Cómo cuidar la espalda: instrucciones para nadar

Se trata de un ejercicio físico completo que involucra músculos de todo el cuerpo, reduce la presión arterial, entre otros beneficios.

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Hombre nadando
Foto: Canva

Si no lo hizo hasta ahora, hágalo. Si tiene la posibilidad, hágalo. Si trabaja muchas horas al día sentado, hágalo. Si tiene un trabajo que le produce una sobrecarga a su columna, hágalo. Si tiene unamala postura, hágalo. Si sufre dolores de espalda y no tiene ninguna contraindicación de su médico, hágalo.

Tenga la iniciativa de hacerlo al menos dos veces semana. Piense que, por más que le parezca poco, siempre es mejor que nada. No le dé muchas vueltas: busque un lugar en el que pueda sumergirse, algo como una piscina. No tenga en cuenta el frío. No importa el invierno. Decídase: empiece a nadar.

Sepa algunas cosas. Según los médicos Fabián Courdin y Florencia Castencio, la natación es una práctica eficaz para distintas patologías de columna, como las desviaciones, la espondilosis, las hernias discales y la osteoporosis. Además, es un deporte completo que involucra los músculos de todo el cuerpo.

Tenga en cuenta que solo con entrar en contacto con el agua su cuerpo se relajará, sus articulaciones recibirán menos impacto. Piense en cómo necesita eso, frenar, pensar en usted, relajarse, dejar el celular a un lado, que nada lo distraiga, que nada lo interrumpa. Entonces: hágalo. Empiece a nadar.

Un día cualquiera, antes o después de trabajar, pónganse un traje de baño y una gorra. Si tiene, lleve lentes, el cloro puede dañarle la vista. Vaya a la piscina que haya encontrado. En el camino hacia allí no piense demasiado. Intente dejar la mente lo más limpia posible.

Entre al lugar en el que esté la piscina. En general son espacios amplios. Sienta cómo, al abrir la puerta, el aire cambia, el vapor se le pega en el cuerpo, lo envuelve.

Párese en el borde de la piscina. Observe, por unos segundos, la quietud del agua. Si es de día y en el lugar de su elección hay alguna ventana o rendija por la que entre la luz, intente encontrar el reflejo del sol. Note, allí, la ondulación del agua, el efecto que produce. Entonces sí, siéntese en el borde, déjese caer.

Sienta el impacto de su cuerpo en el agua. Sumérjase completamente. Si puede, aguante unos segundos. Note la presión de agua sobre usted. El sonido del mundo se hará lejano, desaparecerá por completo. El agua suena diferente. Saque la cabeza a la superficie. Haga movimientos circulares con los hombros, mueva los brazos y la cadera, las piernas. Tómese con una mano del borde de la piscina. Coloque su cuerpo de espaldas a ese borde. Haga una inhalación profunda. Empuje la pared de la piscina con los pies hacia atrás, impúlsese con la fuerza de las piernas. Mantenga el cuerpo lo más recto posible: extendido, los brazos estirados hacia adelante por encima de la cabeza. Atraviese el agua como si fuera un proyectil. Sienta cómo ese impulso lo recorre, cómo los músculos se vuelven livianos, como el cuerpo deja de pesar. Entonces: nade.

En el estilo que sepa, como más le guste. Dé brazadas. Avance. Tenga en cuenta que la densidad del agua es mayor que la del aire y que, por lo tanto, tendrá que hacer más fuerza para poder moverse.

Si es principiante o si volvió a nadar después de mucho tiempo, notará el cansancio casi de forma inmediata. No se desespere. Nade lento. Intente inhalar todo el aire que pueda cuando la cabeza esté afuera del agua. Hágalo por la boca para que el aire llegue más rápido y fácil a los pulmones. Intente exhalar tanto por la nariz como por la boca cuando tenga la cabeza sumergida. Intente sacar el aire de a poco ni buen sumerja la cabeza y haga una exhalación intensa cuando esté por salir de nuevo a la superficie. Tenga en cuenta que, de esta forma, sus pulmones se mantendrán llenos de aire el mayor tiempo posible y eso lo ayudará a flotar. Estar en el agua, dice el doctor especialista en columna Oscar Carrera, le aporta flexibilidad a sus articulaciones.

Nadar aumentará su capacidad pulmonar y su sistema cardiovascular. De acuerdo a los doctores Fabián Courdín y Florencia Castencio, disminuye “las cifras de presión arterial, aumenta la densidad capilar y mitocondrial en el músculo esquelético”. Además, “disminuye el riesgo de arterioesclerosis y el colesterol total”.

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Mujer en una piscina.
Foto: Canva

Nade todo lo que pueda. Sienta el cansancio caer sobre todo su cuerpo. Experimente una pequeña victoria. Piense en volver. Vuelva. Al cabo de unos días -tal vez dos semanas, todo dependerá de usted- nade un poco más, aumente la cantidad de piscinas, levante el ritmo. Sienta cómo, de a poco, el cuerpo empieza a acomodarse, la espalda se siente más liviana, puede dormir con más facilidad.

Si acaso piensa en abandonar, recuerde que la espalda, y, por lo tanto, la columna vertebral, es eje del cuerpo. Tiene que cuidarla, tratarla bien. Piense en esto que dice Oscar Carreras: “La columna está sometida a movimientos, a esfuerzos, a cargas, a microtraumatismos, a macrotraumatismos a lo largo de toda la vida. Y a eso hay que sumarle nuestro propio envejecimiento. Hay que respetarla muchísimo. Y hay que tener en cuenta que siempre, por más que estemos acostados descansando, estamos ejerciendo algún tipo de presión sobre ella. Sobre todo en la actualidad, que hay muchas actividades que lesionan la columna, desde la postura para trabajar hasta mirar demasiado el celular”.

Tenga en cuenta esas palabras. Y estas: “Hoy en día lostrastornos de ansiedad, depresión y estrés son muy comunes en las consultas médicas. Los estilos de vida pocos saludables que llevamos contribuyen a dichas patologías”.

Si no sabe nadar, aprenda. Consulte a un entrenador. Nade tanto como pueda. Nade hasta que ya no quiera dejar de hacerlo. Manténgase activo. Cuídese. Haga algo por usted.

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