Un artista que elogia la madera

| Se reprodujo el parque alemán de Postdam donde hay implantada una obra monumental del escultor

Se mantiene habilitada en el Museo de Arte Contemporáneo (Avda. 18 de Julio 965, piso 2) una exposición de obras en pequeño formato del escultor Ricardo Pascale. Ese despliegue, cuyas piezas refieren a las de volumen monumental que el artista ha emplazado en espacios públicos de varios países (Alemania, Italia, Perú, Uruguay) acompaña la otra muestra —de obras de gran formato, mayormente inéditas hasta ahora en el país— que Pascale inauguró unos días antes en el Centro Municipal (Subte) de la Plaza Fabini. Ambas exhibiciones siguen abiertas, lo cual permite a los interesados una doble visita que es enriquecedora y por cierto resulta complementaria sobre la producción de un plástico uruguayo de interés tan singular, estableciendo con esa simultaneidad un atrayente circuito entre el MAC y el Subte, separados entre sí por escasos cien metros.

Como se sabe, este artista trabaja en maderas duras y ha llevado sus obras a una desusada proyección, no sólo en volumen sino también en el despojamiento de su lenguaje. La muestra del MAC permite una primera aproximación a la obra del escultor, abriendo una visión múltiple: porque Pascale no sólo trabaja esas propuestas pequeñas con idéntico material que el empleado en sus grandes implantaciones (es decir, maderas duras como curupay o lapacho) sino que lo exhibido en el Museo permite al visitante conocer el carácter y el perfil de los trabajos que Pascale ha inaugurado en parques, jardines y plazas a escala internacional.

El eje sobre el cual se expande la muestra del MAC es una reproducción en miniatura del parque de Potsdam (Alemania) donde el escultor ha instalado una de sus mejores obras: ese pequeño paisaje redobla el interés referencial y testimonial de la exposición. Por su parte, la muestra del Subte consiste en ocho obras nuevas, realizadas durante el último año, junto a otras que integraron los envíos de Pascale a las bienales de Cuenca y de Venecia, nunca exhibidas anteriormente en el Uruguay. Se ha editado un catálogo de cien páginas, patrocinado por el diario El País, diseñado por Alejandro Di Candia, con fotografías de Testoni Studios y Fabián Oliver, entre otros. La muestra es auspiciada por Riogas y Cambio Gales. El diseño del montaje y las luces son de Enrique Badaró. La curadora ha sido Alicia Haber.

Pero el proyecto de realizar dos exhibiciones paralelas reclama alguna consideración adicional sobre el Museo de Arte Contemporáneo, porque supone la reactivación de ese espacio dedicado a la divulgación de las artes visuales, que tiene una de las salas más lindas de Montevideo y está abierto los siete días de la semana en horas de la tarde, con libre acceso para todo público. Corresponde celebrar que dicha institución mantenga su conocida vitalidad y lo haga ahora con la muestra que enhebra el lenguaje de Pascale, vinculándolo a su expansión más allá de fronteras.

La iniciativa privada no abunda en el terreno de las artes visuales uruguayas, donde el Estado ha mantenido durante siete décadas un protagonismo a veces excluyente. Esa presencia privada es todavía más escasa en el campo museístico, área especializada que exige un interés muy singular junto a un respaldo técnico para prosperar como corresponde. La existencia del Museo de Arte Contemporáneo, desde su etapa inicial en la Plaza Cagancha hasta su expansión en la actual sede de 18 de Julio, es una excepción que confirma la regla y una presencia que conviene acompañar y estimular.

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