Un género que sólo le debe a sus autores

| En el mercado local la literatura infantil llega a cifras de venta altas, con independencia de su calidad

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MATIAS CASTRO

Mucho se habla de la escritora británica J. K. Rowling y de Harry Potter como un gran motivador de la lectura entre niños y jóvenes que no leen habitualmente. Se dice que a esos mismos lectores los libros del mago de lentes les han quitado el miedo a las narraciones extensas. Y también ha hecho lo propio con muchos editores de literatura infantil de todo el mundo que se han dado cuenta que, al igual que ocurre con los bestsellers "para adultos", un libro voluminoso llena el ojo del potencial consumidor por su presencia. Sin perjuicio de las virtudes de los libros de Rowling, que según los entendidos son varias, ni de las que tengan muchas de esas gruesas novelas episódicas para niños editadas últimamente, hablar de un resurgimiento de los lectores no es del todo acertado. Al menos no en Uruguay.

El dato cierto es que el total de las novelas de Harry Potter vendidas en Uruguay, desde que las distribuye Océano, sumaba hasta hace poco cerca de 65 mil ejemplares. A esto habría que sumarle la cantidad indeterminada que vendió el sello Emecé mientras tuvo los derechos de los libros de Rowling. La cifra no es nada despreciable en un contexto editorial como el uruguayo, donde un libro promedio puede vender aproximadamente unos mil ejemplares, o incluso menos. La calidad literaria queda fuera de este análisis.

LOCALES. La escritora Helen Velando, autora de la serie Los Cazaventura y de Detectives en el Parque Rodó, llevaba vendidos hasta enero de este año más de 66 mil ejemplares de todos sus libros editados con el sello Alfaguara desde 1999. Hay que agregarle a esta cifra un período anterior, tal vez de menor notoriedad, con otras editoriales. La extensión de cada uno de los tres tomos de la familia aventurera, que supera largamente las 300 páginas, no ha sido obstáculo para que se vendieran unos tres mil en cada caso. Su bestseller, que es Detectives…, que ya se ha convertido en obra de teatro y que planea transformarse en una película, superó los 15 mil ejemplares.

Las cifras aumentan en el caso de Roy Berocay, autor de los seis libros del Sapo Ruperto. Según cifras emitidas por la editorial Santillana, desde que comenzó a publicar con ellos en 1997, todos sus libros sumados han vendido unos 130 mil ejemplares. Pero Berocay no nació en esa casa, ya que Aventuras del sapo Ruperto salió a la calle por primera vez en 1989 y casi desde ese entonces se convirtió en un fenómeno que, según reconocen muchos conocedores del tema, trajo aires de renovación a la literatura infantil nacional. Lo curioso es que si Berocay es casi un sinónimo de literatura infantil, su libro más vendido es la novela de adolescentes Pequeña Ala, que ronda los 20 mil ejemplares.

Y no obstante las cifras, el fenómeno mediático del joven mago inglés pasa por arriba a cualquier bestseller local. Ni Berocay ni Velando, ni Ignacio Martínez (El viejo Basa), tienen millonarias películas adaptando sus obras, o apariciones casi a diario en la prensa.

"Me parece que si hay algo que los impulsa a leer es bueno" dice Velando en cuanto al fenómeno de Rowling, aunque confiesa que no ha leído sus libros. "Cuando voy a las escuelas les digo que no me importa lo que lean, lo importante es que empiecen a leer, más allá de los valores que tengan desde el punto de vista técnico."

"En primer lugar la gente que afirma eso (que Harry Potter atrae más lectores) tiene un desconocimiento total sobre la literatura infantil en nuestro país, y creen que uno lo dice por envidia al éxito ajeno" asegura Berocay. "Ya existía toda una camada de libros y autores muy sólidos antes. Te hablo de hace 15 años o un poco más. Detrás de esto vienen las grandes operaciones de marketing. No juzgo la calidad artística, pero acá los niños empezaron a leer autores nacionales y luego llegó Harry Potter. Decir eso le vende a la gente la idea de que si su hijo no leyó, con Harry empezarán a hacerlo. De hecho son libros extremadamente largos para niños que no leen. Algunos son muy entretenidos, pero pecan por exceso de escritura".

La editorial Fin de Siglo publicó en 2001 el primer tomo de una saga de corte fantástico llamada Los Andaluins (de la que hay cuatro episodios que se han reeditado en Argentina, y una agenda), escrita por el arquitecto Gabriel Aznárez. Teniendo en cuenta que la explosión literaria de Harry Potter ocurrió con el lanzamiento del tercer tomo en abril de 2000, no es disparatado vincularlos.

DIFERENTES. Edmundo Canalda, director de la editorial, afirma que "la importancia extraordinaria que tuvo en Uruguay, se debió a que no creció con campaña publicitaria, sino con un descomunal boca a boca. El tomo 3 marcó el momento decisivo, y mostró que el dogma que decía que los libros largos para niños no funcionaban, no era tan así. Creo que tiene un mérito enorme por haber apasionado a los lectores. Yo sigo defendiendo a Harry Potter."

Cada uno de Los Andaluins lleva vendidos entre 1.500 y 2.000 ejemplares, según un relevamiento hecho en marzo por fuera de la editorial. El de Aznárez es uno de los pocos casos de literatura fantástica para niños. Otro ejemplo es el de Federico Ivanier, con sus dos libros de Martina Valiente, cuyo primer tomo le dio un premio del Ministerio de Educación y Cultura y luego un Bartolomé Hidalgo como "revelación".

Magdalena Helguera cerró su estudio sobre la literatura infantil uruguaya, A salto de sapo, en 1989, cuando se editó el Sapo Ruperto. Desde esa fecha se ha gestado un in crescendo en los libros, en los lectores y en el mercado. Pero lo cierto es que la literatura infantil no fue descubierta hace cinco años.

Métodos de promoción entre la acción cultural y la estrategia de marketing

Frente a la pesada estrategia de marketing que apoya Harry Potter, que proviene de varios frentes (distribuidores de cine y video, jugueterías, librerías y licenciatarios de merchandising), y que con seguridad en Uruguay genera mucho más dinero que todo lo relacionado a autores nacionales, estos y sus editores promueven los libros de otro modo.

Los autores infantiles suelen visitar escuelas, públicas y privadas, para dar charlas y contestar preguntas. Son instancias de un acercamiento recíproco del lector al autor, y también ocasiones que se paran sobre una delgada línea entre la promoción cultural y la acción de marketing. En esto hay diferentes posturas. Magdalena Helguera, por ejemplo, es muy cuidadosa, y al igual que Berocay no hace visita escuelas con sus libros en la mano. Ignacio Martínez, descrito por Helguera en A salto de sapo como "un incansable visitador de escuelas", es el que más se dedica a esta tarea. Berocay afirma que en el caso de las escuelas públicas no cobra, ni siquiera los viáticos.

Para Velando "Yo las charlas me las tomo como docencia... Hablamos de gramática, sintaxis y de cosas que les abren la cabeza. A algunos les da por leer, a otros por escribir, y a otros no les da por nada. Pero el rato dedicado a escuchar es lo que vale."

Una feria de libros para los chiquitos

El carácter fuertemente definido de la literatura infantil llega a tal punto que tiene una feria anual del libro dedicada a él. Esto es con independencia de que los autores suelen estar de acuerdo en que escribir literatura para niños es escribir buena literatura, a secas.

Instalada en el atrio de la Intendencia, y con entrada gratis, esta sexta Feria del Libro Infantil y Juvenil abrirá sus puertas desde el próximo lunes hasta el sábado 13. Habrá actividades todos los días, dirigidas mayormente a grupos escolares pero que también reciben a otro público.

La primera actividad del lunes, a las 10 de la mañana es la presentación del libro Pepito 3, de Pepe Pelayo, editado por Mosca. Ese mismo día, a las 14 horas, seguirá una charla con Federico Roca y Verónica Leite, respectivamente autor e ilustradora del libro El "chou" del lagarto.

Los días siguientes irán obras de teatro sobre libros de Susana Olaondo, una presentación del libro nuevo de Ignacio Martínez, y también charlas con escritores como Isabel Amorin, Gabriela Armand Ugón, Gabriel Aznárez y Magdalena Helguera.

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