COMO URUGUAY NO HAY

Confinamiento en Uruguay: dos holandeses “más valiceros que los valiceros”

Escapaban de una vida convencional en Europa; ahora se quedan en un rancho en Valizas hasta el fin de la pandemia

HOLANDESES coronavirus  uruguay
jan y Pleun en el rancho que alquilaron en el balneario de Valizas.

Jan Kuijs y Pleun Peperkamp se enteraron que el coronavirus había llegado a América del Sur el 13 de marzo, el día que manejaron a Montevideo desde Rocha donde habían pasado unas semanas. Ellos prefieren viajar a destinos poco convencionales y mantener sus celulares apagados, por lo que sintieron una gran conmoción cuando se detuvieron por un café y el dueño del local les dijo que las fronteras estaban cerradas. Estar desconectados del mundo había significado que lo último que habían escuchado era que la COVID-19 todavía estaba confinada en Europa y Asia.

Entonces, luego de pasar unos días en un hostel de la capital con una conexión estable a internet para ponerse al día con las noticias y comunicaciones, la pareja decidió regresar a Rocha y alquilar un lugar.

El viaje lo habían comenzado hace más de medio año. En los Países Bajos, Jan y Pleun son trabajadores sociales. Pleun, de 28 años, trabajaba en un centro juvenil. Jan, de 36 años, orientaba a refugiados sirios y de otras nacionales durante sus primeros meses en Holanda. Sus trabajos eran estables. Todo el mundo esperaba que formaran una familia. Sus vidas se sentían como si ya hubieran sido trazadas en contra de su voluntad. Además, sentían que una gran cantidad de reglas, regulaciones y restricciones limitaban su vida diaria, al tiempo que percibían una tensión creciente en el viejo continente. Era hora de hacer un cambio.

Sus planes eran extremadamente laxos, pero sabían que querían pasar un período significativo, entre uno y cuatro años, viajando por América del Sur y América Central. Así que aterrizaron en Brasil en septiembre de 2019.

Realmente no tenían mucha idea de adónde iban a llegar y admiten que muchas de sus decisiones se tomaron sobre la marcha. Habían imaginado que podían hacer dedo para moverse. Fue solo cuando aterrizaron en Brasil, que rápidamente se dieron cuenta de que las distancias –no mencionaron el factor de seguridad– eran mucho más grandes de lo que esperaban.

HOLANDESES coronavirus  uruguay
Antes de llegar a Uruguay, estuvieron en Brasil, Chile, Argentina y Paraguay. Aquí arribaron en marzo.

Su investigación había sido limitada. De hecho, de las ocho entrevistas que realicé para esta serie, Jan y Pleun fueron la única pareja que no me contactó a través de Guru'Guay. Una amiga holandesa que vive en Castillos me recomendó hablar con ellos. “Llevan unos meses viviendo en Valizas y son más valiceros que los valiceros”, me dijo.

Después de viajar por Brasil, volaron hacia Santiago de Chile, compraron un automóvil de segunda mano y lo llamaron Frenkie. Mientras esperaban por los papeles, lo llevaron al norte, al desierto, una vez más sin acceso a internet. Por eso, cuando regresaron a la capital, los tomaron por sorpresa los disturbios y el estado de emergencia. “Diferente pero interesante”, observó Pleun.

Como Uruguay no hay

Karen A. Higgs es autora y referente internacional sobre Uruguay a través de su plataforma, Guru’Guay. Por ocho semanas compartirá el ciclo Como Uruguay no hay sobre extranjeros que se encontraron varados por la pandemia y cómo descubrieron que una situación, a priori, angustiante, les otorgó un refugio. Aquí la historia de Jan Kuijs y Pleun Peperkamp, dos holandeses que se instalaron en la natural Valizas.

Con los papeles del coche en regla, se dirigieron a la Patagonia. Cruzaron varias veces las fronteras hasta Ushuaia, donde recibieron el Año Nuevo a bordo de un barco de la Armada española. Condujeron de nuevo hacia el norte, recorriendo las Torres del Paine y el Fitz Roy. Celebraron el carnaval en Paraguay y visitaron las cataratas de Iguazú.

En marzo llegaron a Uruguay. Y luego lo hizo la pandemia. Tras orientarse en Montevideo, la pareja regresó a Valizas a principios de abril. Alquilaron un rancho rústico de madera del que se enamoraron, a pesar de que las ventanas tenían nylon y les pusieron vidrios en julio. “En casa –dijo Pleun– solíamos vivir en un apartamento. Nos encanta esta forma de vida más básica. Es algo que realmente necesitamos experimentar y no necesitamos nada más”.

Debido a las protestas de algunos residentes de pueblos costeros en las primeras semanas de la pandemia, les pregunté cómo respondieron los habitantes de Valizas a su regreso. Pleun señaló que se sintieron muy bienvenidos. Durante las dos primeras semanas, el propietario del rancho les pidió que hicieran cuarentena, lo que cumplieron con mucho gusto. Se tomó el tiempo para explicarlas cuáles eran los requisitos locales. Después de esa cuarentena inicial, “aunque todo estaba cerrado, la gente no intentó evitarnos”, comentó. El personal del supermercado les explicó la regla de un comprador por familia. En la playa, los policías les recordaron que llevaran sus tapabocas “siempre de una manera muy amable y comprensiva”. Y agregó: “La actitud fue: eres parte de la comunidad durante el tiempo que estás aquí”.

HOLANDESES coronavirus  uruguay
Les gusta desconectarse y, por tal motivo, desconocían que la pandemia había obligado a cerrar las fronteras.

A pesar de su deseo por los placeres simples de la vida, Jan contó que a veces necesitan que se les recuerde lo que es importante y que los lugareños no tienen ningún problema en recordárselo. Un día recogieron a un residente en Cabo Polonio en la carretera. Fue como “un soplo de aire fresco que entraba en el auto”. Jan manejaba al tope del límite de velocidad por la Ruta 9. “Más lento, más lento, ¿cuál es la prisa?”, preguntó el polonense. “¿Por qué correr cuando podés disfrutar más de las cosas a un ritmo más lento?”, les dijo. También regañó a Jan por manipular su celular al volante. Para estos europeos, el hecho de que un fumador de porro que les hizo dedo les brindara bienestar y consejos de seguridad fue una pausa para pensar.

Casi medio año después, Jan y Pleun continúan en Valizas, exploran el campo y cocinan. Les encanta pedir verduras frescas a los productores locales que se las llevan a la casa. Ahora se dedican a la jardinería.

“Nuestro sentimiento es que aquí, en Uruguay, tienes libertad y cierta paz en la vida. Esa es la razón por la que dejamos Europa”, relató Jan. Aunque extrañan estar cerca de casa. “Para nosotros, si Uruguay estuviera ubicado donde está Inglaterra en relación con Holanda, sería absolutamente perfecto”.

* Karen A. Higgs es autora y referente internacional sobre Uruguay a través de la plataforma Guru’Guay. Ofrece guía gratuita en guruguay.com/elpais.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados