Terror suicida y tráfico de armas en dos films

| "Paradise Now" compitió por el Oscar, y "El señor de la guerra" se basa en inquietantes hechos reales

GUILLERMO ZAPIOLA

A veces los límites de la pantalla cinematográfica se difuminan, las fronteras entre la realidad y la ficción se borran, y el cine parece extraído directamente de los titulares de los diarios o casi. Dos películas de estreno inminente (Paradise Now del palestino Hany Abu-Assad y El señor de la guerra del norteamericano Andrew Niccol) se aproximan a dos temas candentes y de alguna manera interrelacionados: el interminable conflicto del Medio Oriente en un caso, el tráfico de armas en el otro. Ambos proponen, además, puntos de vista polémicos que en el caso de Paradise Now llegó incluso a las mismas oficinas de la Academia de Hollywood.

Ambientada entre Nablús y Tel-Aviv, Paradise Now tiene que ver con dos jóvenes palestinos, Said y Khaled, seleccionados por un grupo de "resistencia armada" palestina para participar en una "operación de venganza" (concretamente, un atentado suicida) contra Israel.

OPCIONES. El film se sitúa en la piel de un suicida y muestra lo que pasa por su cabeza desde el momento en que se le comunica que ha sido "elegido" para sacrificarse por su causa y su pueblo hasta que la acción se lleva a cabo. Sin embargo, lo que debería haber sido un breve lapso se convierte en un período de 24 horas, debido al fracaso del plan inicial. Ello hace que se cuente con un tiempo más que suficiente para replantearse la opción elegida y que, en consecuencia, por su mente pasen todos los argumentos, a favor y en contra, de la decisión adoptada inicialmente.

Lo que en un principio parecía claro empieza a ensombrecerse y, también al contrario, quizá el tiempo sirva para reafirmarse en los motivos de una decisión que en un primer momento se adoptó con cierta duda. Pasado y futuro, amor y amistad, familia y entorno, son algunos de los temas en debate a lo largo del film.

El director Abu-Assad (de hecho, nacido en Holanda con raíces palestinas) ha sostenido que su film no es un alegato en favor del terrorismo, sino un empeño en entender una situación compleja. Su film toma claramente partido por una causa (Israel es el ocupante y el enemigo), pero debate en cambio los métodos para llevarlos adelante.

"Bajo la ocupación ya estamos muertos", sostiene el personaje de Said, cuyo padre ha sido ejecutado por milicias palestinas acusado de colaboracionista. Contra su punto de vista se alza el de Suha, una joven pacifista palestina, hija de un resistente también muerto en el conflicto y criada en Francia. Es éste el momento decisivo, en el que se enfrentan las dos lógicas de la resistencia, la pacífica y la violenta; y es también el momento en el que los motivos finales de la decisión, se plantean crudamente.

TRAFICO. Las guerras no podrían pelearse sin armas (o en todo caso serían mucho menos dañinas), y por eso es necesario que alguien las venda. Ese es el tema de la valiosa El señor de la guerra, realización de Andrew Niccol (guionista de The Truman Show y La terminal, director de Gattaca y Simone) en la que Nicolas Cage encarna a un traficante internacional de armamentos, negocio exitoso si los hay.

Aquí también la realidad y la ficción se mezclan de manera inextricable. El director y libretista Niccol ha explicado que la idea original para su film se le ocurrió tras entrevistarse en varias ferias con diversos traficantes de armas. A partir de lo que le fueron contando comenzó a perfilar a su protagonista. Pero la colaboración de los traficantes con la historia no se quedó en eso: cuando surgieron problemas de producción para conseguir material para el rodaje, los traficantes le ofrecieron todo lo que se requería: ametralladoras, granadas, camiones, tanques, hangares. Desde un helicóptero cargado con misiles hasta los Kalashnikov son reales, excepto las armas usadas por los protagonistas. Realidad y arte se mezclan de nuevo .

Presiones a la hora de los premios Oscar

Tras ganar tres premios en el Festival de Berlín y un Globo de Oro, Paradise Now fue incluida entre las candidaturas al Oscar a mejor película extranjera, se generaron algunos enojos. La asociación judía Proyecto de Israel, dedicada al mejoramiento de la imagen de su país en el mundo, presentó en su momento treinta y dos mil firmas solicitando el retiro del film, y hasta objetando que se lo presentara como proveniente de "Palestina", país que como se sabe no existe oficiamente (de hecho, la ficha técnica del film lo presenta como una coproducción de Israel, Alemania, Holanda y Francia).

"Esta petición no es un llamado a la censura" y "tampoco un llamado a limitar la libertad de expresión o artística", sostuvo entonces Calev Ben David, director del Proyecto de Israel en Jerusalén. Iosi Tsur, padre de un joven muerto en un atentado suicida, pudo agregar que el mensaje del film era "muy peligroso".

El director Abu-Assad se ha defendido señalando que "jamás haría una película con ese mensaje predeterminado. Pero sí creo que la ocupación (israelí) es la culpable de todo y trato de reflejar lo que esa ocupación puede hacer de una persona, en qué puede convertirla". Por supuesto, el film no fue retirado de competencia aunque tampoco ganó el Oscar, derrotado por La marcha de los pingüinos.

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