JORGE ABBONDANZA
Se anuncia en el canal para abonados Film & Arts una película de 1936. El hecho es insólito, porque la televisión por cable no suele reponer un viejo material cinematográfico que podría complacer a muchos espectadores no sólo alineados en la tercera edad. Esa película es una comedia llamada Deseo (Desire), que la Paramount fabricó para lucimiento de su estrella femenina número uno de aquel momento, la alemana Marlene Dietrich, a la que sumó a su máximo galán Gary Cooper. Lo que cuenta Deseo es el operativo de una ladrona de joyas (Marlene) en un elegante negocio de París, aventura para la cual se prepara cuidadosamente haciéndose pasar por una millonaria y luego por la mujer de un famoso médico. Para tener idea del humor de ese planteo, Marlene llega dos veces a la joyería, una de ellas completamente vestida de negro en un gran auto negro y luego vestida de blanco en un auto blanco (con dos choferes al frente). Las divas eran así.
Pero Deseo tenía luego otras cosas. Una de ellas era el improvisado romance de Marlene con Gary Cooper, que hacía el papel de un ingeniero de la industria automovilística de Detroit y llegaba a enredarse con la ladrona sin saber lo que ocultaba esa conquistadora. La relación se extendía a lo largo de la ruta hacia España y culminaba en algunos incidentes y malentendidos que no conviene revelar. En todo caso, lo bueno es que Deseo está programada para el martes 14 (a las 6 de la mañana, a las 15 y a las 20 horas) repitiéndose luego el domingo 19 a las 15 y el lunes 20 a las 3 de la mañana y a las 10 horas, siempre por Film & Arts. Espectadores con un poco de curiosidad arqueológica deben saber que en esa comedia hay un disfrute especial en los amaneramientos y vaporosos primeros planos de Marlene, pero hay también un aire satírico y una chispa en todo el relato que deben atribuirse al director Frank Borzage y también al productor Ernst Lubitsch, dos personalidades del Hollywood de la época.
Borzage era un experto en comedias pero también un realizador muy sensible para el drama (Tres camaradas), mientras Lubitsch era el gran maestro del humor, un artífice que provenía de Alemania y que llegó a dejar en su carrera algunas comedias que fueron modelos en su género (Ninotchka, Ser o no ser). Su presencia en la producción de Deseo no es ajena al resultado que se obtuvo de esa película, que integró la gran década de la comedia cinematográfica donde el buen humor, la elegancia de diálogos y conductas, el brillo de los intérpretes, el ingenio de intrigas y entretelones o aun la vivacidad de los relatos, alcanzaron un nivel nunca igualado (Siglo veinte, La pícara puritana, Domando al bebé). En el caso de Deseo, conviene recordar que Marlene —luego de su carrera previa en teatro y cine de Berlín— había aterrizado en Hollywood en 1930, debutó allí con Marruecos, se mantuvo mayormente dirigida por su mentor Joseph von Sternberg e hizo algunas cosas que cimentaron su mito (La Venus rubia, El expreso de Shanghai, Capricho imperial).
En 1936 ese apogeo de su carrera estaba por finalizar, pero Marlene mantenía invicto su juego de seducción: posturas muy estudiadas, gestos de languidez, paso felino, vestuario sofisticado y una aureola de irrealidad que la colocaba en ese limbo del cine de donde luego bajaría hacia trabajos más terrenales en las comedias de los años de la guerra y en un período posterior que fue un largo declive para su carrera. Pero en aquella plateada década del 30 (y antes de debutar en el cine en color con El jardín de Alá, que se hizo después de Deseo) la Dietrich era una diosa en blanco y negro. Ahora la gente interesada puede volver a verla en su plenitud gracias a estas fechas en televisión.