COMPAÑÍA

Hadas madrinas para mujeres con cáncer internadas en el Pereira Rossell

Hace 12 años que la organización Honrar la Vida ayuda a las pacientes oncológicas; ahora trabajan en el acondicionamiento de su local propio

Lideradas por Zulma Camacho, hoy hay unas 70 mujeres dispuestas a ayudar a las pacientes con cáncer del Hospital de la Mujer del Pereira Rossell. Foto: Honrar la Vida
Lideradas por Zulma Camacho, hoy hay unas 70 mujeres dispuestas a ayudar a las pacientes con cáncer del Hospital de la Mujer del Pereira Rossell. Foto: Honrar la Vida

"Una de las pacientes que más recuerdo es Astrid, una mujer que tenía un esposo que era viajante y vivía en Colón. De repente estaba sola con su enfermedad y se sentía mal. Estuvo 14 años transitando la enfermedad. Íbamos hasta su casa, tomábamos el té, llevábamos una torta, nos disfrazábamos, nos poníamos pelucas y maquillaje y la pasábamos bien. Ella se divertía y se distraía. Tratábamos de que se olvidara de eso; no solo ella, sino varias”. Eso pasaba en torno al Hospital de la Mujer del Pereira Rossell allá por 2007, cuando Zulma Camacho llegó como acompañante de una amiga que tenía cáncer de mama y empezó a ayudar a las demás mujeres que se encontraban allí. Les iba a buscar las recetas, les hacía trámites o mandados.

“Dos años después, aunque parezca increíble, esa misma amiga me estaba acompañando a mí porque yo tenía cáncer de mama. Se ve que ese era mi lugar”, relató esta maestra retirada de 64 años que debió dejar el jardín de infantes que tenía en ese momento para tratar su enfermedad. Hacía poco que se había enojado con su mutualista y se había borrado. “A la dos semanas me encuentro un bultito en el seno y no sabía qué hacer ni para dónde ir”, dijo quien no imaginaba que en Salud Pública la pudieran atender si no tenía el carné de asistencia.

“En 15 días me hicieron absolutamente todo lo que no me habían hecho en toda la vida en la sociedad médica y me operaron”, apuntó. Fue en julio de 2009, cuando ya eran 36 las mujeres que se ayudaban unas a otras en el Pereira Rossell e iba tomando forma la fundación Honrar la Vida, estructura legal que necesitan para trabajar dentro del hospital.

Honrar la Vida
Honrar la Vida

Desbordadas

La principal función de Honrar la Vida es actuar como Madrinas de Compañía de las pacientes que están internadas solas, ya sea porque no tienen familia, están en situación de calle, su familia vive en el interior o las abandonan al conocer el diagnóstico de los médicos.

“Nosotras estamos ahí los 365 días del año. Cubrimos el horario de la visita (16:00 a 20:00), el de la merienda y el de la cena. El horario de la mañana está cubierto por los médicos y no se puede estar deambulando por el hospital. Nosotras estamos, pero en la sede, haciendo otras tareas”, explicó Zulma en alusión al espacio que el Pereira Rossell les cedió dentro del hospital en 2016, en reconocimiento por su trabajo.

Se las identifica por su ponchito bordó, que utilizan desde el año pasado por disposición de la nueva dirección del hospital. “A nosotros nos parecía mejor no usar nada porque, como pasamos a ser la familia de la paciente mientras está ahí, nos gustaba que nos vieran como una visita más”, apuntó y aclaró que han pasado a ser más que una simple compañía. Se han hecho cargo de hijos que quedan solos en las casas, han organizado rifas o juntado dinero para que los parientes del interior puedan viajar a Montevideo y han hecho frente a todo tipo de problemas domésticos.

“Hay una paciente a la que se le inundó la casa por las lluvias y hemos tenido que irla a sacar de ese lugar, llevarla a otro lado y conseguir los materiales para que un grupo de amigos, vecinos, la brigada del SUNCA le hicieran el techo”, detalló. La mayoría son mujeres solas, sin padre de familia, con trabajos informales que, cuando dejan de producir, “de ir a la feria con un carrito a hacer la diaria, ese día los hijos dejan de comer”.

Talleres de salida laboral y solidaridad

Hace seis años comenzó el Taller de Pelucas y hoy es una filial de Pelucas Esperanza, grupo que funciona en Argentina y que les dicta talleres.

Como se cuenta con profesoras de primer nivel que se ofrecen para dar talleres de arte, pintura, música, manualidades y tejido, se crearon los Talleres de Salida Laboral. “Para que puedan hacer la diaria”, explicó Zulma Camacho, presidenta de Honrar la Vida. El proyecto ha ido creciendo y ya les han ofrecido espacios muy importantes de Montevideo para comercializar los productos. Además, llevan adelante la iniciativa Tejiendo por la Vida, en la que mujeres de todo el país tejen cuadrados de crochet que se convierten en mantas. Este año, entregaron 220 al Pereira Rossell, el INCA y el Hospital Maciel.

Recursos

El dinero del que puede disponer Honrar la Vida proviene de socios colaboradores, lo cual por un lado es muy positivo pero, por otro, las ha hecho asumir más tareas de las que pueden afrontar.

De todas formas, lo que más necesitan es capital humano, más personas dispuestas a sumarse a la fundación. “¡Sería fabuloso!”, exclamó Zulma. “Lo pueden hacer en cualquier momento. Se pasa por un equipo de gente que aprueba si están capacitadas. Hacen falta muchas manos porque la mayoría de las veces hay una sola y en realidad necesitamos que por lo menos sean dos. Una se queda acompañando a la paciente que necesita ayuda y la otra recorre las demás salas a ver quién está de alta, quién vino, qué necesitan”, explicó a El País.

Honrar la Vida
Honrar la Vida

Y agregó que ellas proveen los camisones, los artículos de higiene y todo lo que necesita la paciente dentro del hospital. “Son cosas que nos donan muchísimo: jabones, pantuflas, toallas, saltos de cama. Eso y el pelo es algo que llega mucho”, apuntó sobre el Taller de Pelucas.

De las 36 mujeres que iniciaron Honrar la Vida, quedan cinco con vida. “Ahora somos 70, mujeres maravillosas, solidarias de todos lados, de todos los estratos sociales”, destacó Zulma, quien por esas cosas de la vida cambió a los niños por las pacientes con cáncer, sumó fortaleza y hoy vive para esta tarea. “Lo tenía marcado. La enfermedad me iba a situar en un lugar diferente y dar otra perspectiva de la vida”, concluyó quien ya pasó por cinco operaciones y no afloja ante nada.

Historias que demandan de un temple muy especial

Varias historias mencionó Zulma. Recordó a una señora que fue por cáncer de útero, “que siempre es más grave porque cuando van a internarse es cuando ya es visible y no tiene solución, es terminal”, explicó. “La mujer había dejado en la casa a su hija de 9 años a cargo de su hijo de 4. Algunos vecinos los ayudaban y les daban de comer, porque se enteraron por casualidad, no porque ella se los hubiera pedido”, relató angustiada. Casos como este o el de dos chicas muy jóvenes que hoy están en etapa terminal, una de ellas con un bebé de seis meses, demandan de un temple muy particular. “Tenemos talleres con una psicóloga sobre cómo acompañar y cómo trabajar el tema de la muerte”, comentó.

Manos a la obra para inaugurar
el hogar

Desde hace un tiempo, la Intendencia de Montevideo les prometió una casa para abrir un hogar para las mujeres con cáncer en etapa terminal y en situación de calle. Cansadas de esperar, las integrantes de Honrar la Vida decidieron alquilar una propiedad a dos cuadras del Pereira Rossell que recién están empezando a acondicionar.

“Es exclusivamente para mujeres que no tienen a dónde ir, a las que el hospital aguanta muchísimo, pero que en un momento necesita las camas para otras pacientes. Entonces les da el alta y se van a morir a la calle y mal”, detalló Zulma. “Los cuidados paliativos se los hacen a domicilio, pero como no tienen casa y no vuelven porque ya no hay nada para hacer, mueren en malas condiciones ya que no tienen la medicación para los últimos días”.

El objetivo de Honrar la Vida es ofrecerles una casa para que transiten dignamente lo que les queda de vida. “No son muchas las que están en esa condición pero, con que haya una, ya vale la pena”, destacó.

La idea es que en esa casa también puedan funcionar los Talleres de Salida Laboral, dado que el espacio con el que cuentan en el Pereira Rossell es muy chico.

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