Tiranos eran los de antes

Rebar

Estamos viviendo una etapa de grandes descubrimientos. Uno de los últimos —del que informa un cable de AP cursado desde Nueva York— fue el realizado por un grupo de científicos en el norte de China, a quienes debo agradecerles los datos proporcionados acerca del tiranosaurio, cuya existencia ha sido siempre una de mis constantes preocupaciones, hasta el punto de protagonizar muchos de mis insomnios: incluso, en algún momento llegué a creer que, sin dominar el tema, la vida no merecía ser vivida.

Uno ya sabe qué son y qué hacen los investigadores: personas que se entretienen en sus ratos de ocio, precisamente investigando. A estos de China Norte les dio por hincarle el diente al bichejo, lo que no les habrá resultado fácil ciertamente. Tanto jorobaron con su empecinamiento, que terminaron encontrando dos esqueletos de una criatura que, afirman (vean ustedes lo que son las casualidades, ya que los investigadores casi nunca hallan lo que salen a buscar) son los restos a mitad de precio del tiranosaurio más antiguo, antecesor del conocido por tiranosaurio rex hasta que el Rex cambió de nombre: desde entonces se le llama en las esferas científicas, tiranosaurio Zitarrosa.

Dice el despacho de AP (y, atención, que lo que sigue conviene aprendérselo de memoria) que se trata de un bípedo carnívoro mucho más pequeño que el tiranosaurio, de unos tres metros del hocico a la punta de la cola, y con una altura de un metro en la cadera. Presenta, además (agrego, no contento con eso) brazos de tres dedos relativamente largos, en lugar de los cortos de dos dedos que tenía el tiranosaurio Zitarrosa. Yo me animo a suponer que, de vivir ahora, con semejantes detalles quedaría descartado como modelo de Giorgio Armani.

Los descubridores estiman que el tiranosaurio vivió hace más de 160 millones de años, 90 millones de años antes que su colega. Siempre he pensado —y este es uno de los casos en que vuelvo a pensarlo— que los investigadores calculan las edades de sus hallazgos como la gente hace sus cábalas para apostar al 5 de Oro: sacando cedulitas; de todos modos, no habrá quien les discuta a los autores de la reciente hazaña científica, si fueron 160 o 143 los millones de años con que se despacharon en esta ocasión; ellos están muy felices con esa cifra.

Hay, sin embargo, algo que les intriga y que, de repente, los impulsaría a inmiscuirse en la vida privada del tiranosaurio, al que bautizaron Guanlongwucali cuando mucho más sencillo habría sido llamarlo Pepito, por ejemplo. Ese algo es la extraña cresta que coronaba su cabeza: algunos opinan que vino así de fábrica; otros, en cambio, se inclinan a creer que esa cresta en el cráneo haya podido ser un elemento decorativo dejado allí por una hembra infiel.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar