Vaudeville contemporáneo

| Critica | J.A. BESEN A QUIEN QUIERAN Embrassez qui vous voudrez Director. Michel Blanc. Libreto.Michel Blanc sobre novela de Joseph Connolly. Fotografía. Sean Bobbitt. Música.Mark Russell. Elenco. Charlotte Rampling, Carole Bouquet, Jacques Dutronc, Michel Blanc, Karin Viard, Denys Podalydès, Clotilde Courau. Francia 2002.

Esta comedia francesa podría servir como manual contemporáneo del vaudeville. Porque cien años después del apogeo de ese género, aquí vuelve a armarse la ronda de los amoríos y disimulos, vuelven a abrirse y cerrarse las puertas de un hotel, vuelve a trotar el juego veloz de las parejas que se hacen y deshacen, vuelve a flotar en los diálogos un surtido de epigramas y malentendidos.

Todo eso ocurre mientras un grupo de amigos toma algunos días de vacaciones en las playas de Le Touquet. Allí figura el matrimonio arruinado que se empeña en disimular su pobreza, la anfitriona madura que soporta con una sonrisa las infidelidades del cónyuge, el marido celoso que enloquece con las aventuras imaginarias que atribuye a su mujer, los adolescentes que emprenden un idilio veraniego, la enamorada que siempre elige a un candidato equivocado y hasta el contacto furtivo entre un jovencito y una señora mayor o el viaje secreto de una muchacha asombrosamente promiscua.

El juego está manejado con agilidad por Michel Blanc, un hombre pelado y bajito que se hizo famoso como actor (Monsieur Hire, Tenue de soirée) antes de ejercer la dirección. Esta es su cuarta película, en la que también figura como responsable del argumento y el libreto, basándose en una novela —inesperadamente— inglesa, al margen de todo lo cual integra además el elenco.

El producto que obtiene es liviano, divertido y un poco cínico, como corresponde a las añejas normas del vaudeville, dedicando buena parte de esos esmeros a afinar el rendimiento de sus actores, un reparto en que desfilan bellezas otoñales (Carole Bouquet), seductoras al filo de la tercera edad (Charlotte Rampling) y esposas neuróticas con ansia maternal (Karin Viard) entre conquistadores incansables y adúlteros con afición por ambos sexos (Jacques Dutronc).

Hay momentos en que Blanc revela el ojo sensible con que puede observar los entretelones amorosos: uno de ellos es la escena donde Rampling enfrenta por la noche a un galán demasiado joven para ella y otro es el final mismo, donde esa actriz queda en silencio, mirando por la ventana, con un gesto en que se cruzan los buenos modales, la discreción y la tolerancia con que una mujer ya crecida puede sobrellevar la traición matrimonial.

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