Japón me cambió la vida”, reconoce quien volvería a ese país en 1987. Cuenta que allí aprendió a usar el ecógrafo y vivió de hacer ecografías durante mucho tiempo.

Presidente de Nacional

“Siempre digo que el principal punto de mi currículum es haber sido suplente de un presidente de Nacional”, cuenta Cohen. Fue a pedido de su gran amigo, el economista Eduardo Ache. Le tocó reemplazarlo en el segundo período presidencial, justo cuando Nacional salió primero, y Peñarol, último. Eso quedó registrado en una placa que cuelga en la sede, en la que aparece el nombre de Cohen. “Es algo que le voy a mostrar a mis nietos”, dice orgulloso.

Medio retiro.

En 2008, Cohen ingresó en la Academia Nacional de Medicina y desde hace dos años es su presidente. “Ahí, si no te echan, terminás cuando te morís”, apunta entre risas. A lo que sí lo “obligan” es a jubilarse del cargo de Profesor Titular, cosa que está ocurriendo en el día de hoy.

“El reglamento de la Facultad de Medicina estipula que los profesores nos tenemos que retirar al cumplir 65 años y eso me va a suceder el 19 de noviembre. Es algo con lo que estoy de acuerdo porque me parece muy bien que la gente joven tenga la posibilidad de ocupar lugares de decisión”, señala quien apenas está dejando una de sus tantas actividades; el resto continúa. “Me siento bien para seguir trabajando. Tengo trabajo en el Hospital de Clínicas y en la Facultad de Medicina, y sigo con mi consultorio”, acota.

Cuando en marzo de 2020 deje de ser el presidente de la Academia Nacional de Medicina, le estará dejando su lugar a la primera mujer que llegará a ese cargo, la profesora Graciela Lago. “No porque hoy esté muy en boga el tema de la mujer, sino porque corresponde que así sea; es una excelente especialista en medicina nuclear”, aclara.

Sabe que se estará yendo con la conciencia tranquila del deber cumplido y muchas conquistas que venían delineadas de directivas anteriores. Entre ellas destaca haber mejorado la calidad de las expresiones científicas; organizar actividades de primer nivel (lunes y martes próximos tendrán el Primer Encuentro franco-rioplatense de Academias de Medicina); la refacción del quinto piso de la Comisión Honoraria para la Lucha Antituberculosa para usarlo como sede de la Academia; la incorporación de dos comunicadores para mejorar el contacto entre los médicos y con la sociedad, y el pronto anuncio del Premio Nacional de Medicina, para el cual se han postulado 11 trabajos.

Otro de sus grandes orgullos es la Sala de Endoscopía del Hospital de Clínicas, parte de la cátedra de Gastroenterología que dirige hace 15 años. “Es quizás la que ha necesitado más inversión de capital porque mucho de lo que ahí se hace depende de tener equipos nuevos y buenos”, remarca sobre un lugar que cuenta con personal de primer nivel, tanto médico como de enfermería, muchos de ellos formados en el exterior. Todo gracias al apoyo de las autoridades del Clínicas y de la Facultad de Medicina, pero fundamentalmente gracias a la ley nacional que permite que las empresas privadas que sean donantes a la Universidad de la República tengan una deducción de impuestos de hasta el 82%.

“Es una mezcla de alegría y orgullo por lo que hemos logrado en toda la cátedra, que viene de lo que he aprendido y de los que estaban antes que yo”, señala.

Por si fuera poco, Cohen es director en Uruguay del proyecto ECHO, que tiene por objetivo democratizar el acceso a la atención médica para las personas que viven muy lejos de las grandes ciudades, preparando al personal médico de esas zonas y dándole apoyo mediante el uso de la telemedicina. Esta es una idea del gastroenterólogo indio Sanjeev Arora, de la Universidad de Nuevo México (Estados Unidos), que hoy se aplica en 35 países en todo el mundo y trata más de cien enfermedades.

En Uruguay cubre 15 enfermedades, con el apoyo de ASSE, y el país ha logrado la categoría de superhub, que consiste en ser un centro de referencia internacional para formar personal. Es el único que entrena en español.

Hoy, al cierre de la primera jornada del Curso de Actualización en Gastroenterología, el doctor Cohen recibirá un reconocimiento de sus pares. Habrá profesionales del exterior y estará su gran maestra, la doctora Elena Fosman, y el doctor Eamon Quicley, quien lo invitó a ser parte de la Organización Mundial de Gastroenterología que Cohen terminó presidiendo. También estarán su familia y sus más grandes amigos. Un momento emotivo más de los tantos que este gran profesional ha vivido en una carrera para cuya despedida definitiva aún falta.

La importancia de Turquía en su vida

En setiembre, recibió el Masters of the WGO 2019, en Estambul.
Un sábado de mayo de este año, muy temprano, Henry Cohen abrió su correo electrónico y se encontró con una hermosa sorpresa: la Organización Mundial de Gastroenterología (WGO) lo había elegido como uno de los Masters of the WGO.
“El premio es impresionante y jerarquiza al mejor gastroenterólogo del mundo. Dan uno por región en cada congreso mundial de la especialidad”, explicó el galardonado.
El valiosísimo reconocimiento venía con la carga emotiva que se entregaba en Estambul, Turquía, donde nació la abuela de Cohen. “Ella se mudó con mi abuelo, que había nacido en Alejandría, al Uruguay en la década de 1920. Y mi papá nació acá en 1927”, contó quien antes de casarse decidió viajar a Estambul a conocer a la poca familia que le quedaba allí.
Cosas de la vida quisieron que en 2011 le tocara asumir la presidencia de la WGO en la ciudad turca de Antalya, por lo que volvió a Turquía, esa vez acompañado de su señora, sus dos hijos, su profesora Elena Fosman, su cuñada y su hermano. Este último transmitió la ceremonia por internet y así su padre, que ya estaba muy enfermo, lo pudo ver.
En 2019, para la entrega del Masters of the WGO, pudo estar presente su madre, que en 2011 se quedó al cuidado de su padre que falleció tiempo después.

Otros reconocimientos

El Colegio Americano de Gastroenterología le dio un reconocimiento al liderazgo internacional en 2014 y la Sociedad Interamericana lo nombró maestro de la gastroenterología latinoamericana.

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