MATÍAS CASTRO
Hay decenas de libros, películas y series de televisión (Amas de casa desesperadas es un caso notorio y reciente), que arrancan a partir de la muerte de un personaje. A lo largo de la historia que se desarrolla después ese personaje estará presente solo en espíritu y los protagonistas deberán enfrentarse a lo que los estadounidenses denominan habitualmente como "el legado".
El caso de Gary Coleman, más conocido como Arnold por la vieja serie televisiva que protagonizaba, es un fiel ejemplo de esto pero… en la vida real. Ayer se conoció que su ex esposa fue vedada del funeral. Un poco antes se divulgó que, en lugar de dejar todos sus bienes materiales a su ex esposa o a sus padres, se los legó a una vieja amiga. Antes todavía, cuando habían transcurrido unos días desde su muerte, circularon fotos de su agonía y su cadáver. Gary Coleman se convirtió con todo esto en el protagonista involuntario del mayor drama de toda su carrera, con tanta difusión e impacto como la que tuvo la serie Arnold.
De pronto, esas noticias citadas, comienzan a tener una importancia capital: ¿Por qué le prohibieron la entrada al funeral a su ex? ¿Cuál es el motivo por el que sus padres no recibieron nada de su herencia? Las incógnitas dispararon muchas notas de prensa y coberturas televisivas que convirtieron el vacío que dejó Coleman en todo un tema. En los últimos años había sido "el ex Arnold", ahora es un legado de problemas.