Un mosaico sobre la culpa y la tristeza

Dos poderosos haces de luz azul surcan el cielo nocturno de Manhattan al inicio de esta película. Son dos rayos que se elevan rectos y paralelos desde la misma zona en la cual estaban las Torres Gemelas y algunos otros edificios adyacentes, o sea el área conocida en Estados Unidos como "Ground Zero".

Desde el vamos, el director Spike Lee introduce en el film el tema del estado de ánimo neoyorquino luego del 11 de setiembre del 2001. Tal vez esta sea una de las formas de apropiarse de una película que, en lo previo, no aparentaba pertencerle. Junto a Woody Allen, Martin Scorsese y algunos más, Spike Lee integra esa casta de cineastas estadounidenses que filma a partir de guiones propios o adaptados por ellos mismos y que a menudo también producen sus proyectos. Además, La hora 25 también constituye una suerte de anomalía en la filmografía de Lee por su ausencia de "negritud". Uno de los grandes aportes del director es el haber retratado con pasión y compromiso las tensiones raciales que aún persisten en Estados Unidos, a 137 años del fin de la esclavitud.

En este caso, ninguno de los protagonistas es negro y tampoco las relaciones entre distintas razas está en el centro de la trama. En cambio, se trata de una película que indaga en las diferentes consecuencias morales que acarrean ciertas acciones y cómo esas afectan la vida de un grupo de amigos que mantienen una relación un tanto laxa entre ellos. Sin embargo, incluir en el guión —una adaptación de una novela hecha por el propio director— referencias al atentado del 11 de setiembre es otra forma de Lee de volver a filmar a su amada ciudad de adopción (nació en Atlanta), esta vez retratada con la ayuda del talentoso director de fotografía mexicano Rodrigo Prieto (Amores perros, 8 Mile).

Edward Norton interpreta al personaje principal, Montgomery Brogan, un simpático y para nada intimidante narcotraficante, cuyo negocio se viene abajo cuando la DEA allana su apartamento y encuentra una considerable cantidad de dinero y drogas. Luego del debido proceso investigativo y judicial, Brogan recibe la sentencia: siete años de cárcel. Brogan tiene 24 horas para despedirse de la vida tal como la conoció hasta ese momento: dinero fácil, una bella novia (Rosario Dawson), dos amigos que no le exigen ni lo cuestionan y un padre viudo, ex-alcóholico y un tanto sobreprotector. Hacia el final de esa jornada, Brogan, sus amigos y su novia se darán cita en una discoteca para una última noche de parranda antes de marchar voluntariamente hacia la cárcel.

Lee, con buenos antecedentes en eso de contar una historia que se desarrolla durante un día (Haz lo correcto), vuelve a posar la cámara sobre los personajes en su peripecia externa e interna en la metrópolis. Lo hace con el aplomo que le otorga una destacada trayectoria cinematográfica y el espectador nunca pierde el hilo de la historia aunque ésta se mueva de atrás para adelante con numerosos "flashbacks". El director echa mano a su pasión y sensibilidad musical en una de las mejores secuencias de la película, filmada en una discoteca, durante la cual los sonidos del hip-hop rebotan de un parlante a otro, así como los personajes avanzan a los tumbos en un ambiente caótico y sensual.

En torno al personaje de Norton orbitan los de los amigos Jacob (Philip Seymour Hoffman) y Francis (Barry Pepper). Muy unidos durante la infancia, los tres se han distanciado a medida que crecen. Una de las razones para este alejamiento son las actividades ilegales de Brogan, algo que Francis condena íntimamente pero no se atreve a decirle en la cara a su amigo. Jacob, en tanto, vive un intenso conflicto emocional cuando descubre que se ha enamorado de una de sus alumnas y desea encontrar en sus amigos un consejo o algo que alivie su tormento. El lugar que ocupa Naturelle en la historia también influye sobre la amistad entre ellos.

En torno a esos cuatro personajes, Lee despliega un mosaico de relaciones en las cuales se intercambian reproches, sinceramientos, traiciones y también declaraciones de amor. Al mismo tiempo, la película contrasta la predominante sensación de tristeza entre los cuatro (después de todo, Brogan fue condenado a siete años de cárcel) con aquella que los atentados produjeron en la ciudad de Nueva York. Pero las pinceladas neoyorquinas son justamente eso y rara vez las referencias al atentado o la sensación que éste ha provocado en la ciudad se convierten en protagonistas de La hora 25.

Una historia de estas características depende casi exclusivamente del desempeño de los actores. Por suerte, tanto Lee como el elenco encuentran el tono adecuado para exteriorizar toda la gama de sentimientos por los cuales atraviesan los personajes. Norton, quien aceptó este papel solo porque iba a ser dirigido por Lee, vuelve a entregar una interpretación abundante en matices, sin excesos ni efectismos. Por otra parte, es una lástima que Hoffman vuelva a ser ubicado en el papel de un personaje algo patético y lastimero, como lo ha hecho en muchos films, porque se intuye que se trata de un intérprete con un registro mucho mayor. También Pepper y Dawson se destacan. El primero como un arrogante agente de Wall Street con una compleja relación hacia uno de sus mejores amigos, y la segunda como una mujer que debe lidiar con la partida de su amado, quien encima duda acerca de su fidelidad.

critica | FABIAN MURO

LA HORA 25

Dirección. Spike Lee

Guión. David Benioff, sobre novela propia

Fotografía. Rodrigo Prieto

Producción. Edward Norton, Spike Lee,

Tobey Maguire, etc.

Música. Terence Blanchard,

Bruce Springsteen

Elenco. Edward Norton, Rosario Dawson,

Barry Pepper, Philip Seymour Hoffman,

Anna Paquin, Brian Cox

l Estados Unidos, 2002

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar