Hubo un momento de inquietud. Cuando se supo que el Teatro Victoria, cuyo propietario es el Banco de Seguros del Estado, sería entregado en comodato al Ministerio de Educación y Cultura por 29 años, algunos observadores pensaron que eso podría modificar no sólo el funcionamiento actual de la sala sino el papel que en ella cumple la Asociación Teatro Victoria, una entidad formada por valiosos teatreros que desde 1998 ha demostrado su ejemplar capacidad de administración para programar las temporadas en ese espacio de la calle Río Negro. Afortunadamente, la inquietud quedó de lado cuando el titular de dicho Ministerio, el doctor Leonardo Guzmán, manifestó verbalmente su conformidad con la presencia de la Asociación Teatro Victoria: el ministro agregó que está de acuerdo en que ese grupo mantenga su actividad en el teatro, que desde ahora funcionará en el ámbito de su Secretaría de Estado.
No todo el mundo sabe que el Victoria, inaugurado en 1902, conoció durante un siglo abundantes altibajos y tuvo en las últimas décadas algún período de actividad teatral cuando el Banco de Seguros lo facilitó a dos elencos independientes (Teatro del Pueblo, Teatro Universitario) aunque en los años 70 y 80 fue desalojado, comenzó a deteriorarse gravemente, llegó a estar invadido por ocupantes intrusos y finalmente fue rescatado de ese abandono a iniciativa de la actual Asociación, que contó para ello con el respaldo del Banco (presidido entonces por el doctor Carlos Cassina) y procedió así a la conversión de la vieja sala en un espacio transformable, según el modelo parisino del teatro de Les Bouffes du Nord. Desde fines de 1998 el Victoria ha albergado producciones propias, espectáculos de la Comedia Nacional y puestas en escena de otros grupos locales, atenido a un repertorio de constante espíritu selectivo, aunque también ha ofrecido funciones coreográficas y musicales, sin olvidar talleres y cursos de variados géneros.
Todo ello ha mantenido durante cinco años un nivel promedial muy estimable a lo largo de una programación sin pausas, lo cual confirma la aptitud de la Asociación Teatro Victoria para hacerse cargo de la sala. Pero también demuestra otras cosas, ya que en la etapa actual ese rigor de los usuarios no pasó desapercibido para el ministro Guzmán, cuya solidaridad ante el caso asegura la calidad y la continuidad de una programación futura. Su gesto no parece casual, ya que a comienzos de 2002 fue este mismo ministro quien firmó la re-afectación del Victoria como Monumento Histórico, calidad que la sala había perdido poco antes cuando se la había desafectado sin razón aparente, poniéndola —como cabe imaginar— en peligro de ser demolida o destinada eventualmente a cualquier otro fin.
Vale la pena saber que la Asociación Teatro Victoria está encabezada por una comisión directiva que integran Jorge Curi, Ismael da Fonseca y Margot Suárez, y que en la entidad también figuran Mercedes Rein, Osvaldo Reyno, Carlos Frasca, Norma Quijano, Ricardo Couto, Alejandra Wolff y Andrea Fantoni, entre otras notabilidades escénicas. Toda esa gente comparte desde ya la satisfacción de sentirse acompañada por el Ministerio en su tarea artística, una situación que no sólo implica el salvataje definitivo de la antigua sala sino que significa asimismo un beneficio para el público y para el circuito cultural de esta ciudad.