NATURALEZA

El delfín franciscana es autóctono y está en peligro; biólogo marino estudia su voz

Javier Sánchez Tellechea es experto en acústica submarina; ahora escucha atentamente los sonidos de las franciscanas

delfín franciscana
El delfín franciscana habita en las costas de Argentina, Brasil y Uruguay. Foto: Mundo Marino

Es pequeño. No mide más de dos metros de largo. Y es de color marrón. Se camufla bastante bien con las aguas del mismo color del Río de la Plata e, incluso, en la turbiedad del océano Atlántico. Pero el delfín franciscana –autóctono– es tímido. “Evita todo contacto humano”, señaló Javier Sánchez Tellechea, biólogo marino e investigador de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República. Esto lo diferencia de sus pares en Argentina y Brasil donde aparecen con más frecuencia en playas y ríos. Se cree que su distribución se limita a aguas costeras, a profundidades menores a 30 metros. En realidad, quizás no es timidez, sino supervivencia.

“Lamentablemente, la franciscana (Pontoporia blainvillei) está siendo amenazada por las redes de los pescadores artesanales”, apuntó a El País.
No se tiene un número de cuántos ejemplares mueren al año. Algunos estudios hablaban hace un tiempo de entre 300 y 400 delfines pero Sánchez Tellechea cree que, actualmente, son más. “Podemos estimar porque vemos los cadáveres que aparecen en la playa pero hay zonas que son de difícil acceso”, dijo. Y añadió: “La Dirección Nacional de Recursos Acuáticos no tiene control sobre los partes de pesca artesanal. No se sabe cuántas franciscanas mueren en las redes”.

Desde 2008, esta especie está catalogada como “vulnerable” por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) y está “a un paso del estado de peligro”. Sánchez Tellechea cree que ya debería ser entendida así. “Si seguimos a este ritmo la vamos a extinguir en la costa uruguaya. Estamos con números rojos”, afirmó.

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Se considera que el delfín franciscana es el cetáceo más amenazado de América del Sur. Foto: Mundo Marino

Sonidos de los delfines.

 El plan, por supuesto, es protegerlos. Pero para eso se necesita información, por ejemplo, dónde se los encuentra en la zona. Sánchez Tellechea y Walter Norbis, ambos integrantes del Laboratorio de Fisiología de la Reproducción y Ecología de Peces, y Carlos Negreira, del Laboratorio de Acústica Ultrasonora del Instituto de Física, recibieron financiación de la Udelar por medio de CSIC (Comisión Sectorial de Investigación Científica) para lograrlo. La clave está en escuchar la voz de los delfines.

El biólogo marino tiene más de 10 años de experiencia en el área de la acústica submarina. Se recibió con una investigación sobre el sonido de la corvina blanca o roncadera. Y ya ha estado trabajando con la franciscana y con el delfín nariz de botella.

La propuesta ahora es el armado de una red de boyas con la tecnología para detectar espacial y temporalmente por medios acústicos de escucha pasiva la presencia de franciscanas y otros cetáceos desde Chuy hasta Colonia. En especial se busca determinar las áreas de ocurrencia (uso de hábitat). Tres ya son conocidos por los investigadores (aunque algunos todavía no fueron publicados): Santa Lucía del Este, Las Pipas en Carrasco y el río Santa Lucía hacia San José. “Sabemos que están pero no sabemos exactamente dónde ni cuántos individuos”. Y añadió: “La acústica submarina nos permite tener esa información que es prácticamente imposible de detectar en un barco”.

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Algunos estudios hablaban hace un tiempo de entre 300 y 400 delfines muertos por año, pero Sánchez Tellechea cree que, actualmente, son más. Foto: Mundo Marino

Las boyas –ya hay tres construidas y colocadas por el propio Sánchez Tellechea– llevan equipos de grabación de alta frecuencia, el rango en el que los delfines emiten sus sonidos. También lanzan lo que se conoce como burst clicks, chasquidos breves que utilizan para la ecolocalización.

Además, se pretende determinar el ruido de fondo en los ambientes costeros producto de las actividades humanas para conocer si existe una relación entre la presencia de cetáceos y las áreas más y menos ruidosas.

“Los delfines tienen un rango de movimiento bastante grande pero son fieles a un sitio y necesitamos encontrarlos con exactitud”, explicó.

En comparación, el biólogo marino señaló que Argentina y Brasil están realizando más esfuerzos para preservar sus poblaciones de franciscanas que Uruguay, aunque, por lo menos, es un logro que se hayan podido identificar algunos lugares recurrentes. La red de boyas completará el mapa para así determinar dónde hay que establecer medidas de conservación.

Repertorio de la ballena franca.

Otro de los proyectos para 2021 del biólogo marino Javier Sánchez Tellechea es un estudio a largo plazo para saber “exactamente cuál es el rol acústico de la ballena franca”. Así lo explicó: “La ballena franca tiene un repertorio que va desde sonidos para atraer pareja, para contactar a otros grupos, de filiación madre-cría, sonidos de reproducción; queremos saber cuáles son los sonidos más predominantes en la costa uruguaya”. Se colocarán boyas con telefonía celular en la playa Mansa de Punta del Este y en La Paloma. “Así podremos decir cuál es el estado de la población y cuáles son las perturbaciones”, añadió.

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