James Poniewozik, The New York Times
Por si aún se preguntaba de qué trataba Hacks después de cinco temporadas desternillantes, el episodio final lo dejó claro. O al menos tomó prestada una imagen para hacerlo. Durante lo que la comediante Deborah Vance (Jean Smart) pretende que sea su último viaje por carretera tras recibir un sombrío diagnóstico médico, ella y su guionista Ava (Hannah Einbinder) disfrutan de una visita privada al Louvre. Entre los óleos holandeses del siglo XVII se encuentran con “La Joyeuse Compagnie”, una pintura que muestra a una mujer y un hombre celebrando alegremente bajo los efectos del alcohol.
Ava bromea sobre los rostros colorados y algo desprolijos de la pareja, y sobre la cómoda sensualidad que transmiten: “Cuando dos personas rotas están enamoradas, es todavía más romántico, porque sabes que es real”, dice. “Ella ama a su hombre raro tal como es”.
Deborah, coleccionista de arte con ojo de conocedora, le cuenta la historia detrás de la obra. Es el trabajo de una artista mujer, Judith Leyster, pero durante años fue atribuido erróneamente a Frans Hals. Ese error aumentó el valor del cuadro, porque la gente solo juzgaba una obra por sus méritos si creía que había sido realizada por un hombre.
Es una vieja historia del mundo artístico, una que Deborah ya había vivido cuando su exmarido se llevó el crédito de creador por el piloto de una comedia televisiva de los 70 que había escrito ella. Deborah también permitió que el público la malinterpretara, aceptando la culpa por un incendio accidental en la casa de su ex, que en la versión popular de los hechos fue una venganza por haberla engañado con su hermana.
La historia de Leyster, sugiere Deborah, es también la suya: la de alguien que intentó convertir una carrera marcada por acuerdos publicitarios y chistes sobre cirugía plástica en algo digno de colgarse en el Louvre bajo su propio nombre.
Pero Ava tampoco está equivocada. Después de todo, el título Hacks está en plural. Es, como ella ve en la pintura, el retrato de dos personas peculiares, la historia de amor platónico entre una pareja despareja que tiene poco en común salvo la capacidad de hacerse reír mutuamente.
La serie, creada por Lucia Aniello, Paul W. Downs y Jen Statsky, comenzó como la clásica premisa de una pareja dispareja entre generaciones. Ava, una guionista de comedia que perdió su empleo por publicar en Twitter un chiste sobre un senador homosexual que ocultaba su orientación, recibe una oferta de trabajo de su representante, Jimmy (Downs): ayudar a renovar el espectáculo de Deborah, ya en sus setenta años y en riesgo de perder su show de stand up en Las Vegas. Ninguna quiere estar allí; ninguna tiene opciones mejores.
Hacks fue especialmente aguda al retratar el choque cultural entre millennials y baby boomers. (Deborah ve inicialmente a Ava como una joven demasiado sensible; Ava considera a Deborah una vendida.) También fue perceptiva -incluso premonitoria- respecto a cómo la concentración de los medios actuales puede sofocar el arte. En el arco narrativo de sus últimas temporadas, iniciado antes de la cancelación de Stephen Colbert y de los enfrentamientos de Jimmy Kimmel con la Comisión Federal de Comunicaciones, Deborah finalmente consigue un late night show para luego perderlo por hablar con demasiada libertad para el gusto de sus jefes corporativos.
Pero, por encima de todo, Hacks era simplemente divertida, que es la tarea principal de cualquier serie sobre personas divertidas. En el penúltimo episodio, mientras Deborah promociona un espectáculo de regreso en el Madison Square Garden programado para una fecha desafortunada de septiembre, comenta: “Estamos trabajando sin parar para asegurarnos de que este sea el mejor 11 de setiembre que Nueva York haya tenido jamás”.
A lo largo de cinco temporadas, la relación entre Ava y Deborah pasó de ser un matrimonio forzado a una disputa legal y luego a una auténtica sociedad. Ambas evolucionaron más allá de los estereotipos iniciales: Ava aprendió a valorar el oficio clásico de escribir chistes y Deborah terminó radicalizándose.
Hacks equilibró esa relación con otra pareja de inadaptados: Jimmy y su caótica asistente convertida en socia, Kayla (Megan Stalter), quienes construyen una agencia alrededor de un grupo heterogéneo de clientes. (Entre ellos estaba Julianne Nicholson como “Dance Mom”, cuya coreografía viral en redes sociales la lanza a un hilarante y autodestructivo recorrido de fama instantánea). Ellos funcionaban como el contrapunto desde el lado de la representación artística, mientras ambas parejas intentaban descubrir cómo sobrevivir en una industria con cada vez menos recompensas.
Como las temporadas anteriores, la última construye su relato hacia una meta concreta: el intento de Deborah de un espectáculo que defina su legado llenando el Madison Square Garden. El show nunca ocurre: su antagonista, un director ejecutivo interpretado por Tony Goldwyn, lo sabotea. Aunque Deborah y su equipo logran salvar el momento improvisando un espectáculo en Central Park, tampoco llegamos a verlo.
El cierre de la historia. El episodio final parece sugerir que el legado no consiste en conseguir una gran victoria ni en completar una lista de objetivos. (El plan anterior de Deborah para asegurar su lugar en la historia mediante la obtención de un EGOT -ganar un Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony- ejemplifica esa visión de hoja de cálculo aplicada a una carrera artística.) El legado es la manera en que uno atraviesa toda su vida.
Smart ha ganado cuatro Emmy por Hacks -y no apostaría en contra de ella esta vez tampoco-, y aquí puede verse por qué era tan importante elegir a una actriz dramática sólida para interpretar a esta mujer cómica. En un final que corre el riesgo de caer en el sentimentalismo, resulta igualmente convincente enfrentando el final de la vida y riéndose de él. (“¡Puedes usar mi valija para el viaje de regreso!”, le promete Deborah a Ava.)
Finalmente, Ava convence a Deborah de quedarse, no mediante un argumento racional, sino a través del lenguaje de la risa, mientras improvisan chistes sobre “la mejor parte de morirse”. En un episodio lleno de ecos y referencias, esto remite al estreno de la serie, cuando Deborah decide contratar a Ava después de una primera reunión desastrosa en la que ambas terminan mejorando el chiste por el que Ava había sido cancelada.
Hasta sus últimos instantes, Hacks es una serie sobre el amor por el oficio. Para personas como Deborah y Ava, la satisfacción de hacer algo bien es lo que hace que la vida valga la pena. Incluso si perseguir ese objetivo puede volverte miserable, esos momentos fugaces en los que logras alcanzarlo producen un placer que ni una pintura de un viejo maestro ni una baguette perfecta pueden superar.