MATÍAS CASTRO
Tiene 28 años, dos hijos, un divorcio escandaloso, varios tropezones (o caídas al pozo, según cómo se los mire), un historial de descontrol afectivo bastante importante, millones de dólares facturados, millones de dólares gastados, varias vueltas al mundo y todas las presiones imaginables. Britney Spears ha pasado por todo eso y recién ahora se habla de que estaría recuperando el control de su vida. ¿Lo tuvo alguna vez?
Hace un par de semanas la chica que alguna vez fue definida como "la princesita del pop" (aunque ni su temprano éxito la hizo merecer el diminutivo, más apto para una figura un poco más... inocente) tuvo un pequeño problema en Australia. Uno más en una larguísima lista de traspiés y golpes. Durante un concierto en ese país hizo playback, cosa que despertó la ira de unos cuantos, la burla de parte de otros y la total desilusión de más gente.
Ahora, recompuesta, se convirtió en la portada de la revista Elle. La publicación es, entre todas las dedicadas a la moda, al espectáculo, la salud y la belleza, la mayor del mundo. Y ser la foto de portada es una especie de raro privilegio para muchas celebridades, que ponen su imagen en juego allí. Y por eso Britney, al cumplir 28 años, apareció junto a sus hijos, mostrándose como una madre feliz y con un grupo familiar sólido. Algo bien distinto a lo que cualquiera podría imaginar, luego de verla haciendo locuras a lo largo de tantos años (en fiestas, internaciones en siquiátricos, internaciones en rehabilitación, rapándose ante cámaras, golpeando a los periodistas que la seguían, divorciándose escandalosamente... y la lista sigue).
Britney es el ejemplo más completo de lo que el star system le puede hacer a la psiquis de una persona, si no tiene las herramientas adecuadas de su parte. La nueva imagen que quiere mostrar, no deja de ser parte de eso.