Tres ideas para el gran exprimido

| Se ha mencionado al mito del eterno retorno: el cine se copia a sí mismo, quizás por buenas razones

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GUILLERMO ZAPIOLA

Una rápida ojeada a la cartelera conduce a una comprobación ligeramente descorazonadora: sobre un total de veintiún películas de estreno, hay cuatro secuelas (La era del hielo 2, Misión imposible 3, Scary Movie 4, X-Men 3) y cuatro "remakes" (La profecía, Orgullo y prejuicio, Poseidón, y Un papá con pocas pulgas). El segundo número puede extenderse en realidad hasta cinco si se tiene en cuenta El mercader de Venecia, una obra de Shakespeare de la que existen por lo menos dieciocho versiones previas para cine o televisión, aunque aquí se trata de un caso particular: el viejo Willy admite sucesivas relecturas, y no cabe objetar que se propongan varias versiones de sus obras. Las ha habido también de Hamlet, Macbeth, Romeo y Julieta o Rey Lear sin que nadie se enoje razonablemente, pese a estropicios perpetrados por Zeffirelli o Kenneth Branagh.

REPETICIONES. Entonces, ¿el cine se está quedando sin ideas, y por eso repite siempre lo mismo? La hipótesis es tentadora pero demasiado simplista, y probablemente falsa. El primer equívoco a despejar es que no se trata de un fenómeno reciente. La industria del cine se repitió a sí misma casi desde que el cine fue inventado, y una encuesta conducida con criterio más o menos riguroso acaso descubra que ahora no hay, necesariamente, más secuelas o "remakes" que antes.

El primer Tarzán se rodó en 1917, y ha seguido habiendo Tarzanes (al menos en la TV) hasta el domingo pasado y un poco más acá. La primera versión de El halcón maltés es de 1931 (con Ricardo Cortez en el papel de Sam Spade), lo que convierte en una "remake" a la versión más famosa que John Huston hizo con Bogart diez años después. El cartero llama dos veces de James M. Cain ya había sido filmada en Francia en 1939 (Le dernier tournant, director Pierre Chenal) y en Italia un poco después (Obsesión, 1941, de Luchino Visconti) antes que Hollywood se atreviera con el tema en 1946 (director Tay Garnett, con John Garfield y Lana Turner) y 1981 (director, Bob Rafelson, con Jack Nicholson y Jessica Lange). La lista puede extenderse a todos los Tolstoi, los Dickens o los Alejandro Dumas que en el cine han sido (¿cuántas versiones hay de Los tres mosqueteros, incluyendo una uruguaya?) y hasta la perennidad de James Bond, que son muy anteriores a la reciente fiebre de las secuelas y las "remakes" que están llamando la atención.

MERCADO. Resulta inevitable empero vincular el fenómeno, o por lo menos su acentuación, al crecimiento exponencial de los medios a través de los que se consume imagen en movimiento. Los exhibidores cinematográficos pueden protestar porque hay menos gente en las salas que antes, pero son los únicos. La televisión aire o para abonados, el VHS, el DVD y los procedimientos que vendrán después, los "home theaters", las pantallas de alta definición y toda otra clase de artilugios que habilitan ver cine sin ir al cine han incrementado la posibilidad de ver películas, y la industria está obligada a proporcionar más material que nunca a toda esa serie de muy voraces bocas de salida. Y, al fin y al cabo, a uno no se le ocurren ideas originales todos los días.

El otro aspecto a tener en cuenta es la comprensible ansiedad de una industria que nunca termina de saber exactamente qué va a funcionar y qué no. Era más fácil en los tiempos gloriosos del sistema de estudios, cuando el cine no tenía competencia seria, las estrellas eran un gancho infalible y la gente iba todos los sábados a las salas de barrio a ver cuatro películas (las cuatro películas que daban, cualesquiera que fueran). Hoy cada película tiene que llamar la atención sobre sí misma y competir con todas las demás: sirve adaptar "best sellers" de los que todo el mundo habla (El código Da Vinci), tratar temas "arriesgados" sobre los que también se habla (digamos, el homosexualismo), o volver a filmar películas que ya se hicieron y tuvieron éxito, confiando en que quienes vieron la versión anterior quieran ver la nueva para establecer las comparaciones del caso, y que quienes no la vieron pero oyeron hablar de ellas a tíos y padres se acerquen a la "remake" para enterarse personalmente de qué se trata.

¿Y LA CALIDAD? No tiene que ver exactamente con la ecuación, pero va a depender, en definitiva, del mayor o menor talento, compromiso o interés aplicados por el responsable de la vieja y la nueva película. Steven Spielberg es capaz de proporcionar una más que decente remake de La guerra de los mundos, y hasta deslizar en su entrelínea algunas de sus obsesiones personales. En cambio, Gus Van Sant es capaz de copiar casi plano a plano Psicosis de Hitchcock sin que nadie sepa exactamente para qué. Es evidente que Sam Raimi ama a El hombre araña, y eso le permitió hasta ahora hacer dos películas atendibles donde reiteró un gusto por el cómic que antes exhibiera, con menores medios aunque un logro estético más coherente, en Darkman. En este terreno, como en muchos otros, sigue siendo válido aquello de que la única receta es el talento.

Por supuesto, nadie necesitaba a Mi abuela es un peligro 2, a Bambi 2 o a Más barato por docena 2, pero en el caso de la abuela y la docena por lo menos tampoco se necesitaba la primera parte. Y también habría que preguntarse si hacía falta que Steve Martin resucitara al inspector Clouseau en La pantera rosa, o que Sharon Stone insistiera con sus bajos instintos. Hay casos más respetables. Arriba Peter Jackson y King Kong.

Refritos

No hay nada más exitoso que el éxito, y tal vez por eso la industria lo persigue una y otra vez

Lo que se viene

SUPERMAN RETURNS. La inminente reaparición del Hombre de Acero parece haber sido cuidadosamente planeada. Fue puesta en manos del director Bryan Singer (quien hiciera los primeros X-Men), se eligió a un actor poco conocido, Brandon Routh, con un buscado parecido con Christopher Reeve, y el libreto ha querido establecer una continuidad con los dos primeros films de Reeve sobre el personaje, ignorando en cambio el tercero y el cuarto.

SIN CITY 2. Cómic "de culto", trasladado al cine con cierto espíritu "autoral" por Robert Rodríguez y el responsable de la historieta original Frank Miller, cabe suponer que en este caso, igual que en el film anterior, no se trata de mera repetición con objetivos comerciales. Si Rodríguez quisiera simplemente hacer dinero, volvería a molestar con los Miniespías. Hay gente interesante en el elenco, incluyendo a Angelina Jolie, Mickey Rourke, Clive Owen y unos cuantos más.

PIRATAS DEL CARIBE 2: EL COFRE DEL MUERTO Seamos sinceros: si había algún antihéroe de cine de aventuras con el que queríamos reencontramos era el capitán Jack Sparrow, ya interpretado por Johnny Depp en La maldición del Perla Negra. Nuestro terror favorito de los siete mares reaparece en esta nueva película dirigida por el mismo Gore Verbinski del film anterior, y en la que también actúan Orlando Bloom, Keira Knightley y Jonathan Pryce.

VICIO EN MIAMI. Aquí no se trata de la "remake" de una vieja película, sino de la adaptación a pantalla grande de un éxito previo de la televisión, un recurso que el cine ha empleado también reiteradas veces, desde Los intocables a Starsky & Hutch y desde The Wild, Wild West hasta Los Beverly Ricos, Los Dukes de Hazzard y SWAT. Los detectives James "Sonny" Crockett y Ricardo Tubbs del original (Don Johnson, Philip Michael Thomas) son aquí Colin Farrell y Jamie Foxx, y como se sabe Montevideo es La Habana, lo cual no deja de ser curioso.

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