Una diva británica

JORGE ABBONDANZA

Hace unos días culminó en Roma el Festival Internacional del Film, donde resultó ganadora la comedia argentina Un cuento chino. Allí se exhibió la película australiana The Eye of the Storm (El ojo de la tormenta) en la que Charlotte Rampling interpreta -a los 66 años- a una mujer de 85 que está muriendo en su caserón de Sydney mientras recibe la visita de sus dos hijos, Judy Davis y Geoffrey Rush. La vieja los desprecia porque ambos han fracasado en la vida y ella en cambio ha sido un modelo de energía, capacidad de mando, acumulación de riqueza y disfrute de placeres, incluído el entusiasmo sexual. Junto al lecho de la agonizante, esos hijos vuelven a ser humillados por una madre que hasta último momento no abandona su despotismo.

Dirigido por Fred Schepisi, el asunto proviene de una novela de Patrick White, que en 1973 obtuvo el Nobel de Literatura, y se desarrolla en la Australia de los años 70, aunque retrocede en el tiempo con pantallazos que permiten ver a una Rampling menos achacosa. La llegada de la actriz a Ro- ma para presentar su película, provocó un gran revuelo periodístico y mostró que esa inglesa sexagenaria no ha perdido su notable poder de seducción. Algunos espectadores de la tercera edad quizá recuerden los comienzos de su carrera, hace 45 años, cuando apareció con su rostro de ojos entornados y su voz grave componiendo a la amiga de Lynn Redgrave en Georgina, que era una comedia agridulce y muy bien hecha. Después Charlotte fue solicitada por directores famosos como Luchino Visconti (La caída de los dioses), Liliana Cavani (Portero de noche) o Woody Allen (Recuerdos) hasta convertirse en una celebridad que ha sabido internarse en la madurez de la vida aceptando papeles adecuados a su edad, tanto en el cine anglosajón como en el francés.

Ahora, en El ojo de la tormenta, juega con el desafío de interpretar a una señora 20 años mayor que ella, apoyándose en un diálogo mordaz y una estampa de autoridad invencible. En un cine comercial como el de hoy, donde muchas actrices de su generación se empeñan en seguir pareciendo muchachas, ella sabe dar el ejemplo de cómo envejecer con elegancia y aprovechar la calidad de un personaje como el que defiende en este nuevo título. Ya no abundan las personalidades femeninas de la categoría de Rampling, que es el emblema de una estirpe de divas en peligro de extinción, heredera de otras mujeres cercanas a la fascinación como Margaret Leighton, Geraldine Page, Katharine Hepburn o Maggie Smith. Que aprendan de Charlotte las colegas más jóvenes, mientras el público puede seguir disfrutándola.

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