VERANO 2020

Aguavivas: el veraneante que nadie quiere cerca

Las medusas pueden arruinar un día de playa; ¿cuáles son las especies que llegan a la costa?

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El Aguaviva común o Chrysaora lactea puede llegar a medir hasta 20 centímetros; las hay transparentes, rosas o violetas. Foto: Valentina Leoni

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Chysaora láctea
y Lychnoriza lucerna son dos clásicas veraneantes en Uruguay aunque no son bienvenidas. Son las aguavivas más comunes, de toxicidad moderada, que causan molestias entre los bañistas cuando un leve roce hace que desenrollen el filamento que carga una sustancia tóxica y que funciona como un arpón.

No son los únicos animales gelatinosos: quien haya pisado una Liriope tetraphylla recuerda la picazón que le ha amargado ese día de verano. “Es la clásica especie que se mete dentro del traje de baño”, comentó Valentina Leoni, magíster de la Universidad de la República y actualmente estudiante de doctorado de la Universidad de Montpellier (Francia). Es la tapioca común, una medusa que no supera los tres centímetros de diámetro.

También se encuentran ejemplares de Physalia physalis o fragata portuguesa, fácilmente reconocibles por su color azul intenso y tentáculos que pueden alcanzar los 10 metros. Su encuentro no es apetecible puesto que su toque provoca un dolor intenso. La Velella velella (velita) y la Porpita porpita (monedita del mar) son similares a la fragata portuguesa pero más chicas –de uno a cuatro centímetros)–, del mismo color pero inofensivas.

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La Tapioca común (Liriope tetraphylla) es una medusa muy pequeña que no supera los 3 centímetros de diámetro.Foto: Fabrizio Scarabino

A diferencia de otros años, en lo que va de 2020 no se han registrado apariciones de especies “raras”, es decir, aquellas que se asocian a aguas más cálidas o más frías como la cubomedusa (Tamoya haplonema) o la medusa gigante (Chrysaora plocamia), respectivamente. Por suerte. Porque la cubomedusa esconde bajo una campana de seis a 15 centímetros de alto y de cuatro a ocho centímetros de ancho una de las sustancias más urticantes para el ser humano. Y también por suerte que no apareció la otra porque su diámetro de hasta un metro le hace honor al nombre.

A juicio de Leoni, en Uruguay falta un monitoreo sistemático de las medusas. El registro de los avistamientos no basta. Hay que conocer cuándo aparecen y por cuánto tiempo permanecen en nuestras costas o si, por ejemplo, cambian su distribución geográfica. El estudio debe incluir la temperatura del agua y la salinidad, así como también los niveles de concentración de clorofila y zooplancton, sus principales presas. De esta forma se podrá saber “si hay cambios en las poblaciones de medusas”.

La temperatura es un factor clave. Durante el verano, la intrusión de aguas cálidas superficiales aumenta debido a una mayor influencia de aguas de la Corriente de Brasil y una menor descarga del Río de la Plata. Esto es un fenómeno natural. No obstante, el aumento de la temperatura media, que podría asociarse al cambio climático, puede favorecer la reproducción de las aguavivas y la llegada de especies como la Tamoya haplonema.

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El Aguaviva de la cruz o Lychnorhiza lucerna puede medir de 5 a 38 centímetros; su borde violeta azulado en la campana es característico. Foto: Valentina Leoni

Esto puede traer problemas: desde más picaduras (porque hay más interacción con los humanos) hasta clausura de playas y perjuicios económicos. “Medusas grandes en otras partes del mundo han colapsado sistemas de refrigeración de plantas hidroeléctricas”, comentó Leoni.

Otro factor que incide en el aumento de aguavivas es la sobrepesca. Estas consumen larvas de peces o pequeños crustáceos. Al sacar un competidor del mar, las medusas tienen más alimento disponible: comen más, crecen más, se reproducen más. Al mismo tiempo, las construcciones humanas cercanas a la orilla o inclusive los barcos hundidos les ofrecen una superficie dura para que se sujeten los pólipos. Cada uno de estos, de pocos milímetros de largo, se alarga y se divide transversalmente formando un disco –este proceso se denomina “estrobilación”– que va a conformar una medusa.

¿Y qué sucede con la contaminación? “En algunas zonas como sistemas lagunares o costas muy contaminadas, el agua se vuelve más turbia. Las medusas tienen la ventaja frente a los peces, ya que no buscan visualmente la presa”, explicó la bióloga. Algunas especies, incluso, soportan bajos niveles de oxígeno.

A la carta.

Las aguavivas se aprovechan, entonces, de muchos factores que hacen que se multipliquen en las aguas. ¿Se puede hacer algo con ellas? Hay, al menos, dos respuestas. Una de ellas no le caerá bien al estómago de mucho: comerlas. “En Asia históricamente se consume aguavivas. En nuestra costa, la Lychnoriza Lucerna sería una de las opciones”, comentó Leoni.

Imagínesela en su plato: puede medir de entre cinco a 38 centímetros, con un característico borde violeta azulado en la campana. “Son organismos grandes y que aparecen en grandes cantidades”, ilustró. La otra alternativa es menos impresionante: se las utiliza en medicina y cosmética. Tienen una alta concentración de colágeno, una sustancia para que la piel no pierda elasticidad. El veneno, por su parte, se prueba en tratamientos contra el cáncer y contra enfermedades coronarias.

Medusas en el menú: pocas calorías.

La gastronomía asiática usa la medusa como ingrediente principal; pero también se utiliza la harina de medusa. Esta se consigue deshidratando al animal con la ayuda de la sal. Algunos restaurantes sirven medusa rebozada, refrescos y helado a base de aguaviva. Se dice que es un alimento de bajas calorías y bajo a nulo contenido graso.

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La Fragata portuguesa o fisalia (Physalia physalis) se caracteriza por tener color azul intenso. Foto: Martín Abreu

Me picó una aguaviva, ¿qué hago?

Si bien cada persona puede responder diferente ante el contacto con una aguaviva, hay una serie de cuidados básicos para evitar complicaciones. La zona afectada no se debe frotar nunca con arena ni lavar con agua dulce u orina. Valentina Leoni explicó que esto provoca una mayor liberación de las toxinas. Lo que se recomienda es lo siguiente:

LIMPIEZA. Lavar la zona afectada con agua salada o con vinagre.

PRECAUCIÓN. En caso de que existan restos de algún tentáculo, se deben retirar usando guantes para no pasar la toxina latente hacia las manos.

FRÍO. Para aliviar el ardor y el picor, se debe aplicar compresas frías, sin entrar en contacto con agua dulce. No se debe utilizar hielo directamente ya que el efecto es totalmente contraproducente.

PRECAUCIÓN. Luego se debe tapar la herida con una gasa para mantener la lesión aislada del agua y del sol.


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