Un interesante desafío

El último concierto de la Orquesta Filarmónica tuvo la singular característica de ser monográfico, es decir dedicado por completo a obras de un sólo compositor. Esta modalidad, que tiene fundamentados defensores, ha sido puesta en práctica muy pocas veces por los responsables de armar los repertorios para nuestras dos grandes sinfónicas. De ahí que este programa admitiera una primera lectura: cierta cuota de innovación, que al romper con la rutina se convierte en un desafío.

Pero más ‘radical’ parece la propuesta si el concierto monográfico está dedicado a un músico prácticamente desconocido por el público estándar, como es el caso del polaco Karol Szymanowski (1882-1937), un compositor cuyo lenguaje refleja el gusto por las nuevas sonoridades con que Stravinsky ‘inauguró’ la música del siglo XX.

Claro que al tratarse de un concierto benéfico, el público estaba asegurado, en su mayoría por razones extra musicales. Por lo tanto, en materia de asistencia, el único "riesgo" era que parte importante de la concurrencia pudiera cansarse de escuchar una música difícil de disfrutar y no tuviera más remedio que quedarse sentada largo rato en nombre de la alta cultura.

Otro desafío era el que debía encarar la orquesta y los cantantes (a excepción de la mezzo polaca) al enfrentarse a obras nunca hechas en Uruguay, y ciertamente complejas para el poco tiempo de ensayo y la superposición de actividades que por lo general tienen los músicos locales.

Ahora bien, la incógnita seguramente iba a ser contestada ya durante la Sinfonía Concertante que abría el programa, quizás la obra más exigente de las cuatro. Y la verdad es que la ejecución tuvo un nivel aceptable, por tratarse de una pieza que es un muestrario de dificultades: ritmo cambiante, cambios de dinámica bastante abruptos y frecuentes, abundante participación para las diferentes secciones, muchos pasajes en los cuales coexisten dos o tres ritmos simultáneos, y una armonía en donde la disonancia predomina sobre la consonancia.

García Banegas, muy concentrada en su tarea, dio la impresión de sentir la responsabilidad de dirigir una masa orquestal mucho mayor a la que ella está acostumbrada a dirigir, y que además está fuera de su especialidad: la música antigua.

En realidad uno tendría que conocer con mayor profundidad esta cuarta y última sinfonía que escribió Szymanowski para emitir ciertos juicios, porque la pieza es de una densidad tal en materia de sonoridades y recursos técnicos, que hace difícil su descodificación en una primera audición. Lo que sí resultó evidente es el interesantísimo trabajo que el compositor polaco pautó para el piano "concertante", ejecutado con sensibilidad y precisión por Julián Bello, cuyo perfil bajo pareció evaporarse al tocar con la autoridad que lo hizo esa parte escrita por Karol Szymanowski para su amigo, el gran Arthur Rubinstein.

Con la Sinfonía Concertante finalizó la parte puramente instrumental del concierto, ya que restaban ahora Tres canciones para cantante y orquesta, Letanía a la Virgen María para soprano coro femenino y orquesta, y el Stabat Mater, pieza sinfónico-coral con participación de un terceto de voces solistas.

Para interpretar las canciones sobre textos de Jan Kasprowicz que Szymanowski escribió a los 20 años, ingresó al escenario la mezzo soprano polaca Teresa Stepien, cuyo fastuoso y anacrónico vestido le daba un toque de diva inaccesible proveniente del siglo XIX.

Cantó con propiedad y dominio de la escena, haciendo gala de una emisión clara y de un hermoso timbre "mate" que se imponía a través de un generoso caudal vocal. Siempre colocó bien su voz, no obstante los numerosos saltos de registro que pauta la escritura de Szymanowski para la solista. Por momentos se olvidó que una orquesta es como un barco pesado que no puede hacer maniobras bruscas y aceleró o enlenteció las frases "a piacere", como si estuviera cantando con un pianista.

La segunda parte se caracterizó por la presencia del Ensamble Vocal de Profundis que participó a través de su mitad femenina en la primera parte de la Letanía y con su formación completa en el Stabat Mater opus 53, una de las obras más conocidas del compositor polaco.

Isabel Barrios, solista en la Letanía, confirmó su condición de buena cantante exhibiendo una nítida voz capaz de sortear las dificultades de tener que cantar en idioma polaco, a la vez de imponer su volumen en aquellos momentos en los cuales la orquesta tuvo una participación importante, aspecto que podría haber eclipsado la actuación de un cantante con menos caudal.

La pieza final, también impregnada de disonancias y líneas melódicas independientes entre sí, contiene un clima sacro muy interesante que parece una relectura de la tradición medieval desde una óptica contemporánea. Aunque una vez más, como en el caso de la sinfonía, por su complejidad conceptual se hace difícil de evaluar ‘a primera vista’, porque por momentos le da a uno la impresión de que la pieza careciera de una estructura diseñada con claridad y de una sintaxis fluida.

critica | eduardo roland

ORQUESTA FILARMONICA / ENSEMBLE VOCAL DE PROFUNDIS

Quinto concierto de la Temporada

Director. Cristina García Banegas

Solistas. Teresa Stepien (mezzo), Isabel

Barrios (soprano)

Programa. Obras de Karol Szymanowski

Lugar. Radisson, lunes 30 de junio

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