UN NEGOCIO A LA BAJA

Cibercafés: reconvertirse para poder sobrevivir

Unos se volvieron papelerías y otro apuestan a mejorar la tecnología.

El Cyber Hackers en Maldonado es el único que ha logrado aumentar la cantidad de máquinas al convertirlo en un lugar para “gamers”, con sillas y monitores especiales. Foto: Ricardo Figueredo.
El Cyber Hackers en Maldonado es el único que ha logrado aumentar la cantidad de máquinas al convertirlo en un lugar para “gamers”. Foto: Ricardo Figueredo.

Corría el año 2003. Los cibercafés estaban en pleno auge, y Jorge, junto con un amigo, al ver la alta demanda que tenían esos locales, decidió abrir uno en pleno Centro.

Lo llamó en ese entonces Cyber Azul y estaba ubicado en Mercedes y Minas. En un principio comenzaron con 6 computadoras, pero el éxito era tal que tuvieron que adquirir el local contiguo y fueron aumentando rápidamente la cantidad de máquinas hasta llegar a tener 27.

Con el correr de los años, la mayor facilidad para el acceso a internet y a las computadoras, hizo que se acabara la época dorada y muchos de ellos tuvieron que cerrar. Otros, en cambio -como el cyber de Jorge- debió reconvertirse para poder sobrevivir.

“Mi socio decidió dejar el negocio por lo que achicamos el local, le cambiamos el nombre a Cyber Montevideo y redujimos el número de máquinas, primero a 10, y actualmente nos quedan solo 3”, contó Jorge a El País. De a poco fue“girando el rubro” hasta convertirse hoy en un lugar en donde se vende artículos de papelería y hay un servicio técnico de computadoras y electrónica, que es, según su dueño, lo que le ha permitido mantenerse en pie.

Jorge cuenta que en la época de auge llegaron a trabajar “muy bien” -aunque no recuerda cuánta gente entraba diariamente-. Las máquinas estaban ocupadas prácticamente todo el día. Iban personas de todas las edades, sobre todo jóvenes que utilizaban el cyber para jugar en línea o chatear en el prácticamente extinto MSN.

Hoy, Cyber Montevideo funciona más como una papelería y redujo sus máquinas a tres. Foto: Leonardo Mainé.
Hoy, Cyber Montevideo funciona más como una papelería y redujo sus máquinas a tres. Foto: Leonardo Mainé.

“Con la aparición del celular y de Whatsapp, eso se fue perdiendo. También venían por un tema económico: antes de tener internet en los hogares era bastante más caro de lo que es hoy, al igual que tener una computadora. Hoy prácticamente todos tienen internet. Antes, ir a un cyber era la única forma de poder conectarte”.

Actualmente se sobrevive haciendo trabajos de impresiones y escaneos “a un ritmo bastante bueno”, principalmente a pedido de estudiantes, dado la cercanía del local con algunas facultades. La ola migratoria también ha sido beneficiosa para el cyber, ya que muchos extranjeros llegan a imprimir sus currículums.

Sin embargo, Jorge asegura que la cantidad de público varió mucho, al punto que debieron reducir el horario de apertura y cierre. “Antes trabajábamos de lunes a domingo y con un horario bastante extendido y el flujo de personas era prácticamente permanente. Hoy hacemos solo de lunes a viernes hasta las 20 horas”, contó el propietario del lugar.

El Cyber Mildred, abierto desde hace 15 años en Avenida Libertador y Cerro Largo, comenzó desde el inicio brindando una variedad de servicios, por lo que según cuenta Marcelo, su encargado, no tuvieron que reconvertirse en demasía.

Admite, sin embargo, que hoy en día la cantidad de gente que entra al cyber ha bajado mucho. “Antes la gente esperaba para que una máquina quedara libre, ahora no. Muchas están vacías. Además la gente venía cuando tenía que hablar con algún familiar o amigo y se comunicaba a través de la cámara web. Pero ahora hay otras formas para comunicarse”, explicó el encargado.

En su caso también debieron reducir la cantidad de computadoras: tenían 15 máquinas y ahora quedaron 6. Hoy en día la gente viene al cyber para entrar al correo, para imprimir fotos o para escanear archivos que aprovechan y ya los envían desde las computadoras de acá”, dice.

Son muchas las personas mayores que eligen esos lugares con el objetivo de que les abran una cuenta de correo electrónico o les enseñen cómo usarlo en caso de que tengan algún problema.

El horario también se acotó. Mientras en la época dorada había días que abrían hasta las 3 o 4 de la mañana “y no dabas abasto”, hoy cierran a las 20:00 horas. “Supimos tener dos o tres empleados, mientras que hoy atiendo solo yo”, contó Marcelo.

Mildred Cyber Café, en el Centro, tiene 10 computadoras. Foto: Leonardo Mainé.
Mildred Cyber Café, en el Centro, tiene 10 computadoras. Foto: Leonardo Mainé.

Modernización

En Maldonado la situación es similar: mientras hace 15 años había un cyber cada pocas cuadras, hoy “con suerte son cinco” los que sobreviven en el departamento. Uno de ellos, Hacker Cyber Café, ubicado en Florida y Rincón, surgió en 2008 y aún sigue en pie. Fernando, su propietario, dice que debió anexarle otros servicios para poder seguir funcionando. “Le agregamos desde reparación de máquinas hasta instalación de cámaras de seguridad en las viviendas y venta de todo tipo de artículos electrónicos”, cuenta el propietario, que antes se podía dar el lujo de trabajar con una clientela particular “que venía a navegar por internet e imprimía”.

Cuando ese público comenzó a mermar, Fernando decidió apostar a los juegos online. Para ello compraron computadoras de última generación que soportaban los juegos y con monitores curvos además de sillas especiales para gamers. “Eso fue lo que levantó un poco el cyber”, cuenta. A la vez, la inversión en maquinaria era una forma de publicitar esas computadoras que ellos mismos las venden actualmente en el local.

El sector de impresión también fue modernizado, se compraron fotocopiadoras modernas y se creó un centro de impresión y fotocopiado. Cuentan, también, con dos diseñadores gráficos para aquellos que llegan al cyber para hacer e imprimir los currículums.

“Le hemos ido buscando la vuelta”, asegura. Desde que surgieron han mantenido el mismo horario y a diferencia de otros cybercafés, han aumentado la cantidad de máquinas: pasaron de tener 14 a tener 25. Abren a las 9:00 de la mañana y cierran a las 3:30 de la madrugada. “Antes siempre estaba lleno, ahora hay horarios en que está muy tranquilo. Sigue viniendo gente, pero obviamente que no como antes”, dice. Según cuenta, en la época dorada, cuando le informaba a la gente que iba a cerrar “todo el mundo se ponía de mal humor porque se quería quedar. Hoy, a veces, a las 2:00 de la mañana ya no entra nadie”, concluyó.

En china el mercado de los ciber crece y crece

A diferencia de lo que ocurre en buena parte del país y de la región, en China los cybercafés son todavía muy populares. Se trata de grandes establecimientos, modernos, con la última tecnología, y cuentan, en la mayoría de los casos, con otros servicios, como por ejemplo los gastronómicos. Ofrecen variedad de alimentos, desde pizzas hasta pasta, bizcochos, snacks y frutas, y también bebidas con y sin alcohol, entre otras cosas. Los locales son de grandes dimensiones y llegan a tener más de 100 computadoras, además de cómodos asientos. En ese país es necesario registrarse en el cyber y presentar documento de identidad, número de celular y una foto, ya que el acceso a internet es restringido para los chinos, que van sobre todo a jugar a juegos online, ya sean adolescentes y jóvenes mayores como también adultos y veteranos.

Restaurante con PC y juegos web

El España, los emprendedores le han buscado la vuelta al negocio y han surgido locales que son restaurantes pero que a la vez funcionan como cybercafés para los amantes de los juegos. Ese es el caso de Good Game Restorant, en Madrid, que abrió hace dos años y tiene un salón grande para disfrutar un variado menú y a la vez cuenta con Play Station, XBox, Wii U y hasta 10 consolas, además de varios ordenadores para los juegos en línea.

También está “El Pixel”, el primer bar dedicado a los juegos y los eSports. “En Pixel Bar puedes disfrutar de una bebida, comida o ambas cosas mientras juegas a lo que quieras o ves una retransmisión de tu videojuego favorito”, se lee en la web del lugar. Los visitantes pueden acceder a diez ordenadores, a varias consolas y a ocho pantallas para disfrutar de los videojuegos. A diferencia de un cyber, no deben pagar por jugar o conectarse a internet sino que solo abonan las bebidas y los alimentos.

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