El País de Madrid | Joseba Elola
Cantan al amor en vez de al sexo, a la luz en vez de a la heroína. Maduros. Familiares. Adultos, al fin, con cuarenta y pico. Así son hoy los Red Hot Chili Peppers, uno de los grandes grupos de grandes estadios.
Los Chili Peppers reaparecen con una apuesta singular: un disco doble, algo poco usual en los tiempos que corren, una colección de 28 canciones fruto de una etapa de incontinencia creativa, un chorreo de ideas bautizado con el nombre de Stadium arcadium. Dicen que es lo mejor que han hecho nunca, que es lo que suelen decir los artistas cuando sacan algo nuevo.
CONSAGRADOS. Han pasado 23 años desde los comienzos de la banda, y los Red Hot Chili Peppers son hoy uno de los grandes grupos del rock, con un lugar en el olimpo del rock junto a bandas como U2 o R.E.M. y ventas que rondan los 50 millones de discos.
La biografía de Anthony Kiedis, el cantante, no tiene desperdicio. Criado en el Midwest, se fue a Los Angeles a los 11 años a vivir con su padre. A los 13, ya asistía a bacanales con chicas y drogas. Conoció a Flea, el bajista, en el instituto de Fairfax, y ahí nació el germen del grupo.
Showman de cuidado, famoso por pasearse desnudo por los escenarios, hoy es coleccionista de arte. "Es bastante divertido comparar a los dos personajes. Se me olvida cómo era de vulgar y de molesto: es una suerte haber tenido una época de mi vida en que me sentía tan bien por ser así, pero no tenía ni la información ni las herramientas para saber que aquello no estaba bien, no había madurado, era un auténtico hijo de p… Es importante cambiar y moverse hacia adelante como individuo. Y como músico o artista también es importante reinventarte".
La biografía de Kiedis también está marcada por los abismos de la adicción. "Hasta ahora he sido bendecido con el regalo de superar situaciones muy difíciles con las drogas y aprender de ellas, crecer con ellas, beneficiarme de ellas. He sobrevivido a una experiencia maníaca y he procurado compartirlo con gente que estaba en esa misma lucha".
OSCILACIONES. Kiedis empuña delicadamente la taza de té y sorbe con corrección. Inspira y suelta el aire profundamente, despaciosamente.
-¿Quién tiene el mayor ego en esta banda?
-(Risas). Esa es una pregunta realmente rara. Si me hubieses preguntado hace tres meses, te hubiera dicho que el mío, pero mi ego fue golpeado por un meteorito hace un par de meses y una parte de él está quemándose en tierra desde hace un tiempo.
-¿Por qué?
-Sería muy largo contarlo. Se debe a una experiencia personal que por un lado fue maravillosa, pero -por otro- dolorosa. No sé si alguna vez has tenido en tu interior una casa que se está quemando durante un mes y medio, es bastante doloroso; sé que esto servirá para que me vaya mejor en la vida, pero mientras tanto, sigo trabajando con los escombros… Lo del ego es raro: en ocasiones te levantas y te relacionas con humildad, que es mucho mejor que despertarse imbuido en el propio miedo al que te lleva tu ego… En el grupo, cualquiera de nosotros puede tener su día de ego enorme y portarse como un auténtico retrasado.
-¿Cómo es un día normal en su vida?
-Si estoy en época de ensayos, comienzo el día en una pequeña habitación en el valle de San Fernando, con instrumentos y un micro. Alimento a los perros, los saco a pasear, es maravilloso. Luego repaso el correo electrónico, voy a la sala de ensayos, tengo una experiencia creativa comunal y la energía fluye, vuelvo a casa escuchando la música que has grabado, me voy a cenar con algunos amigos, paso el resto del día con mi novia… Si estoy de vacaciones, voy a visitar a mi familia en Michigan, o me voy unos días a Hawai, a nadar en el océano… Si estoy grabando, hago ejercicio, bromeo, juego al básquetbol… También puedo ir a ver a los Lakers, a hacer surf… Y luego llegan las giras: me levanto en habitaciones de hotel durante un año. Lo importante de estar fuera de casa es seguir creciendo: si te pasas un año fuera de casa y vuelves y eres el mismo, algo no funcionó. Tienes que seguir creciendo y expandiéndote.
-Usted tiene una biografía con muchas experiencias de las que ayudan a aprender de la vida. ¿Qué ha aprendido de sí mismo?
-Odio lo que aprendí, lo que aprendí de mí es horrible, pero lo aprendí.
-¿Por qué?
-He estado tantos años de mi vida, 43, sin ser consciente de mis defectos…Hay cualidades en mi personalidad que amo, y soy consciente de ellas: tengo buen corazón, amo a la gente, soy generoso; pero hay una parte de mí de la que nunca he querido saber gran cosa y es mi egoísmo, mi codicia. Esos defectos pueden crear barreras que te impiden ser auténticamente abierto e íntimo en tus relaciones con familia, amigos, con otras personas significativas; así que vas por la vida creyendo que eres bueno y dadivoso, pero, al mismo tiempo, quieres más, quieres que la gente sea distinta a cómo es y eso te frena a la hora de comprometerte al 100% con otra persona. Tener un pie dentro y otro fuera de una relación es un error: me gusta esta persona, voy a darme al 80% y el otro 20% puede vagar por ahí, eso es lo que te impide vivir la experiencia de crear más luz junto a otro individuo. Es brutal darse cuenta de esto, pero me alegro de haberlo hecho. La próxima vez que me encuentre en esta situación, especialmente en una relación de pareja, creo que será mejor. Y con las amistades también, hay que comprometerse incondicionalmente. Eso es lo que aprendí de mi lujuria, codicia y egoísmo.
-¿Y cómo ve el mundo en el que vivimos?
-Intento reducirlo a un principio sencillo, porque el caos resulta cegador, confunde, distrae: hay una razón para que ocurra todo lo que está ocurriendo, hay veces en que algo tiene que ir mal para luego ir bien. Veo gobiernos horribles operando desde una posición de poder, como en Estados Unidos, donde ves guerras en lugares donde no debería haberlas, ves continuos desastres medioambientales, destrucción de la naturaleza… Probablemente todo esto ocurre por una razón que no podemos entender, y así es como aprenderemos la lección; hay una canción en el disco que aborda este tema, 21st century. Habla del caos y de por qué se ha torcido todo tanto… Tengo fe en que hay un motivo para todo ello.
-O sea que es usted un absoluto optimista…
-Básicamente, he sido optimista toda mi vida; incluso frente al desastre he sido un absurdo optimista, no sé por qué, tal vez porque de pequeño fui a un campamento que se llamaba Campamento Optimista. Incluso cuando me he estado muriendo he sido optimista.
"He sido optimista toda mi vida. Incluso cuando me he estado muriendo"
El elogio a la desmesura de unos californianos que fueron picantes
Fabian Muro
En tiempos de iPods y descargas virtuales, de canciones que van a la Papelera de Reciclaje a la velocidad de un doble clic, un binomio de 28 canciones es una apuesta romántica, heroica y desmesurada. El grupo cumple con la tradición de todo clásico: la de editar un disco de largo aliento y alcance, en una época en la que estas tradiciones se resquebrajan y se viene anunciando la muerte del álbum con insistencia.
Nada de eso parece importarles a Kiedis, Flea, Smith y Frusciante. Claro, ellos pueden darse ese lujo. Con cifras de ventas como la mencionada en la nota central, ningún sello puede negarles la edición de un álbum tan grandilocuente como Stadium arcadium. Lejos de la síntesis pop que tan buenos frutos dio en el disco anterior -By the way- el nuevo trabajo expone todas las facetas de una banda que pronto cumplirá 25 años de historia y que ya se reservó un lugar en el Salón de la Fama del Rock. Hay funk espacial, pop típicamente californiano, rock desquiciado y alternativo, rap caucásico y mucho más en Stadium arcadium. En definitiva, un repaso histórico y musical de cuatro tipos ya seguros de su importancia y aporte.