Después de recorrer más de once países como Ricardo III en una puesta teatral, Kevin Spacey, ganador del Oscar por Belleza americana, vuelve al cine con El precio de la codicia, un vistazo a la crisis económica que sacudió a EE.UU. en 2008.
Spacey dio vida al clásico de Shakespeare en los teatros más prestigiosos del mundo. Pero como todo llega a su fin, el pasado 4 de marzo se despidió del personaje Ricardo III, que según expresa, le redituó un tratamiento similar al de una estrella de rock y significó su paso más energizante por las tablas. El papel requería doblarse en muchas formas "poco naturales", y recién ahora se ríe de lo demandante que fue a nivel físico estar presente en 23 escenas de las 26 que conforman la obra, considerada la más larga de Shakespeare después de Hamlet.
Por eso no llama la atención que Spacey, uno de los grandes actores norteamericanos del presente, haya sido convocado para una película que tiene puntos de contacto con lo teatral y que viene precedida de excelentes críticas.
Margin call se estrena en Uruguay este viernes bajo el nombre de El precio de la codicia; está inspirada en la quiebra de la compañía Lehman Brothers y la crisis económica que atravesó Estados Unidos en 2008. Narrada de un modo entendible para no eruditos del tema, es una producción independiente, considerada también una de las mejores películas sobre la Bolsa desde Wall Street de Oliver Stone (1987).
El director J. C. Chandor refleja lo que sucedió en los momentos previos a la debacle con ritmo ágil y lenguaje accesible, incluso sin obviar los tecnicismos. Algunos de los recursos más efectivos para atrapar al espectador con una temática que, a priori, no seduce de entrada a la gran masa, son el clima de suspenso que presenta y el elenco de primerísimas figuras que pone en pantalla con creces.
Para ser exactos narra -entrelazando historias ficticias que derivan en planteamientos éticos y morales- lo que sucede durante las 24 horas cruciales en la antesala del colapso de una poderosa corporación y cómo se comportan empleados y jerarcas en una situación extrema. De golpe parece que todo vale sin importar demasiado el efecto dominó.
A Spacey le pareció interesante la habilidad con que el director cuenta la concatenación de estos eventos complejos que hasta pueden resultar confusos si se pierde el hilo. Por este motivo requiere de la total atención del espectador. El precio de la codicia requiere en ese sentido, que el receptor también trabaje; no es cuestión de echarse a saborear el pop y dejar que todo suceda.
Para el actor también fue determinante el perfil humanista que conserva la trama, aunque sin llegar al extremo de querer generar simpatía por los banqueros. "Creo que hay una valiosa lección al generar empatía hacia personas que están en gran medida deshumanizadas", dijo Spacey en reciente entrevista, entendiendo que el colapso de los bancos también afecta la vida de las personas que trabajan en ellos. Ese es el enfoque clave, en una isla marcada por la codicia y decisiones no siempre acertadas ni movidas por buenas intenciones.
El director se luce especialmente explotando recursos que son más comunes en el teatro. Y lo hace con acierto porque lo impactante no siempre va de la mano de lo estrictamente explosivo o de la acción propiamente dicha. Demuestra que es posible crear una atmósfera atrapante y hasta claustrofóbica con varios actores simplemente hablando en una habitación, y sin cortar las tomas cada tres segundos. Para conformar con fidelidad su personaje, el protagonista se valió de su experiencia en la vida real como director artístico del teatro Old Vic de Londres, para conseguir la subvención de algunas obras de teatro, pasión que despunta desde 1981, cuando la inmersión en la historia shakespereana de Enrique VI lo dejó prendado para siempre. El teatro londinense (uno de los más prestigiosos de lengua inglesa), según explica, no recibe ninguna subvención pública y por lo tanto depende de inversionistas y especialmente de jefes de bancos (con los que ha tenido que codearse con frecuencia) que gusten de las artes y la cultura, y que las apoyen incluso en tiempos de recesión. Spacey dirige allí una compañía teatral que está en actividad ocho meses al año, en la que se desempeña también como actor. Entre otras obras, estrenó Cloaca de la dramaturga Maria Goos.
Pero los números atraviesan El precio de la codicia no sólo por la historia que cuenta. Otro aspecto que suma mérito a la realización es el monto irrisorio dentro del circuito hollywoodense con que se filmó: apenas tres millones de dólares.
Y otro detalle no menor es que se trata de la ópera prima de J. C. Chandor. Evidentemente fue posible gracias a que los actores cobraron cachés simbólicos para darse el gusto de ser parte de este entramado brillante que denuncia los abusos que cometen las corporaciones financieras.
Spacey encarna en este contexto a un mandamás que sólo se ve conmovido por la salud deteriorada de su mascota. Jeremy Irons destaca con especial fulgor, junto a Paul Bettany, Zachary Quinto, Stanley Tucci, Demi Moore, Simon Bakere y Mary McDonell. El filme se estrenó el año pasado en el Festival de Berlín y contó una nominación al Oscar en el rubro de mejor guión original, lo que significa una verdadera hazaña para el debutante Chandor. La crítica especializada no se cansa de decir que es "una clase de cine" inquietante y a ritmo de thriller, que esquiva el tedio.
CON GRANDES NOMBRES
Demi Moore
Sarah Robertson
Moore interpeta a Sarah Robertson en la ficción. Este personaje originalmente estaba destinado a la actriz estadounidense Carla Gugino, pero debido a otros compromisos no pudo aceptar el papel. Y Moore apareció como su sustituta.
Stanley Tucci
Eric Dale
Tucci es un gerente de riesgo de un gran banco que es despedido sin previo aviso y dejando a medio camino un trabajo muy importante. Este actor es conocido por filmes como "La terminal", "El diablo viste a la moda" y "Camino a la perdición".
Jeremy Irons
John Tuld
Su actuación es una de las más destacadas del filme. En eso es recurrente la crítica especializada. En la ficción encarna a la cara visible del poder. Es el consejero delegado, a quien se le informa la situación y reúne al consejo de administración de emergencia.
Zachary Quinto
Peter Sullivan
Encarna a un analista principiante que se queda a cargo del trabajo de Eric Dale, quien antes de ser despedido le deja un USB con importante información. Es quien descubre el gran riesgo económico que atraviesa la corporación luego de hacer cálculos.
Se rodó íntegramente en la ciudad de Nueva York
La película comenzó a rodarse el 10 de julio de 2010 y únicamente se usaron locaciones de Nueva York.
Hubo varios actores interesados que no pudieron estar por problemas de agenda como Ben Kingsley, quien originalmente iba a ocupar el lugar de Jeremy Irons. Lo mismo pasó con Tim Robbins, Billy Crudup y Carla Gugino. Zachary Quinto, además, produjo la cinta junto a sus socios Corey Moosa y Neal Dodson, con la compañía Before The Door Pictures. Hasta la fecha, sólo en Estados Unidos recaudó 5 millones de dólares, superando su costo de inicio. Sumando las recaudaciones internacionales va por los 13 millones.
En España llegó a los cines en octubre del año pasado, mientras que a Argentina arribó en marzo. Es la ópera prima de J. C. Chandor, un escritor y director norteamericano graduado en cine que durante muchos años se dedicó a hacer comerciales.