HISTORIA

"¡Cosas maravillosas!": Los misterios del Antiguo Egipto en Uruguay

Momia, estatuas de procedencia incierta y objetos del abuelo de Tutankamón sorprenden en un recorrido por la colección egipcia del MuHar

Esoeris  momia
Esoeris en el MuHar. Foto: L. Mainé

"¿Ve usted algo?” “¡Sí, cosas maravillosas!” El 4 de noviembre de 1922, en las primeras horas del día, Howard Carter solo pudo responder eso cuando vio dentro de la tumba de Tutankamón, en el Valle de los Reyes de Luxor. Al primer escalón le siguió la escalera completa, una puerta sellada con el nombre del faraón y un pasillo lleno de escombros. Lo que siguió después fue uno de los momentos más brillantes de la historia de la arqueología.

Desde este mes y hasta noviembre, historiadores, arqueólogos y apasionados por el Antiguo Egipto celebran este aniversario con cursos, conferencias y actividades para acercar al público las leyendas y la magia de una de las civilizaciones más fascinantes de la historia. Y, para ir abriendo boca, El País relata algunos de los secretos egipcios que se esconden en Uruguay.

Momia en Uruguay.

Una parada obligada al recorrer la colección egipcia del Museo de Historia del Arte (MuHar) es conocer a Esoeris, la pieza arqueológica de esta civilización más importante en el país. Víctor Capuchio es su curador honorario y la ha estado investigando desde hace más de 15 años. Gracias a estos estudios y los análisis realizados por las facultades de Ciencia y Química, laboratorio Beltrán Zunino, la Sociedad de Estudios de Historia Antigua y el Centro Multidisciplinario de Diagnóstico -Tomografía Computada, se han revelado muchos de sus misterios.

Por ejemplo, quién fue en vida. Los jeroglíficos de su ataúd dan la respuesta. “El hombrecito con un palito” indica que es una tañidora del sistro (instrumento musical con el que se acompañaban las procesiones religiosas) del Templo del dios Min en la ciudad de Akhmim. La “viborita y ese otro palito” significa “palabras dichas o pronunciadas” y lo que le sigue es su nombre: “Aset Weret”, que puede ser traducido como Gran Isis. Se dice también que es hija de Nespamay, un estolista (quien vestía al dios) y que su madre era la señora de la casa de la que no se sabe el nombre con exactitud porque la madera del ataúd está muy deteriorada pero que Capuchio y un colaborador dicen que puede ser Taamin.

Momia máscara
Máscara funeraria de la momia Esoeris, que se conserva en el museo de la Intendencia de Montevideo.

“El resto del texto corresponde a quién la protege y hay varios nombres. El ave ibis sentado arriba de una percha es Thot, dios de la sabiduría”, explicó Capuchio. En el ataúd también aparece una figura femenina alada y de rodillas, seguramente la representación de la diosa Nut.

¿Y cuándo vivió Esoeris? Los primeros estudios de radiocarbono (hechos con pequeños trozos desprendidos de lino de las vendas) la ubicaron entre los años 640 y 340 antes de nuestra era. Pero, a juicio de su colega, el doctor Santos, puede haber un error que la puede acercar hasta 200 años hacia el presente. La diferencia puede deberse, entre otors motivos, a que el ataúd fue extraído de la necrópolis en una época en la que los saqueos eran moneda corriente por lo que pudo haber sufrido distintas contaminaciones.

El curador estudia ahora algunas características físicas de Esoeris que prefirió no comentarlas públicamente. Lo que dijo es que el resultado permitirá conocer más sobre algunos manejos de su cuerpo posteriormente a su muerte.

Gracias a Esoeris, Capuchio ha sido invitado a investigar momias y objetos en otros museos egiptológicos del mundo como, por ejemplo, el de Berlín –del que provienen varias piezas del MuHar como el calco en yeso del original busto de Nefertiti y de Akenatón, madrastra y padre, respectivamente, de Tutankamón–. Así cumplió el sueño de vida: un contrato de cinco años para trabajar en un monumento en el propio Egipto. A ese se le agregó otro para sumarse a otra excavación que culmina el próximo año. Actualmente, trabaja en una tumba que será recreada en el MuHar.

Tres grandes hitos.

Los amantes de la historia del Antiguo Egipto celebran tres grandes hitos este año: 100 años del descubrimiento de la tumba de Tutankamón por Howard Carter, 200 años del desciframiento de los jeroglíficos y inauguración del nuevo Gran Museo Egipcio en El Cairo con 100.000 reliquias egipcias. Entre estas piezas se destacarán, sobre todo, las dos salas dedicadas al enigmático faraón.

Más tesoros.

Esoeris será la “vedette” del MuHar pero Kefrén –quien está enfrente– también encierra una buena historia. No se sabe cómo llegó a Uruguay. Quizás ambas piezas fueron adquiridas en El Cairo por el ingeniero Luis A. Viglione en 1889. Al año siguiente dona la momia al Museo Nacional de Montevideo (hoy Museo Nacional de Historia Natural) pero no pasó lo mismo con Kefrén. Por una carta que le envió a Dardo Rocha, fundador de la ciudad de La Plata, se sabe que trajo una para el museo de la nueva ciudad pero no que había comprado otra pieza igual. “El corazoncito uruguayo de Viglione le hizo apartar una pieza para su país”, conjeturó Capuchio.

Se trata de un Kefrén coronado, tallado en diorita, cuyo original se exhibe en el Museo del Cairo. ¿Y quién fue? Fue el cuarto faraón de la dinastía IV de Egipto, hijo de Keops y constructor de la segunda pirámide de Guiza.

Kefrén
Kefrén. Foto: L. Mainé

“A finales del siglo XIX era muy normal ir a países exóticos como Egipto y que alguien con poder económico adquiriera piezas originales. Hoy en día es impensable”, apuntó Capuchio a El País.

Otra pieza interesante del MuHar es un pedacito de piedra de tan solo 10 centímetros de largo. La descripción dice lo siguiente: “Fragmento de relieve con cabeza de faraón en pieza caliza. Dinastía XVIII”. La dinastía XVIII es considerada como el periodo de máximo esplendor de la civilización faraónica.

Capuchio viajó a Egipto varias veces para comprobar una hipótesis: que ese fragmento puede pertenecer al Templo de Hatshepsut, en Deir el-Bahari, “por muchos hoy considerado el templo más hermoso de todo Egipcio”. ¿Y cómo llegó a esa conclusión a partir de 10 centímetros? Así lo contó: “En ese pedacito podés deducir algún jeroglífico y podés examinar las características estilísticas del personaje que se observa. Se ve como una media luna (el heka) que es parte del bastón de mando y la cobra que adornaba las coronas. Ese tipo de corona es para determinado tipo de ceremonia y esa ceremonia no va en cualquier parte del templo. Por los fragmentos de jeroglíficos, el mentón, la forma de la nariz, la colocación de los ojos y las cejas llegás a dos o tres candidatos y dos de ellos están en un solo templo que es el de Hatshepsut. Puede ser ella o Tutmosis I, su padre”

Y añadió sin que nadie le pregunte nada: “Eso es ser enfermo por la egiptología. Es mi autodiagnóstico”.

Cerca del fragmento de relieve hay otra pieza paradigmática. Se trata de un escarabajo que perteneció a Amenofis III, el abuelo del propio Tutankamón. El objeto está puesto sobre un espejo porque debajo oculta un mensaje: una carta que envió el faraón anunciando que se iba a casar. “Esta esposa se convirtió en una de las principales mujeres que influenciaron la dinastía XVIII”, comentó el curador. Hay unos 600 escarabajos similares desperdigados en museos del mundo.

Nefertiti
Nefertiti en el MuHar. Foto: L. Mainé

Fuera del museo.

Hay más secretos egipcios en Montevideo. Algunos están en el Cementerio del Buceo. Allí se puede ver, por ejemplo, panteones con esfinges, lotos y papiros. La arqueóloga Ana Gamas, quien prepara un recorrido en coordinación con la Intendencia de Montevideo por el área en el marco de las Actividades Egiptológicas para este año, explicó a El País que estas representaciones pueden ser observadas en forma de columnas, estatuaria o en detalles como herrajes.

“Algunos elementos fueron significativos a lo largo de toda la historia del Antiguo Egipto y son los que mayormente han llegado hasta nuestros días, muchas veces al ser sincretizados con otras corrientes. Por ejemplo, el papiro representa al Bajo Egipto (el Delta del Nilo, al norte de Egipto); la flor de loto simboliza la vida, la creación, el renacimiento y el sol representa al Alto Egipto, al sur de Egipto. La representación de ambos simboliza la unión de ambas tierras. Eran uno de los símbolos de la realeza, ya que representaban la fuerza y el poder del león y la vida después de la muerte, motivo por el que aparecen en muchas tumbas en forma de relieve”, contó.

Jeroglíficos y magia: cursos para aprender sobre Egipto.

Desde mayo hasta noviembre hay una amplia lista de Actividades Egiptológicas para conmemorar los 100 años del descubrimiento de la tumba de Tutankamón y los 200 años del desciframiento de los jeroglíficos egipcios. Habrá cursos de introducción a la egiptología, de egipcio clásico jeroglífico, religión y magia egipcia y más en el correr del año. Habrá conferencias de expertos internacionales, entre ellos, la biógrafa de Howard Carter. Todos los interesados pueden tener más datos en la cuenta de Intagram @UruguayEgiptologico o a través de [email protected] y al teléfono 099 607 965.

El MuHar planea realizar un cierre del año en la explanada municipal en noviembre.

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