Un espectáculo muy disfrutable

Varios motivos se conjuntaron para hacer de este cuarto concierto de la temporada de la orquesta municipal un evento de vivo interés. Primero, la presencia de dos solistas de altísimo nivel; segundo el estreno de un concierto para piano y orquesta con la presencia del compositor (Edward Hart) en la sala; tercero, la existencia de piezas de raíz popular con otras de neto corte culto; y cuarto, la ejecución de la sinfonía menos conocida de Beethoven, la Segunda.

Una vez más en lo que va del ciclo sinfónico de la Filarmónica se dio el poco habitual hecho de que en un mismo concierto actúen dos solistas. Dos fechas atrás habían estado el bandoneonista argentino Daniel Binelli y la pianista uruguaya Polly Ferman, ahora fueron Enrique Graf (otro pianista uruguayo radicado en Estados Unidos) y Roberto Limón, en opinión de Eduardo Fernández el mejor guitarrista mexicano del momento.

PROBLEMAS. Lo único que a priori se percibía como un posible punto débil era el armado del programa, que además de ser un poco extenso, presentaba las dos piezas de origen mexicano (con guitarra solista) separadas, comenzando cada una de las partes. Y en efecto, luego de escuchar todo el concierto, resultó evidente que la Suite para guitarra y orquesta inspirada en canciones rancheras del gran José Alfredo Jiménez (1926-1973) estuvo de más, sobre todo por su pobre nivel compositivo. Si en su lugar se hubiera puesto el Danzón N° 3 de Arturo Márquez que abrió la segunda parte, el concierto habría sido perfecto.

La verdad es que las orquestaciones que el argentino Alberto Nuñez Palacio (Buenos Aires, 1941) hizo de tres conocidas canciones de José Alfredo son más apropiadas para amenizar una cena que para ser escuchadas en una sala de conciertos. Para quien escribe sólo Serenata Huasteca (última canción de la suite) tuvo algo interesante, pero más por la estructura rítmica propia que por las armonías y los parámetros compositivos utilizados por Nuñez que, para que se entienda, en esta obra se muestra como una especie de Waldo de los Ríos.

En cambio la pieza del compositor mexicano Arturo Márquez (Alamos, 1951) tiene otra estatura artística; en su Danzón N° 3 (para guitarra y orquesta) se ve la mano de un buen compositor. Por su parte, el guitarrista Roberto Limón se mostró solvente en todo momento, aunque las obras que ejecutó no requerían un gran esfuerzo técnico, es decir que daban poco lugar al lucimiento del solista.

El otro aspecto que no benefició la actuación de Limón fue el sonido de la amplificación, aspecto delicado sobre el cual nos hemos extendido en otras oportunidades. En definitiva, tanto el Sodre como la Filarmónica deberían tener un set propio compuesto por micrófono, amplificador y cajas acústicas de primer nivel, lo mejor para amplificar guitarras españolas. Porque no puede ser que Limón haya tocado nada menos que una guitarra Hauser, y a juzgar por el sonido resultante de la amplificación hubiera sido lo mismo que tocara con cualquier guitarra de estudio: los matices no podían percibirse y el sonido tenía mucho de metálico.

estreno. El Concierto de las Mareas del compositor estadounidense Edward Hart (37 años), que sólo se había tocado una vez antes de esta oportunidad, trajo uno de los momentos más esperados de la noche, quizás más que por la expectativa del estreno por la presencia de Enrique Graf, un pianista muy apreciado por el público local. Era ésta la oportunidad de verlo tocar una pieza contemporánea, algo que es una excepción en su brillante carrera de solista junto a orquestas de primer nivel mundial.

La actuación de nuestro compatriota fue muy buena, exhibiendo no sólo una técnica y una sensibilidad irreprochables, sino una perfecta adecuación a una obra difícil y con una escritura en donde la orquesta tiene un peso casi tan importante como el del instrumento solista. Seguramente las posibilidades que tuvo Graf de intercambiar ideas con el propio compositor (son amigos y colegas en el College of Charleston) le dieron los elementos claves como para entender absolutamente la intención estética del compositor y adecuarse cabalmente a ella.

Porque el concepto de Hart en su Concierto de las Mareas está bastante lejos del concierto clásico, no obstante mantenerse fiel a la trilogía de movimientos ligero-lento-ligero. Parece claro que los medios expresivos que Hart aprovecha de la orquesta son hijos de las mejores bandas sonoras del cine de los últimos veinte años, aderezadas con cierta impronta heredada del notable Aaron Copland (1900-1990), quizás el mejor compositor estadounidense de todos los tiempos.

La música de Hart es eminentemente visual, cualquier escucha con oídos entrenados podía "ver" los vaivenes permanentes de las aguas, descripto tanto en el trabajo del propio teclado como a través de la masa orquestal. La arquitectura de la obra está muy bien diseñada, y apunta a la creación de climas sonoros, antes que nada. Hay una breve y lograda frase de cuatro notas que el piano realiza cada tanto y que oficia como elemento unificador, a la vez que se encarga de hacer presente el gran misterio que encierra el mar para los hombres.

La noche se cerró con la Sinfonía N° 2 de Beethoven, dirigida con gran sensibilidad por Martín García, el más joven de la nueva generación de directores orquestales nacionales. La Filarmónica nuevamente mostró que está pasando por un momento destacado, realizando una lectura muy interesante que permitió disfrutar de una pieza que nada tiene que envidiarle a sus hermanas más conocidas y celebradas.

critica | EDUARDO ROLAND

ORQUESTA FILARMONICA

Cuarto concierto de la Temporada

Director. Martín García

Solistas. Roberto Limón (guitarra),

Enrique Graf (piano)

Programa. Obras de José Alfredo Jiménez

/ Alberto Nuñez Palacio, Arturo Márquez,

Edward Hart y Ludwig van Beethoven

Lugar. Radisson, lunes 16 de junio

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