La idea era ingeniosa. En la sociedad del futuro, la moneda de cambio será el tiempo, de manera que ya no se compran ni se venden dólares sino horas, semanas o años. Eso sirve para conseguir comida o viajar en ómnibus, pero no impide que haya inflación y hasta signos de intolerancia política a cargo de guardianes del tiempo que parecen nietos de la Gestapo, mientras persiste también la explotación de la pobre gente por cuenta de algunos poderosos. En los tramos iniciales del relato la propuesta corre bien, incluyendo la angustia de quienes disponen de un saldo de pocos minutos y no pueden comprar más tiempo para sobrevivir, porque cuando el reloj individual se vacía, la persona muere. Sólo la carga en la muñeca de los ricos parece inagotable. Entre las ocurrencias del planteo, se incluye una frase que a Lampedusa le habría gustado: "Muchos tienen que morir para que unos pocos sean inmortales".
Claro que después la idea se banaliza a medida que crece una intriga de persecución armada, romance y heroísmo que pierde por el camino casi todo el interés del comienzo, demostrando que Hollywood es más fuerte que cualquier libretista y director armado de inteligencia o de dobles lecturas sobre la actualidad. Poco a poco, la aventura ingresa en un camino que complacería a los jóvenes indignados que salen a las calles y plazas de este mundo en crisis financiera, porque el justiciero protagonista sabe combatir a los banqueros con más presteza que en la Puerta del Sol o en Wall Street. La pena es que esas hebras de intención crítica van disolviéndose en una historieta que mezcla las filantropías de Robin Hood con el idealismo de Frank Capra, el secuestro de Patricia Hearst y la voracidad de Drácula, que ya no succiona la sangre sino los minutos o las semanas del prójimo. Así la película y su paisaje urbano se ubican más cerca de Batman que de Metrópolis de Fritz Lang. Tal como está armado, el tema habría sido perfecto para el formato de un cortometraje.
El precio del mañana
ficha
Estados Unidos, 2011. Título original: In time. Dirección y guión: Andrew Niccol. Edición: Zach Steanberg. Música: Craig Armstrong. Dirección de arte: Priscilla Elliott.
atención a...
Los lugares (puentes, rutas, edificios) que elige el diseñador de producción para situar el tema, a medio camino entre el futuro y el presente, entre la fantasía y la realidad, apoyando la entrelínea social del asunto.