GUILLERMO ZAPIOLA
El próximo viernes 6 de octubre se estrena en los Estados Unidos The Departed, la última película del maestro Martin Scorsese, interpretada entre otros por Leonardo DiCaprio, Jack Nicholson y Matt Damon. Se trata de una historia policial, "remake" de un film (Infernal Affairs) realizado en Hong Kong en el año 2002. La versión norteamericana traslada a la ciudad de Boston (aunque fue rodada en Nueva York), su asunto sobre un policía infiltrado en una banda de gángsters y un gángster infiltrado en la policía.
The Departed es la tercera colaboración de DiCaprio con Scorsese, tras Pandillas de Nueva York (2002) y El Aviador (2004). Para Matt Damon se trata de la primera vez que se coloca bajo las órdenes del realizador ítalo-americano, encarnando a un gangster que se enfrenta al policía interpretado por DiCaprio. Es el segundo villano cinematográfico de la carrera de Damon, quien ya encarnara al pérfido antihéroe de las novelas de Patricia Highsmith en después de El talentoso Mr. Ripley. El elenco incluye a otras notabilidades como Mark Wahlberg, Martin Sheen y Alec Baldwin, pero la figura más llamativa es seguramente ese formidable payaso llamado Jack Nicholson, que encarna a un jefe de la mafia irlandesa.
OBSESIONES. No es difícil sospechar las razones por las que Scorsese ha podido sentirse atraído por el material. Esa historia de confianzas y traiciones entrecruzadas, de oscura ambientación ciudadana, de violencia y culpa, remite a obsesiones personales que recorren toda la obra del director.
No es casual que Scorsese haya pensado ser sacerdote en su niñez y juventud, ni que alguna vez haya contado la impresión que causó en él la historia del padre Damián de Brewster, el religioso que pasó gran parte de su vida en la isla de Molokai ayudando a los leprosos. Ya se sabe que Scorsese no terminó en la Iglesia sino en Hollywood, pero esos datos sirven para entender mejor su casi torturada predilección por rasgos de culpa y sufrimiento, y por personajes mesiánicos que se realizan o fracasan a través de la sangre y el dolor.
Algunos de esos elementos estaban ya en ¿Quién golpea mi puerta? (1967) o Calles peligrosas, (1973) y también en la intermedia Pasajeros profesionales (1972), una producción de Roger Corman que retrocedía hasta los años de la Gran Depresión para explorar otros comportamientos violentos, individuales y sociales. La angustia urbana, la violencia como componente esencial de la naturaleza humana, y fuertes dosis de pesimismo, se han reiterado en la obra de Scorsese junto con cierto sentido de la ironía y el absurdo que estaba ya en Taxi Driver (1976) y reapareció en El rey de la comedia (1982), o una religiosidad con dudas que llegó a encarnar espectacularmente en La última tentación de Cristo (1988), una película que acaso no diga mucho acerca de Jesús de Nazaret pero resulta muy reveladora de las inquietudes y hasta las confusiones de su director, su libretista Schrader y el novelista original Nikos Kazantzakis.
VAIVENES. Otra zona de su obra ha oscilado entre encargos donde sólo en forma parcial se pudo detectar su personalidad (El color del dinero, 1986), algún experimento personal y talentoso, casi un Kafka cómico que caminó mal en taquilla (Después de hora, 1985), y una insistencia menos inspirada en temáticas favoritas (Buenos muchachos, 1990) que pudo derivar en la efectista remake de un film de género (Cabo de miedo, 1991), la elegante exterioridad de su adaptación de Edith Wharton (La edad de la inocencia, 1993) y las fatigas de Casino (1995), otra vuelta de tuerca sobre mafiosos violentos que es probablemente el título menos convincente de toda su carrera.
Se ocupó del Dalai Lama en Kundun (1997), una película que se puede ver estos días en el cable, volvió a lo suyo en la subestimada Vidas al límite (1999), lució personal y brillante en Pandillas de Nueva York (2002) y cumplió con suficiencia un encargo (se trató realmente de un proyecto de DiCaprio), en El aviador (2004). Es posible que en The Departed, que insiste con delincuentes violentos, sombría ambientación ciudadana y complejidades psicológicas de culpa y castigo reaparezca su visión autoral.
Autor
Scorsese sigue siendo uno de los creadores más personales y reconocibles de Hollywood
Entretelones y anticipos
ORIGINAL. El original hongkongués se llama Infernal Affairs (o Mou gaan dou, 2002), fue dirigido por Wai Keung Lau y Siu Fai Mak, y actúan Andy Lau, Tony Leung, Anthony Wong y otros.
ENTRENAMIENTO. Para preparar su personaje, Matt Damon trabajó con la unidad de policía del Estado de Massachusetts y acompañó a varias patrullas en las afueras de Boston.
CAMBIOS. Gerard McSorley fue reclutado en principio para encarnar al personaje llamado Queenan, pero tuvo que abandonar el proyecto y el papel recayó en Martin Sheen.
CAMBIOS (2). Jack Nicholson comenzó rechazando la oferta para actuar en The Departed, pero tras un encuentro con Scorsese y DiCaprio cambió de opinión.
PROYECTOS. Scorsese continúa acariciando la idea de llevar al cine la novela Silencio, del escritor japonés Shusaku Endo que al parecer reúne dos preferencias temáticas del director: lo oriental y el cristianismo.
PROYECTOS (2). Tras actuar en The Departed y en The good Shepherd de Robert De Niro, Matt Damon se prepara para encarnar nuevamente en The Bourne ultimatum al agente Jason Bourne, que ya interpretara en Identidad desconocida y La supremacía Bourne.
OSCAR. El premio de la Academia le ha sido siempre esquivo a Martin. Ahora se dice, una vez más, que podría ganarlo por The Departed. Habrá que esperar.
Trayectoria
Martin Scorsese nació en Nueva York el 17 de noviembre de 1942, en el seno de una familia de clase trabajadora de origen italiano. El asma siempre le impidió practicar deportes, y se refugió en las salas de cine. Allí empezó una pasión que perdura y que se ha expresado en 25 películas propias, el apoyo a cineastas jóvenes y a los trabajos de preservación y restauración a través de la Film Foundation. Le siguen debiendo el Oscar.
Los vínculos entre las imágenes y los sonidos
No sólo de imágenes vive el hombre y Scorsese es un claro ejemplo de este axioma. Con un fino oído para las posibilidades expresivas de la música, los vínculos que unen el apellido del director al mundo de los músicos son profundos y apasionados.
Cuando hace un año Bob Dylan volvió a ubicarse en el centro de la tormenta mediática con libros, entrevistas en televisión, películas y discos para cadenas de cafeterías, uno de los más atractivos ítems del torrente de "productos-Dylan" era el documental No direction home. Dirigido por Scorsese, el film daba cuenta de los años más efervescentes del trovador y recogió loas unánimes. Era la segunda vez que la visión de Scorsese planeaba sobre Dylan y su música, porque el director ya había estado tras la cámara para registrar un concierto de Dylan y The Band (The last waltz, de 1978).
Más recientemente, Scorsese dirigió la serie "A musical journey", una producción del canal público de televisión de Estados Unidos sobre la historia del blues y sus más significativos exponentes. El director supervisó el aporte de cinco cineastas -también se encargó de la realización de uno de los episodios- entre los que figuraban Clint Eastwood, Wim Wenders y Mike Figgis.
Y como broche de oro a todo este romance de Scorsese con la música se editó a fines del mes de agosto el álbum doble Director`s Cut: Music from the films of Martin Scorsese. Se trata de una serie de composiciones y canciones elegidas por el propio director de algunas de las músicas más emblemáticas de su larga y rica cosecha cinematográfica.
En la doble edición figuran canciones de Martha & The Vandellas, Bobby Darin, Warren Zevon, The Pretenders y R.E.M., entre muchos otros. El repertorio de canciones se entremezcla con las composiciones instrumentales que estuvieron en muchas de las películas de Scorsese, menos una: Taxi driver.