El sábado por la tarde, otro cineasta nervioso tuvo que recorrer la alfombra roja en el Festival de Cine de Toronto, con la esperanza de que la gala de su última película consiguiera algo de atención y, tal vez, un distribuidor. Era Robert Redford.
La película que trae es The conspirator, un drama históricamente certero sobre el juicio y la ejecución en la horca de Mary Surratt, una viuda que fue condenada por conspirar en el asesinato de Lincoln. El hecho de que Redford, un veterano caballo de guerra de los estudios de cine, llegue con una película para vender sugiere qué tanto los más influyentes directores y estrellas dependen del circuito de festivales para promover sus dramas y biografías, a veces toleradas pero rara vez perseguidas en el Hollywood de hoy.
"Mira, el negocio ha cambiado drásticamente", dijo Redford en una entrevista telefónica días antes de la presentación. En el pasado, señaló, películas independientes como El candidato o La ley del talión, en las que actuó pero no dirigió, podían lograr el respaldo de un estudio apenas con algún acuerdo por el que Redford aceptaba algún papel más convencional en otras películas. Pocos tienen hoy esas posibilidades. "Sólo soy un director independiente cualquiera".
Tal vez no sea tan así. Varias docenas de películas están pasando por el Festival de Cine de Toronto, buscando compradores, pero la mayoría de ellas no tendrán la ventaja de una gala repleta de estrellas. Robin Wright, James McAvoy, Kevin Kline y Evan Rachel Wood están entre las estrellas de The conspirator.
Las películas a la venta en Toronto pueden tener tantas credenciales como Brighton Road, basada en una novela de Graham Green, dirigida por Rowan Joffe y protagonizada por Helen Mirren; o bien pueden ser bastante más desafiantes, como Beautiful Boy, la primera película de Shawn Ku, que trata sobre los padres de un joven asesino serial.
En los hechos, esta no es la primera aparición de Redford como director con una película en el festival de Toronto. En 1992 se asomó allí con Nada es para siempre, protagonizada por Brad Pitt y producida independientemente. Eso ocurrió apenas unas semanas antes de que Columbia Pictures la estrenase en un puñado de salas de cine. La película luego fue nominada a tres premios Oscar y terminó por ganar en la categoría Mejor Fotografía.
"Nadie quería tocarla, la llamaban `la película de pesca de Redford`", contó y recordó que tuvo varios altercados para meter esa adaptación de la novela autobiográfica de Norman MacLean en la agenda de un estudio, incluso con la actuación de Brad Pitt.
The conspirator tiene una historia más dura. Basada en una investigación de quince años y en un guión original de James D. Solomon, es protagonizada por Wright como Mary Surran, quien tras el juicio militar que vivió en 1865 se convirtió en la primera mujer ejecutada por el gobierno de Estados Unidos.
El asesino de Lincoln, John Wilkes Booth, se encontró con sus conspiradores en una casa de Washington que era alquilada por Surratt como salón, aunque ella insistió hasta su muerte que no sabía nada de sus planes. La película de Redford se enfoca en la defensa que hizo el veterano del ejército interpretado por James McAvoy, quien quiso protegerla de lo que él consideraba un juicio militar injusto.
La mayoría de esas películas serán muy bien atendidas, porque el festival de Toronto es muy conocido porque implica una buena muestra de los probables candidatos al Oscar. Esta vez el evento está más brillante que nunca, algo que en parte se debe a un largo anuncio de la apertura del Bell Lightbox. Se trata de un centro del festival, una zona de exhibición y un complejo de proyecciones que se inauguró este domingo con una pomposa ceremonia, con corte de cinta y todo, más una fiesta. El evento logró sumar más promoción y atención para todo el festival. El efecto de red, por llamarle de algún modo, apuntaba a girar la geografía del festival desde los pequeños y atestados hoteles y restaurantes del barrio Yorkvill hacia una zona céntrica de entretenimiento atravesada por grandes focos de luz y limousinas. El cierre del festival, el próximo domingo, tendrá allí su apogeo.
Por debajo de tanto brillo, de cualquier forma, muchos realizadores aquí comparten cierta sobriedad que parece natural para Redford, quien a lo largo de varias décadas ha visto cientos de películas hechas con el trabajo duro típico del mundo independiente, en su propio festival, el de Sundance.
The American Film Co. y su fundador, Joe Ricketts (más conocido por su apuesta a los Chicago Cubs), financió The conspirator por al menos 25 millones de dólares. Esa cifra es el tope de presupuesto que su compañía se ha fijado para cada película, desde su formación dos años atrás. La empresa quiere que The conspirator sea el primero de una serie de films que traten la historia del país pero que sean sostenidos por elementos sorpresa dentro de historias conocidas, afirma Alfred Levitt, alto ejecutivo de The American Film Co. En lo que tiene que ver con The conspirator, Levitt dice que su empresa está negociando con varios futuros distribuidores y espera tener algo resuelto "en los próximos meses". Entre sus planes está una película sobre personajes secundarios y fundamentales durante la lucha por la independencia.
Redford se muestra cauteloso, por supuesto. "Veremos qué ocurre", dice pensando en las repercusiones lo que pueda ocurrir tras la finalización del festival y sus instancias de venta. "Veremos qué ocurre".
Cambios. Redford considera que hoy conseguir distribuidor se ha vuelto más difícil.
Etapa. La exhibición del film en Toronto este sábado podría abrirle puertas al actor.
Quince años de investigación detrás
Si bien Robin Wright, ex esposa de Sean Penn, tiene la mayor carga en el film, al encarnar a la protagonista, no es la única figura de prestigio en esta película que demandó quince años de investigación. James McAvoy, quien se hizo conocer con el protagónico en Se busca, encarna a su defensor, un héroe de guerra que la representa en el proceso. Detrás de su personaje está el que interpreta el veterano y siempre eficiente Tom Wilkinson. Y en un papel un poco menos visible está Kevin Kline, como secretario de guerra de Lincoln.
La historia de Mary Surratt es interesante y largamente controvertida. En su momento, de hecho, su arresto y posterior ejecución fue muy atendido por la prensa y la sociedad. Su hijo también fue sospechoso de haber participado en el complot para asesinar a Abraham Lincoln y, posteriormente, confesó que fue parte de un plan fracasado para secuestrarlo.
La implicancia de Surratt en el caso surgió a partir de que en su casa se encontraron rastros de la presencia allí de los conspiradores. Uno de sus principales acusadores fue el dueño de la casa que ella utilizaba como salón, quien le quería cobrar el alquiler. Pero el hecho decisivo es que el autor de los disparos, John Wilkes Booth, se detuvo en la taberna de Surratt.
Las declaraciones a lo largo del juicio fueron, como era esperable, un cruce de acusaciones cuyo resultado fue la escandalosa condena de Surratt.