Se ha escrito ya que el dolor, la culpa y la búsqueda de la felicidad son los ejes de la historia contada en El viento, película argentina dirigida por Eduardo Mignogna y protagonizada por Federico Luppi que se estrena hoy en varias salas. El protagonista es un campesino de la Patagonia que nunca salió de su pueblo. La muerte de su hija lo conduce hasta Buenos Aires para reencontrarse con su nieta Alina (Antonella Costa). El hombre lleva consigo la noticia de la muerte de la madre de Alina, sus recuerdos, y un secreto que había jurado no develar. La corta permanencia del abuelo renovará los lazos afectivos y permitirá a la nieta recapacitar sobre su vida y sus sentimientos.
El director Mignogna (Sol de otoño, El faro) sostiene que El viento fue la película que más tiempo le llevó hacer: de hecho, los 64 años de su vida. "Toda una vida soñando escribir algo relacionado con la identidad, la culpa, la justicia, el amor y, por encima de todo, el dolor siempre preanunciado de la muerte de una madre", reflexiona el cineasta, quien agrega: "En cambio, paradójicamente, nunca me resultó tan sencillo escribir un texto, diseñar un proyecto y llevarlo a cabo. En síntesis, técnicamente hablando, con El viento filmé todo cuanto escrib" y edité todo cuanto rodé, sin agregar ni quitar una sola secuencia; así de sencillo. El primer armado del film duraba noventa y tres minutos y ésa es la duración que tiene en la actualidad. Otra cosa: pensé en Federico Luppi como Frank y en Antonella Costa como Alina desde el primer día en que imaginé el film, y los dos actúan como soñé que iban a hacerlo: humanos, implacables, magistrales".
Una crítica argentina del film sostiene que El viento "nos acerca... a dos mundos que parecen opuestos, pero que se encuentran íntimamente ligados. La juventud de una nieta perdida en su indefinición contrasta con la vejez de un abuelo interpretado por el gran Federico Luppi, que enfrenta a su nieta con su fracaso. Las raíces de la tradición y la familia parecen hilos invisibles de marionetas que nos guían en nuestro tortuoso camino. Pero sólo el cariño y el amor de la familia, aunque en parte desconocida, es una balsa de salvación que no podemos rechazar. Algo así le ocurre a la joven protagonista de esta historia, Antonella Costa, que no se atreve a enfrentarse a sus problemas por miedo al dolor que le pueda ocasionar. Pero la visita de ese abuelo casi desconocido, de sus conversaciones y anécdotas, le demostrarán la importancia que tiene enfrentarse a su dolor, para sentirse mejor consigo misma. Esta película es un elemento cálido en la cartelera, que nos tiende la mano hacia nuestro corazón"
Otra opinión (de la página web La Butaca) sostiene que el film puede ser asimilado a una road movie o un western "desde el desierto austral, a partir de la soledad de un abuelo y de su nieta". Y pasa a describir a los personajes: "El lleva casi treinta años con un secreto que le asfixia y que había jurado no desvelar; ella necesita respuestas para cuestiones existenciales que permitan construir su identidad. Ambos sufren la "muerte en vida" de quien fuerza su conciencia o reprime sus sentimientos. Frente a la sencillez del campo, la sabiduría de la tradición y el placer de la compañía de un perro se alza la complejidad de la ciudad y la sofisticación de la modernidad: polos contrapuestos encarnados por dos personas llamadas a entenderse en su búsqueda de una paz consigo mismas, y a superar la repulsa que los necesarios silencios de antaño originaron".