ENTREVISTA

Experto argentino: "Las vacunas van a ser la solución"

Gonzalo Pérez Marc no tiene dudas de que la vacunación terminará con la pandemia pero sus efectos se verán a finales de 2021; pretende traer una estrategia terapeútica a Uruguay para potenciarla

Gonzalo Pérez Marc
Gonzalo Pérez Marc. Foto: La Nación

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No estábamos preparados. Hay que reconocerlo. Y hacer “autocrítica”, dijo el argentino Gonzalo Pérez Marc, quien este año trabajó para descubrir la eficacia del plasma de convalecientes en los tres primeros días del contagio y el ensayo clínico de fase III de la vacuna del laboratorio Pfizer en Argentina, dos hechos que cree que deben asociarse: una campaña de donación de plasma de personas vacunadas para proteger a los grupos de mayor riesgo. Y, como en el futuro sucederá otra pandemia, a su juicio más vale aprender ahora “como correr una maratón”.

—¿Cuáles son las principales lecciones de la carrera vertiginosa contra COVID-19?
—Una de las grandes cosas que hemos aprendido es que estamos capacitados para hacer estudios de investigación grandes, particularmente en vacunas, a una velocidad mucho mayor a la que estábamos acostumbrados sin resignar calidad. Ha ayudado mucho saber que había una voluntad política unificada a nivel mundial detrás de este objetivo que implicó también financiamiento continuo. Quedó en evidencia que la ciencia con apoyo político y financiamiento amplio se puede hacer a gran escala y mucho más rápido. Una vacuna lleva entre seis y 10 años. Pero en este caso se hizo de forma de emergencia. Los tiempos se acortaron a tiempos que no son los que van a suceder a futuro pero ponen el signo de pregunta. Se podría pensar que podrían acortarse a la mitad.

—¿Qué problemas vio en la comunicación?
—Es otra cosa aprendida. A nivel científico y de divulgación científica debemos seguir manejándonos con el método científico aun en caso de emergencia, en vez de apresurarse en las conclusiones. Esto se hizo a nivel de los tratamientos y de los diagnósticos con aceleraciones epidemiológicas de qué iba a pasar en el futuro, conclusiones sobre mortalidad y letalidad pasados dos meses, sobre cómo estaba bien o mal la estrategia de un país. Desde el principio se tendría que haber contemplado que estábamos por empezar a correr una maratón y no una carrera de 100 metros. Tanto a nivel gubernamental como científico se han dilapidado un montón de ideas y de estrategias simplemente por querer forzarlas y se ha comunicado mal a la gente, muchas veces, por querer dar una respuesta antes de tenerla. Lo que nos ha dejado la pandemia es pensar que la bioética no debería cambiar en caso de emergencia, sí adaptarse, pero no modificarse.

—¿Faltaron mensajes claros?
—He visto muchos problemas de comunicación en todos los gobiernos. Y han dejado que se divulgaran un montón de informaciones preliminares, simplemente, por el hecho de apurar la comunicación. Me da la sensación de que hay que hacer un análisis de ese equilibrio entre la necesidad de darle una respuesta política a la población y la pertinencia de lo que se está diciendo a nivel científico porque sino se termina generando una disrupción muy grande en el mensaje. Y, una vez que empezás a dar mensajes contradictorios o erráticos, das lugar a que haya colectivos que siempre trabajan desde la conspiración y la paranoia y en situación de crisis psicológica y social, como es una pandemia, se agravan esas tendencias. Es como estimular un caldo de cultivo que no puede menos que salirte mal porque el otro no tiene ningún reparo en comunicar su verdad rídicula. ¿Por qué los gobiernos no han hecho comités asesores especializados internacionales? A nivel Mercosur podría haber funcionado muy bien para bajar una línea unificada para toda la región.

—¿La vacunación debe ir asociada a otras vías terapéuticas?
—Las vacunas van a ser la solución a la pandemia. Pero el efecto de rebaño no lo vas a tener, en el mejor de los casos, hasta fines del año que viene y en algunos países del mundo. Entonces, hay que pensar otras estrategias. Lo que proponemos es el uso de plasma de convalecientes para pacientes tempranos. Hicimos un estudio que prueba la eficacia del uso de plasma de alto título, es decir, de muchos anticuerpos, en el grupo de mayor riesgo que eran mayores de 65 años. El uso temprano en los primeros dos o tres días de síntomas ha probado ser eficaz por arriba del 70%. Es una estrategia para que la gente no se muera mientras estás vacunando y se potenciaría con la vacunación porque la gente que es vacunada genera un altísimo título de anticuerpo, mucho mayor que la gente que se enferma naturalmente. Podrías hacer una gran campaña de vacunación que, además, es un acto de solidaridad, para donar plasma después del mes. Estamos en contacto con médicos muy importantes de Uruguay porque queremos llevar acabo esta estrategia en ambos países.

—¿Cómo ha visto el manejo de la pandemia que ha hecho Uruguay?
—Lo de Uruguay, hasta ahora, ha sido un éxito. Ha tenido una respuesta rápida, medida, hasta con reconocimientos por ciertos descubrimientos científicos y es muy bueno lo que se ve desde aquí. Uruguay hizo las cosas muy bien; me cuesta comparar porque no quiero ser injusto con Argentina por más que no nos fue bien porque son modelos diferentes. Pero vemos que la posibilidad de haber tenido una primera ola muy buena o haberla retrasado para tenerla recién cuando llegan las vacunas es mejor porque las consecuencias van a ser mejores y están mucho más preparados y eso es mérito de Uruguay. El tiempo comprado está rindiendo porque ahora tenés otras herramientas. Me parece que ese es el gran mérito uruguayo.

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