Tres músicos formidables en concierto

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Nicola Bendetti, Leonard Elschenbroich, Alexei Grynyuk

FICHA

Concierto de violín, violoncello y piano dentro de la temporada del Centro Cultural de Música. Programa: Obras de Richard Strauss, Johannes Brahms y Sergei Rachmaninovi. Sala: Teatro Solís, mayo 14.

Se inició el concierto con la Sonata para violín y piano op.18 de Richard Strauss compuesta en 1887, considerada como la última pieza "clásica" del compositor, luciendo cierta influencia "brahmsiana". Strauss dejó sólo tres obras en las cuales hace uso de la forma sonata. Ellas son la Sonata para violoncello, la Sonata para piano y la Sonata para el violín. Esta última es considerada la obra más madura de los tres y su lenguaje musical, que iba ser evidente en sus obras posteriores, ya está presente. Como esta sonata fue escrita bajo el encanto romántico de Pauline de Ahna, que se convertiría en su esposa, hallamos un clima de energía juvenil y esperanza. Tanto para el violín como el piano la escritura es densa y las líneas melódicas se entrelazan creando una textura sinfónica. No obstante sus 23 años, la pasión, la fuerza interior, la alternancia de lirismo y de heroísmo hacen de ella una de las obras más importantes del postromanticismo y está muy alejada de la fogosidad reprimida que se percibe en la Sonata para violoncello escrita anteriormente. En el primer movimiento el autor expone uno motivo heroico y otro lírico y expresivo. El segundo movimiento es una improvisación, donde se reconoce la inflexión melódica muy característica de Strauss. El último movimiento suma una introducción Andante muy breve, de sentimiento sombrío, confiado al piano sólo y un Allegro, en el cual se encuentra el mismo contraste del primer movimiento, el de un tema heroico con un tema expresivo. La versión de Nicola Benedetti fue sensible, refinada y cautivante; por otra parte el pianista Alexei Grynyuk se desempeñó como un acompañante exquisito.

En 1886 durante unas vacaciones de verano en la ciudad suiza de Hofstetten, Brahms compone su segunda Sonata para violoncello y piano op.99. Después de veinte años de haber escrito su primera Sonata para violoncello op.38 vuelve a incursionar en una obra para este noble instrumento. Fue dedicada al cellista Robert Hausmann, miembro del cuarteto Joachim y su estreno tuvo lugar en Viena en 1886, siendo interpretada por su autor al piano. Esta obra debido a su carácter apasionado fue bautizada por el compositor Walter Niemann como la sonata Appassionata de Brahms en contraste con la anterior op.38, que la ha llamado Pastoral o Elegíaca. El primer movimiento Allegro vivace, vigoroso y enérgico, mantiene la forma sonata y consta de tres temas. El segundo, Adagio affectuoso, tiene la forma de un lied evocando un aire poético, típicamente "brahmsiano". El Allegro passionato del tercer movimiento está pleno de vehemencia sustituye al scherzo, luciendo un episodio central en forma de trío. El final Allegro molto es un rondó con un aire campestre, ya que el tema central se inspira en una canción popular alemana, siendo por ende su carácter vigoroso y de una robusta alegría. Leonard Elschenbroich hizo gala de un asombroso virtuosismo y de una imaginación poética profundamente conmovedora: su arco es de acero llevado por una mano enguantada de terciopelo, su sonoridad subyuga, su sonido diáfano se abre en abanico espectral de matices de una proteica diversidad.

Rachmaninov reverenciaba a Tchaikovsky y éste miraba por él como si fuera su hijo espiritual. Ante la muerte de Tchaikovsky acaecida el 6 de noviembre de 1893 en San Petersburgo, Rachmaninov escribe en su memoria el segundo Trío Elegíaco en re menor op.9. Fue estrenado en Moscú el 31 de enero de 1894 con el autor al piano. Este trío se inspira en el Trío op.50 del autor de la Sinfonía Patética compuesto en 1891 en memoria de Nikolai Rubinstein. Para Harold Schonberg estos dos grandes compositores representan la melancolía rusa expresada en formas alemanas. El primer movimiento se presenta en un tono sombrío que bruscamente antes de llegar al final estalla. En el segundo movimiento aparecen variaciones sobre el tema del poema sinfónico La roca de Rachmaninov que Tchai- kovsky pensaba dirigir, cuando la muerte lo sorprende. En el movimiento final el piano tiene una actuación muy destacada, donde el dramatismo imperante se impone sin cesar. Alexei Grynyuk es poseedor de una técnica extraordinaria acompañada de una profunda musicalidad. Su touché es cristalino y consigue arrancar del piano una infinita gama de matices. Este trío mostró una amalgama de personalidades artísticas de una compenetrada comunicación fluida. La interpretación de estos artistas tan excepcionales hizo que el público que no está acostumbrado a escuchar este tipo de obras tan densas en contenido las escuchara en un silencio significativo. Los tres músicos, respetaron las palabras de Rachmaninov, que decía que "después de este trío no se debe tocar nada más", a pesar de los numerosos aplausos no interpretaron ningún bis.

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