MATÍAS CASTRO
El premiado documentalista uruguayo Aldo Garay presentó el film "El casamiento", junto a sus protagonistas. Fue el lanzamiento oficial de un documental que tiene ya diecisiete años de historia y cuenta una increíble y peculiar historia de amor.
Aldo Garay es un tipo sencillo, sin demasiadas vueltas. Y eso es lo que reflejó en su breve introducción, el jueves por la noche en el cine Casablanca, a El casamiento, su último documental. Con una sala casi llena y la presencia de Julia Brian e Ignacio González, sus protagonistas, la película anticipó su estreno en salas de exhibición comercial, que será a partir del veinte. Con humor y unas pocas palabras, Garay dio entrada a su obra.
El casamiento, más que una boda, cuenta una historia de amor. Garay conoció a Julia e Ignacio en 1995 y se resolvió a filmar sus vidas para hacer un documental sobre ellos. Un par de años antes Julia se había cambiado de sexo y dejó atrás definitivamente su identidad masculina y un pasado del que en la película se habla poco y nada. Ignacio trabajaba acomodando autos en la calle, aunque antes había sido obrero de la construcción. Ella era limpiadora en una librería abajo del Palacio Salvo.
Se habían conocido con un encuentro casual en una plaza. Estaban solos y, según como cuentan en la película, resolvieron pasar juntos una Navidad. De ahí en adelante no se volvieron a separar, y lo que hizo Garay fue seguirlos a lo largo de los siguientes diecisiete años en su vida cotidiana.
Hubo interrupciones en el proceso. El primer tramo de lo que Garay filmó fue exhibido en 2001 con el título Mi Gringa: retrato inconcluso. "Mi Gringa" era la forma en que Ignacio se refería a Julia, con una cruza de amor y devoción difícil de reproducir en un texto escrito. Ese primer corte de la película los mostraba en su vida diaria, en sus respectivos trabajos y en su religiosidad. Cuando fue exhibida en el festival Cine Radical, en Cinemateca 18, incluía una escena en que ambos cantaban una canción religiosa que reflejaba la pasión de sus creencias. Parte del público lo tomó a las risas como una escena humorística, o bizarra, cosa que no tenía nada que ver con las intenciones del director.
El casamiento elimina esa escena y de Mi Gringa rescata numerosas escenas que hablan más bien sobre la evolución en la relación a lo largo de estos años. El espectador se puede ubicar perfectamente en el tiempo y seguir los diversos flashbacks de la pareja.
Los protagonistas son pobres, viven en casas humildes (es plural porque hay mudanzas en la historia) y están en una situación, si se quiere, desprotegida en la sociedad. Sin embargo, Garay no hace una gran declaración a favor de los desprotegidos, ni una reivindicación social o un panfleto por la tolerancia, que son ángulos que perfectamente podría haber tomado. Se centra en algo que es, tal vez, mucho más efectivo: cuenta una historia. Con una aparente sencillez, que cubre un elaborado trabajo de edición y de desarrollo, la película es una historia de amor, extraña, peculiar, casi única, con la que cualquier espectador puede identificarse.
Esto es fruto probable de los años dedicados a pensar y a filmar el material necesario. Garay cuenta, al comienzo, que en un momento suspendió el proyecto por falta de fondos, pero que se animó a retomarlo cuando Julia e Ignacio lo llamaron para invitarlo a ser padrino de su boda. A partir de ahí y con la confianza generada en los años previos, ellos volvieron a abrir las puertas de su casa para contarle cómo pasaban su día a día. Tanto se involucra que incluye al menos dos entrevistas con ellos en la cama, un rato antes de dormir.
El foco de la historia está en ellos dos y su vínculo. Son los únicos entrevistados, salvo algún comentario de otras personas que aparecen en cámara haciendo alguno. Tan pulido está el retrato que hace Garay, que el espectador entiende perfectamente cómo Julia y Brian sólo se tienen a sí mismos como compañía. Y para esto cuenta con algo que no es menor: la confianza lograda con la pareja y la soltura que tienen para expresarse ante cámaras. Es mérito conjunto de los entrevistados y también del documentalista.
La historia de Aldo Garay, un gran documentalista
El casamiento llega luego de hacer una extensa recorrida por festivales, incluido el de Cinemateca. Pero esto no es nuevo para Aldo Garay, un realizador que tiene casi veinte años de trayectoria y que se ha perfilado como un autor único, aunque con menos proyección que otros. El círculo y La espera son sus dos películas más conocidas. El primero es un documental sobre Henry Engler y su proceso desde la cárcel en dictadura hasta su carrera como científico. El segundo film es una ficción basada en un cuento de Henry Trujillo, considerada por algunos críticos como una de las mejores películas uruguayas.
La especialidad de Garay siempre ha sido el documental, cosa que también ha explorado desde su trabajo cotidiano en TV Ciudad, donde además de hacer programas de estudio, también ha hecho series documentales de mucho interés.
Sus primeros pasos en el documental fueron con "Yo, la más tremendo", con la que se adentraba en el universo de las travestis de la calle Maldonado. Ahí ya estaban muchas de las virtudes que mostró y pulió años después en "El casamiento".