Matias Castro
Cuando hace un año comenzaron a filmar su documental Celebración Rock, en el festival de Cosquín, decidieron que tenían que incluir a La Vela Puerca en la investigación. Para eso vinieron Claudio Kleiman, como asesor musical, Daniel Werner, como productor, y Sebastián Schindel como director. Tuvieron un fugaz paso para estar un día con la banda uruguaya y recorrer los lugares que marcaron su historia. Kleiman dice que eligieron a esta banda porque es la más masiva de las uruguayas que tocan allá. No se podían permitir filmar más bandas. En su país la lista es extensa pero acotada: Almafuerte, Calamaro, Arbol, Attaque 77, Babasónicos, Bersuit, Catupecu Machu, Fito Páez, Intoxicados, Las Pelotas, León Gieco, Los Piojos, Ratones Paranoicos y Pappo.
—¿El título Celebración Rock alude al rock de estadio?
—Sebastián Schindel: Es un título de trabajo. Le pusimos así porque sentimos que el rock está en un momento excelente en Argentina y especialmente en Uruguay. En Argentina viene desde mucho antes, pero acá es más reciente y por eso es muy fuerte, por la cantidad de bandas y revistas y fanzines, cosa que nos ha sorprendido. Allá está más armado, más institucionalizado, hay más empresas, más revistas.
—Claudio Kleiman:
Se dio un crecimiento masivo del rock, después de la crisis, por el ingreso de una camada muy grande de público que empezó a llenar estadios. Acá se está dando un fenómeno diferente que no existía antes.
—¿Su idea, entonces, es reflejar el rock pos crisis?
—SS: Nuestro foco está en el estado del rock en la actualidad. El punto de arranque está en el pasado lejano, cuando Aries, la productora de esta película, lanzó en 1972 un documental llamado Rock hasta que se ponga el sol que es el primer documento audiovisual del rock argentino. Ahí podés ver el primer recital de Sui Generis, a Santaolalla con Arcoiris, o una de las primeras presentaciones de León Gieco donde el público lo aplaudía en lugar de tirarle naranjazos. Esta misma productora hizo en 1982, poco después de la salida de la dictadura, otro documental llamado Buenos Aires Rock, dirigida por Héctor Olivera, que es el productor de este documental y del primero. Nuestra intención es hacer algo que perdure, apuntar a lo sensorial, a captar un espíritu de época.
—Lo que reflejaba ese documental de 1972 era un momento fermental en el rock argentino, ¿ahora se nota algo así?
—SS: Estamos en un momento muy especial. Notamos que hay un público que no para de crecer y que gasta su tiempo y su dinero en seguir estos espectáculos, tanto a nivel masivo como a nivel de barrios. Porque el rock no es sólo estadios, porque hoy por hoy cada grupo de amigos tiene su banda de rock. Creo que todo esto va más allá de un fenómeno musical, es una forma de entender la vida y de encararla.
—CK: En el primer documental se notaba que había un fenómeno que merecía ser reflejado y tener un correlato en formato cinematográfico, y eso es lo que vemos nosotros hoy. Y es interesante dejar un pantallazo de lo que es el rock en el nuevo milenio. Creo que lo que se ha dado es un cambio de guardia, con grupos de segunda fila que pasaron a ser los más convocantes y llenar estadios, como le sucede a La Renga, Los Piojos o Las Pelotas. Ese es un fenómeno muy actual protagonizado por bandas que existían desde hace unos años.
—¿Por qué se ha convertido el rock en algo masivo?
—CK: Hay muchos motivos. Pero hay un fenómeno claro, hay mucha más gente. Las ciudades se están convirtiendo en lo que antes veíamos en esas películas de ciencia ficción. Ese es un motivo. Y dentro de lo que esta sociedad superpoblada puede ofrecer a los jóvenes, un concierto de rock es una de las experiencias más interesantes que puede tener un pibe.
—Es una experiencia catártica, también.
—SS: Es catártico y participativo. En un festival o concierto de rock, a diferencia de otros géneros, el público es parte activa. También está la cuestión generacional, con respecto al hecho de que sea masivo. Creo que se han sumado las generaciones, se superponen y conviven. Pasa con los Rolling y también con la Bersuit. Esta una reflexión mía, pero no es la idea de la película sostener una teoría.
Rockumental, un género con noticias
n El director Michel Gondry (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos) presentó hace pocos días en la Berlinale un rockumental, es decir un documental sobre el rock, junto a su tercera película de ficción. La palabra rockumental fue acuñada por el director Rob Reiner en su película This is Spinal Tap (1984), que seguía la historia de una inexistente banda de rock. El que acaba de presentar Gondry se llama Dave Chappelle‘s Block Party, y sigue de cerca al famoso humorista televisivo del título, que tras firmar un contrato millonario por una nueva temporada de su show, arma un festejo con músicos y amigos en Brooklyn. Erykah Badu, Kanye west, Dead Prez y Jill Scout, entre otros participaron del espectáculo. Antes, megáfono en mano, el propio Chappelle se encarga de divulgarlo por el barrio en donde se crió. Una de las sorpresas de este documental es la aparición de Los Fugees, banda que no se reunía desde 1997.
Esta Berlinale trajo unas cuantas novedades más para un género que en los hechos existe desde mucho antes que la película de Rob Reiner (se puede citar como ejemplo Woodstock, de 1970). La sección Panorama documental presentó este año otros dos rockumentales y un documental sobre música. Uno de ellos es Leonard Cohen I‘m your man, de Lian Lunson, filmado durante el tributo al músico realizado en Sydney en enero de 2005. Julien Temple, (La gran estafa del rock and roll), presentó Glastonbury, sobre la megafiesta que anualmente se hace en el pequeño pueblo inglés del mismo nombre, con artistas como Bjork, Blur, The Chemical Brothers, Coldplay, Oasis y otros. El que no es exactamente un rockumental es Rampage, que explora la música que escuchan los soldados mientras están de servicio en Irak, la banda de sonido de la guerra, según el director.