Alberto II asciende al trono

Paris

El príncipe Alberto II, que ascendió hoy solemnemente al trono de Mónaco, expresó su deseo de que su país sea "una sociedad modelo y un modelo de sociedad" y que su Principado esté marcado por la "ética", la apertura al mundo y la modernidad.

Alberto determinó que Mónaco sea "a su manera una gran potencia", y recordó las palabras de su padre, Rainiero III, que decía que "no hace falta ser un gran país para tener grandes sueños"

"Podemos ser de una cierta manera una gran potencia" en la búsqueda de la paz y del desarrollo, en la defensa del medioambiente y en el fomento del pensamiento y de las artes, señaló.

Sonriente y visiblemente emocionado por el afecto expresado por los monegascos, el trigésimo primer soberano de Mónaco inscribió las "grandes orientaciones" de su acción en la "continuidad", pero sin "inmovilismo", al tiempo que homenajeó a su padre, el príncipe Rainiero III, al que calificó de "gran hombre".

Tras un concierto de Mozart y Ravel ofrecido por la orquesta filarmónica de Montecarlo, los herederos de los Grimaldi, una dinastía que se remonta al siglo XIV, descenderán esta noche a pie al puerto para unirse a todos los 32.000 habitantes de este pequeño estado.

Los habitantes de Mónaco han sido invitados a presenciar un gran espectáculo de fuegos de artificio y a un baile, que se prolongará hasta la madrugada.

Se trata del broche lúdico a una jornada festiva que comenzó a media mañana con una misa solemne de "Te Deum" en la catedral de la Inmaculada Concepción, donde Alberto, de rodillas y con el rostro grave e impasible, recibió la bendición del arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi, que pidió para él "inteligencia y sabiduría".

Esa ceremonia, que por deseo del príncipe ha sido íntima, una "especie de comunión con el pueblo monegasco", ha sido puramente simbólica, pues asumió la regencia durante la agonía de Rainiero III y accedió al trono tras la muerte de su padre el pasado 6 de abril.

Alberto ha tenido que esperar al fin de los tres meses de luto oficial de la familia Grimaldi por la muerte de Rainiero para celebrar su simbólica entronización, en la más arraigada tradición de la familia aristocrática y con la bendición católica, que es la religión del Estado.

Al igual que las calles de Mónaco, donde hoy lució un tiempo radiante, la catedral, en la que reposan los restos mortales de Rainiero III y de Grace Kelly, estaba engalanada con banderas rojiblancas con el emblema de Alberto: dos A doradas entrelazadas con una corona encima.

Lirios blancos completaban la decoración de la catedral, donde Alberto, al igual que en el resto de los actos estuvo acompañado por sus hermanas así como su cuñado Ernesto de Hannover, y por sus sobrinos. EFE

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