GUILLERMO ZAPIOLA
Su carrera se ha extendido a lo largo de casi veinte años, ha interpretado un buen número de películas de cierto interés, y sin embargo parecería que casi nunca ha habido un real "gran momento" en la carrera de Matthew McConaughey.
Su interpretación del abogado Michael Haller, personaje de varias novelas del escritor de misterio Michael Connelly, que encarna en Culpable o inocente (película que se estrena el próximo viernes) parece empero romper la imagen predominante de galán de comedias románticas que McConaughey ha desplegado en los últimos años.
Aquí tiene que interpretar a un tipo "duro", un leguleyo que, a diferencia del Perry Mason de Erle Stanley Gardner (quien a lo largo de varias decenas de novelas solamente tuvo que defender a un culpable: todos sus demás clientes resultaron ser inocentes) se dedica a sacar de la cárcel a transgresores de poca monta. Conoce la calle y los trucos legales, tiene dos ex-esposas con las que continúa manteniendo algún tipo de relación (una es su secretaria, la otra una funcionaria de la fiscalía que es también su ocasional amante), siempre está metido en deudas de juego, y su lema es "duda razonable a un precio razonable".
Sin embargo, tiene lo que deben tener los héroes (o antihéroes) de la literatura y el cine negros: cierto idealismo tras su aire de cinismo, una vocación por jugar limpio con su cliente, un sentido instintivo de justicia (que no es exactamente lo mismo que cumplir la ley). Lo llaman "el abogado Lincoln", no por el presidente sino por el auto con chofer que tiene por oficina.
El caso fundamental al que hace referencia el título castellano del film no implica empero a la "chusma" habitual defendida por Haller, sino a un acaudalado joven de Beverly Hills (Ryan Philippe) acusado de golpear a una prostituta. El hombre puede ser o no inocente, pero pronto ocurren otras cosas (incluyendo un asesinato) que agregan dudas adicionales. Alrededor de esa línea principal hay otros clientes que generan algunas líneas anecdóticas laterales.
McConaughey reconoce que disfrutó con el papel, con el personaje y hasta con el auto en el que viaja en el film. "Mi papá tenía uno de esos coches", explica. "Eran doce toneladas de acero, y me refiero sólo al escudo que tenía al frente".
VEHÍCULO. Sin embargo, Mc- Conaughey no intentó conservar el auto una vez terminado el rodaje. "Francamente, es muy grande para Los Ángeles", explica. "Tiene una rotación terrible y no es bueno para estacionarse".
Pero lo que realmente le interesó fue interpretar a un abogado, por cierto no el primero de su carrera como actor. De hecho, en su juventud quiso estudiar Derecho, pero luego la actuación se cruzó en su camino y, según sus propias palabras, "las cosas se salieron un poco del carril".
Al actor lo atrae el costado "barrio bajero" de Haller. "A mí también me gusta estar ahí", explica. "No soy elegante. Conozco lugares realmente sensacionales, algunas calles poco convencionales. Digamos que no soy de los que van a donde el portero del hotel les recomienda. Voy a buscar los buenos lugares, pues siempre estoy en pos de experiencias. Nunca trato de que me impresionen".
Desde mediados de los años noventa ha estado en dramas policiales (el excelente Estrella solitaria, 1996, de John Sayles), ciencia ficción (Contacto, 1997, de Robert Zemeckis, con Jodie Foster, sobre novela de Carl Sagan), sátiras a la televisión (Ed TV, 1999, de Ron Howard), aventuras bélicas (U-571, 2000, de Jonathan Mostow) o aventuras a secas (Sahara, 2005; Amor y tesoro, 2008), comedias románticas (Experta en bodas, 2001; Cómo perder a un hombre en diez días, 2003; Soltero en casa, 2006; Los fantasmas de mi ex, 2009) y, bueno, películas en las que ha hecho de abogado (Tiempo de matar, 1996, de Joel Schumacher; Amistad, 1997, de Steven Spielberg).
Al tiempo que desarrollaba esa carrera cinematográfica, McConaughey vivió una vida bastante nómade, yendo de un lado para otro en su remolque, y acompañado de su perro. Actualmente sigue teniendo el remolque y el perro, pero a los cuarenta y un años está más quieto y más acompañado. Vive con su pareja, Camila Alves, un hijo de dos años y una hija de uno. Y aunque sigue sosteniendo que "la libertad es algo hermoso" también la considera "cosa del pasado", y no se queja.
"No es cosa de decir que mi vida ha cambiado", explica. "Prefiero la respuesta más romántica de decir que esta familia es algo de lo que me enamoré al instante. Lo que poca gente sabe de mí es que quería tener mi propia familia desde que tenía ocho años. Simplemente sabía que algún día tendría hijos, y cuando sucedió el instinto se hizo cargo, y todo se sintió muy bien".
Luego de Culpable e inocente, McConaughey hizo Bernie, una película aún sin estreno comercial pero que fue presentada en el festival de Los Ángeles el pasado mes de junio, y que volvió a reunirlo con Richard Linklater, para quien trabajó en uno de sus films iniciales, Dazed and Confused (1993) y en el más divulgado La pandilla Newton (1998). La película cuenta, en clave de comedia dramática y bastante negra, la historia real de un agente de pompas fúnebres (Jack Black) en un pequeño pueblo de Texas, que se hizo amigo de una acaudalada viuda (Shirley Mac Laine), la mató accidentalmente e inventó una complicada mascarada para disimular esa muerte. McConaughey debió cruzar al otro lado del tribunal para encarnar al fiscal del distrito Danny Buck Davison, en cuyas manos cayó el caso.
CADÁVERES. La muerte sigue rondándolo en otra película, Killer Joe, dirigida por el veterano William Friedkin (Contacto en Francia, 1971; El exorcista, 1973), ya terminada pero sin fecha de estreno. Es otra comedia dramática, sobre un hombre que contrata a un matón para que liquide a su madre y cobrar el dinero del seguro.
Y el trabajo seguirá en el futuro próximo. Para el 2012, McConaughey tiene previsto el rodaje de The Paperboy, otra historia de humor y crimen acerca de un periodista que regresa a su pueblecito del Estado de Florida para investigar una muerte sospechosa. El director es Lee Daniels, el de Preciosa (2009), y el elenco es realmente interesante: por ahí andan Nicole Kidman, Zac Efron y John Cusack, sin ir más lejos.
"Sólo quiero participar en una buena historia", explica McConaughey. "Algunas no resultaron lo que yo esperaba. Ahora soy más exigente y agradezco poder serlo. Me tomo mi tiempo para tomar decisiones".
Nombre culminante del género negro
El abogado Michael Haller, el personaje interpretado por Mat-thew McConaughey en Culpable o inocente, es una de las creaciones más recientes del notable escritor de novelas de misterio Michael Connelly, acaso lo más interesante que el género ha brindado desde los tiempos de Raymond Chandler o Ross MacDonald.
Connelly, nacido en Filadelfia, Pensilvania, en 1955, fue cronista policial, conoce el ambiente, y se ha hecho famoso, sobre todo, por la serie de novelas protagonizadas por el detective de homicidios Hyeronimus "Harry" Bosch (según Stephen King, "el más interesante personaje de novela negra desde Philip Marlowe").
Es casi un escándalo que las novelas de Bosch no hayan llamado todavía la atención de Hollywood. El único otro libro del escritor que fue llevado al cine ha sido Deuda de sangre (2002) de Clint Eastwood, donde el propio Clint encarnaba al agente del FBI Terry McCaleb, otro de los personajes minoritarios en la carrera de Connelly.
El autor ya publicó cuatro novelas de Haller, y en una de ellas (El veredicto) lo ha reunido (y lo enfrentó) con Harry Bosch. Allí hubo un interesante desarrollo del carácter de ambos personajes, e incluso alguna revelación que tiene su interés.
Un gusto por Kate Hudson y por las películas de acción
McConaughey confiesa sentir un particular respeto profesional por Kate Hudson, con quien actuó en la comedia romántica Có- mo perder a un hombre en diez días (2003), que fue un verdadero éxito de público, y en Amor y tesoro (2008), que resultó en cambio un fracaso.
"Para nosotros es sólo trabajo y yo me la paso bien trabajando con ella", admite. "No se puede explicar una química de ese tipo". Pero está convencido de que esa química existe, que funciona, y que puede hacer el éxito de un film.
Sin embargo, insiste en que no quiere encasillarse en un único género y que le interesa seguir haciendo películas de acción, para lo cual asegura a sus admiradoras que la "paternidad no ha ablandado su físico".
Al contrario. "Correr detrás de mis hijos es un buen ejercicio cardiovascular, afirma. "Les encanta correr en direcciones opuestas".