NATURALEZA
Se prevé proteger al área de la desembocadura entre los departamentos de Maldonado y Canelones por su valor paisajístico, social, cultura y económico y sus atributos para el surf
El Programa Uruguayo de Reservas de Surf (PURS) y las intendencias de Maldonado y Canelones prevén declarar a la desembocadura del arroyo Solís Grande como Reserva Natural de Olas por sus valores ambientales, socioculturales y económicos y sus atributos para ese deporte. Las playas Mansa y Brava de esa zona ya fueron categorizadas como Reserva Municipal de Surf por el Municipio de Solís en 2020.
“Las olas o los spots de surf también tienen un valor económico para las comunidades locales o para los destinos turísticos”, apuntó Ian Ruiz, impulsor del PURS y experto en economía azul sostenible.
El objetivo es proteger el “ecosistemas de olas” de la desembocadura del arroyo Solís Grande, tanto del lado del balneario de Jaureguiberry (Canelones) como de Solís (Maldonado). Por ese concepto se entiende la “interfaz tierra-mar” que crea las condiciones para que existan rompientes de olas “que pueden utilizarse para el uso recreativo y para la práctica deportiva y donde se desarrollen la flora, la fauna y las comunidades humanas que dependen de ellas”.
Del punto de vista de la biodiversidad, el área del arroyo Solís Grande se destaca por poseer varios ecosistemas naturales: pastizales, humedales, playas arenosas, puntas rocosas y algunos de los últimos relictos en el departamento de Canelones de bosques nativos y matorrales costeros.
También es refugio de más de 100 especies de fauna y flora prioritarias para la conservación en el país.
Respecto al surf, la futura Reserva Natural de Olas tiene “beach breaks que rompen a ambas direcciones interesantes”, señaló Ruiz sobre las olas que rompen en fondos de arena (no rocosos).

El PURS se inspira en una iniciativa brasilera y el internacional World Surfing Reserves que busca que el surf sea un engranaje más en la concreción de planes locales de manejo costero y recursos hídricos, disposición de residuos marinos y control de floraciones de algas nocivas, así como también para la mitigación y adaptación al cambio climático.
La frecuencia de marejadas que producen olas surfeables se ve alterada, a su vez, por el cambio climático y fenómenos meteorológicos extremos.
Por ejemplo, para el surf hay que garantizar calidad y frecuencia de las olas, calidad del agua (sin contaminación ni medusas ni cianobacterias), belleza paisajística y servicios públicos en las localidades aledañas. Por ejemplo, si una rompiente resulta alterada por la acción del hombre, es necesario establecer medidas compensatorias o evaluar la pérdida causada.
El aumento de construcciones sobre la franja costera afecta directamente la calidad de las olas. También influye la forestación, la extracción de arena, entre otras actividades.
En línea con esto, está disponible en Uruguay la app de Save The Waves Coalition, la que contribuye a que las comunidades costeras puedan informar y rastrear problemas o amenazas en sus spot de surf o playas. Su uso no tiene costo.
Ruiz explicó cómo funciona: se debe tomar una foto de un problema o amenaza en la playa local o lugar para surfear, luego se debe seleccionar el tipo de amenaza en un menú (por ejemplo, residuos en el mar o en la orilla). Para finalizar el reporte es necesario etiquetar la publicación.
Hay seis categorías principales de amenazas: desarrollo costero, basura plástica y desechos marinos, aumento del nivel del mar y erosión, calidad del agua, impacto en arrecifes y acceso.

“Como aliados de Save The Waves, el PURS utilizará la aplicación porque entiende que esta visión diaria de nuestra costa en constante cambio es crucial para que las organizaciones de todo el mundo se conecten con personas locales y encuentren soluciones reales”, señaló Ruiz.
El turismo de surf aporta aproximadamente US$ 50 mil millones a la economía mundial cada año. Esto puede equivaler a una contribución en algunos destinos turísticos, en promedio, entre US$ 18 millones y US$ 25 millones anualmente.
Y Uruguay es el sexto país con el mayor número de “spots de surf” en América del Sur, de acuerdo con un mapeo internacional realizado en 2016 entre 5.000 playas del mundo; en concreto, tiene 24.